Rafa Córdoba es uno de esos nombres que en Pontevedra no necesitan demasiadas presentaciones. Profesor de vocación, animador nato y figura inseparable de fiestas, carnavales, disfraces y megáfonos, lleva años formando parte del paisaje más popular y más querido de la ciudad. Rafa no solo está: aparece, agita, contagia y deja recuerdo. Tiene esa rara capacidad de convertir cualquier escena cotidiana en algo más divertido, más ruidoso y también más humano.
Detrás del personaje que tanta gente reconoce hay, además, una forma de estar en el mundo muy particular: la del humor entendido como lenguaje, como defensa, como inteligencia y casi como una manera de relacionarse con los demás. Rafa se deja querer porque nunca parece impostado.
Su desparpajo, su imaginación y esa energía tan suya conviven con una memoria muy viva de la Pontevedra de antes, de la infancia, de los barrios y de una época en la que todo parecía mucho más en blanco y negro. Quizá por eso resulta tan fácil entender por qué se ha convertido, con el tiempo, en uno de esos personajes que ayudan a contar una ciudad.
—Dime una pregunta que no te gusta que te hagan.
Que me pregunten por la edad.
—¿Cómo es tu relación con Pontevedra?
Es mi lugar de nacimiento y nunca me quise ir. Yo vivía en A Parda cuando A Parda estaba mucho más alejada de Pontevedra que ahora, que ya está todo unido, y la verdad es que entonces no venía mucho al centro.
—¿Cómo te definirías?
Un cachondo viviente.
—¿Con qué generación te identificas más: baby boom, X o millennial?
Con la generación baby boom. Me identifico con ella, aunque es verdad que hemos vivido un cambio enorme: pasamos de la negrura al color. Antes vivíamos en blanco y negro y ahora convivimos con color.
—¿Qué características tiene tu generación?
El sacrificio, el realismo y el optimismo. Creo que el realismo es una de las grandes diferencias, porque muchas veces los jóvenes de hoy no son realistas.
—El humor es una de tus señas de identidad. ¿Qué lugar ocupa en tu vida?
Para mí el humor es algo muy serio. Empieza por uno mismo y dice mucho de las personas. Creo que la gente que tiene humor y lo entiende vale para todos los campos.
—¿De dónde viene esa relación tan tuya con el megáfono?
Yo creo que ya usaba un megáfono antes de tener uno. Cuando iba con mi padre a Pasarón a ver al Pontevedra, cogía un folleto grande, lo doblaba en forma de cono y hacía como si fuese un megáfono. Después, en el curso 86-87, en el primer colegio en el que estuve, el AMPA compró un megáfono que usábamos todos los profesores y ahí vi clarísimo que era fundamental para mí, porque podía hablar sin desgañitarme la voz y seguir compartiendo bromas.
—Tus disfraces son ya una seña de identidad. ¿De dónde sale tanta imaginación?
Pues no me rompo demasiado la cabeza, pero siempre se me ocurren cosas. Hasta los treinta años tiraba mucho del baúl de mi madre y ahora, además, mis hijas me dan muchas ideas. De hecho, ya tengo pensado el disfraz del carnaval del año que viene.
—Rafa Córdoba "está SIEMPRE de broma". ¿Cómo convives con eso?
Bueno, es cierto que a veces parece que, si no estoy de broma, la gente cree que estoy de malas, y no es verdad. Puedes pasarte el día haciendo bromas y, en un momento dado, ponerte serio. Incluso puedes estar siempre de broma y opinar sobre temas serios, porque a veces parece que el humor te incapacitara para eso, y yo creo que no.
—¿Qué es la amistad?
Levantar un teléfono y que te escuchen, o que te llamen y te pregunten.
—Si pudieses viajar en el tiempo, ¿irías al pasado o al futuro?
Hacia atrás, a la época de mis estudios en La Inmaculada.
—Dime una canción que te emocione.
"Eso que tú me das".
—¿Frío o calor?
Calor.
—¿Qué hay después de la vida?
Más vida.
—¿El último capricho que te hayas dado?
Comerme una hamburguesa completa, casera, con huevo a la plancha, con pan del bueno y en pijama.
—¿Cuándo dijiste por última vez "te quiero" y a quién?
Hace poco, a mis hijas, de bromita.
—¿A quién te gustaría ver en esta sección?
A mi madre.
—Y por último, ¿qué vas a hacer en cuanto acabe la entrevista?
Ir a dar una vuelta.
Para Rafa, Pontevedra sabe a helado de La Ibense, huele a mimosas en carnaval, es de color naranja y suena a palmeras y columpios oxidados. Definitivamente, Rafa Córdoba siente Pontevedra.
EL CUESTIONARIO
—Nunca salgo de casa sin… un niki guay.
—En mi nevera siempre hay… yogures.
—En mi armario destacan… los bañadores superfrikis.
—La edad es… nada importante, pero muy definitiva a partir de los 50.
—Creo en… la Guardia Civil, sobre todo cuando la veo y creo que me va a parar (risas).
—El año que marcó mi vida fue… 1984, cuando aprobé las oposiciones.
—El mejor regalo que me pueden hacer es… unos tenis.
—Mi lugar en el mundo es… la playa de Aguete.
—Si no pudiese vivir en Pontevedra, viviría… en Nueva York.
—Mi momento favorito del día es… antes de acostarme.
—Pontevedra tiene alma de… superciudad.