En vísperas de Todos los Santos y Difuntos, las cererías de Pontevedra viven su particular maratón de ventas.
En la calle San Román, la histórica Cerería San Román, fundada hace más de sesenta años, sigue siendo parada obligada para quienes no conciben estas fechas sin encender un cirio de cera en el cementerio.
Su propietario, Joaquín Diéguez, asegura que "las ventas se mantienen en la línea de otros años" y que la fidelidad de la clientela es marca de la casa e incluso "pasa de padres a hijos".
"Los cirios de siempre siguen siendo los más buscados", explica Diéguez, descendiente de una saga de cereros cuya fábrica matriz, en Pontecesures, supera el siglo de historia.
Aunque los clásicos con su carcasa de plástico para evitar derrames son los más vendidos, en los últimos tiempos cada vez más la clientela valora el trabajo artesano de las velas que Joaquín "elabora una a una a mano", asegurando una duración mayor y que "ni derramen ni ahúmen".
Estos días, el local recibe a vecinos de toda la provincia. "Hay clientes que solo vienen una vez al año, pero siempre buscan una vela buena, la de cera de toda la vida", afirma el cerero.
Sin salir del Centro Histórico, bajando hasta la Rúa Serra, en la Cerería Dima se confirma el ir y venir de clientela, al punto de que este pasado domingo por la mañana y el sábado por la tarde, la propietaria Sandra Vilariño decidió abrir al público.
"Estos días son una locura, como siempre por estas fechas", explica entre encargos. "Lo que siempre pide la gente son velas que duren mucho", señala.
En este sentido, comenta que le ha llegado la anécdota de que, si no llueve, muchas personas retiran la tapa a las velas que la llevan, por lo que quiere recalcar que "siempre, hay que dejar la tapa puesta", tanto por seguridad como para evitar que cualquier ráfaga de viento la apague.
Vilariño también ha notado el aumento de las ventas de velas con batería y a pilas, que ofrecen una alternativa práctica para quienes no pueden acudir al cementerio con frecuencia.
"La vela de batería, yo trabajo unas que duran un año, y si a lo mejor, la vida no te deja ir a menudo al cementerio, porque no puedes o está lejos, de esta manera sabes que esa persona siempre va a estar con su luz", explica.
Estas velas de batería se venden todo el año porque muchas personas las compran para llevar a San Judas Tadeo, el santo de los imposibles de la iglesia de San Francisco. Debido a que no puede haber llamas de fuego en los templos, este sistema se ha convertido en una ofrenda habitual por parte de los fieles.
Las velas de batería tienen forma de cirio y de corazón. Tal es la acogida que este lunes las de corazón estaban agotadas, aunque la reposición estaba asegurada para este martes 28 de octubre.
En cuanto a las velas de pilas, su duración puede llegar a los seis meses, todo depende del tiempo continuado que se dejen encendidas. También hay mucha clientela que prefiere este sistema, sobre todo en interiores de panteones que desean mantener con luz permanente.
En esta tienda frente al Mercado de Abastos también se mantienen vivas otras tradiciones, como las lamparillas o "mariposas" que muchas familias prenden en casa para recordar a sus seres queridos en estas fechas.
"La mariposa muchos recordarán que eran las abuelas las que las encendían. Hoy en día llevan un corcho, un papelito y la mecha; la pones en un vaso con agua y unas gotas de aceite y enciendes la mecha. Aún hay mucha gente que viene a buscarlas para poner en casa, no en el cementerio", aclara Sandra.
Ya sean de cera, de pilas o de batería, lo cierto es que la costumbre de llevar velas al camposanto sigue tan viva como siempre. Tanto en San Román como en Dima, la actividad no cesa: las ventas se dispararon ya la semana pasada y continúan en aumento. Todo apunta a que el ritmo se mantendrá hasta la víspera de los días festivos de Todos los Santos y Difuntos.
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