La de Xabier Villalba y el arbitraje no es una historia de éxito, sino de pasión. La relación de este pontevedrés con el silbato nació cuando era todavía un adolescente y parece no tener fin. "Empecé con 17 años, jugaba a la vez que pitaba", explica Villalba sus inicios, solo unos días después de retomar su afición en el penúltimo peldaño del fútbol gallego. "Tras dos años de pandemia he vuelto a arbitrar en el colegio de Pontevedra en la categoría de Segunda Galicia", relata con una sonrisa en su rostro,
Aunque su trayectoria nunca lo llevó más allá de la Tercera División, en su memoria perviven episodios inolvidables. "Pité a Thiago Alcántara cuando jugaba en el Ureca y también a Nico González, actual jugador del Barça cedido en el Valencia, cuando estaba en el Montañeros", rememora el trencilla.
Su primera experiencia en el extranjero llegó en el año 2012 cuando se mudó a Brasil para seguir estudiando. "En la Facultad de Administración de Caxias do Sul pité en una liga amateur llamada liga Serrana", explica el colegiado sus vivencias en la ciudad del estado de Río Grande del Sur, cuya capital es Porto Alegre.
Su estancia en el país sudamericano fue breve y pronto decidió volver a hacer las maletas, pero en ellas siempre se llevó el banderín y el silbato. "Trabajaba en HP y en el 2014 me tuve que mover a Polonia y decidí ponerme a pitar allí. Arbitré durante media temporada, unos doce partidos como asistente. Iba con árbitros que hablaban ingles y acostumbraba a pitar con la ropa del colegio de Galicia, ya que allí no me proporcionaron equipación", detalla Villalba.
De Polonia se mudó a Eslovaquia. En Bratislava, después de cada partido, él y sus compañeros tenían un ritual imperdonable para combatir el frío del invierno centroeuropeo. "Nos tomábamos siempre un gulasz, es una sopa calentita típica del lugar", narra el pontevedrés. Sin embargo, muchas veces no se enteraba de qué iba la conversación. "Íbamos con el y le comentábamos el partido. Yo a veces entendía el 10 por ciento de la conversación, pero si había pasado algo importante mis compañeros del trío arbitral se encargaban de traducírselo", recuerda entre risas.
El destino le deparó una nueva aventura en Brasil, esta vez en el estado de Sao Paulo. Fue su colaboración con una asociación de fútbol de esta región la que le abrió las puertas de los Estados Unidos. "Fui a pitar un torneo en Boston. Fue el Memorial Day, pité tanto a equipos infantiles, femeninos y masculinos, me sorprendió el gran nivel que tenían", reconoce el árbitro.
El estallido de la pandemia de la covid-19 lo cogió ya de vuelta en su Pontevedra natal. Las ligas regionales se vieron suspendidas en la época más dura de las restricciones y, aunque el fútbol amateur regresó ya en la pasada campaña, no fue hasta este curso cuando Xabier Villalba volvió a enfundarse el uniforme de árbitro. "Este año he vuelto a arbitrar en el colegio de Pontevedra en la categoría de Segunda Galicia, espero poder demostrar toda esta experiencia internacional", declara en tono de broma.
No cosechó premios ni compartió campo con futbolistas multimillonarios, pero con lo que se queda Villalba de su trayectoria internacional es "la gran aceptación que percibí por parte de todos de los colegios a los árbitros españoles y la gran experiencia que supone poder desarrollar tu hobbie en el extranjero, haciendo amigos y siendo completamente imparcial por el hecho de venir de otro país", remata.