Tristeza
Esa es la palabra que viene a mi mente cuando imagino lo difícil que debe ser para una mujer darse cuenta de que la persona que tiene a su lado ya no la ve.
Ella dejó de existir. Dejó de ser. Dejó de estar, aun teniéndola frente a frente, mirándola a los ojos. Él no es capaz de verla, ni de entenderla, ni de que le importen sus sentimientos. Y entonces se acumula una mezcla de emociones: frustración, tristeza y, posiblemente, coraje. Porque has demostrado compromiso, has dedicado tiempo, energía y una parte importante de tu vida a esa persona, para luego darte cuenta de que todo ese tiempo —quieras o no verlo así— parece perdido.
Y entonces surge la pregunta: ¿realmente es tiempo perdido?
¿Perdemos el tiempo cuando intentamos rehacer nuestra vida o relacionarnos con otra persona? ¿O las relaciones son más bien una apuesta, una especie de ruleta en la que nunca sabemos qué va a pasar? Nadie nos asegura que una relación vaya a funcionar, que sea recíproca, que crezca o que se multiplique en amor. Ahí comienza una aventura de la que no sabemos si nos vamos a arrepentir, si va a valer la pena o si vamos a salir heridas, maltratadas o humilladas. Porque no todo es color de rosa. Y eso, sin duda, es triste.
Escuchaba a una psicóloga en una terapia de pareja donde una mujer decía precisamente eso:
"Él dejó de verme. Ya no me ve." "No existo para él. Puedo romperme un pie frente a él, ponerme un vestido hermoso, cambiarme el color del cabello, hacer mil cosas… y aun así, él dejó de verme hace mucho."
¿Cuánto puede dolerle eso a una mujer?
Puede afectar la autoestima hasta lo más profundo de nosotras. Porque queramos o no, no importa en qué creamos, dónde nos hayamos criado o cuáles sean nuestras creencias —incluso religiosas—, a las mujeres nos gusta ser vistas. Y no solo por los hombres; en cualquier tipo de relación, nos gusta que nos admiren, que nos noten, que perciban nuestros cambios, que reconozcan que estamos ahí y que expresen cariño y admiración.
Sí, podemos autoamarnos todo lo que queramos. Y hoy, el amor propio es fundamental. Pero creo que también nacimos para recibir ese abrazo emocional de otros, ese reconocimiento de que existimos, de que hicimos algo bien, de que algo nos queda bonito. Y eso no está mal.
Claro, no debemos depender de eso para sentirnos seguras, felices o empoderadas. Pero la realidad es que es bonito. Y si es bonito escucharlo de cualquier persona, mucho más lo es cuando viene de tu pareja. Que tu pareja reconozca cuando tienes una necesidad emocional, cuando estás triste o cuando estás profundamente feliz. No siempre queremos explicar lo que sentimos. A veces queremos que quien está a nuestro lado nos reconozca, nos conozca de verdad, aprenda a leer nuestros gestos, nuestras miradas, nuestros silencios. Y no, no se trata de que las mujeres seamos complicadas o contradictorias. Esto va más allá.
Esto es algo más maduro, más esencial y más consciente. Porque al final del día, ¿para qué vivimos en pareja si no es para ser felices, para amarnos, para apoyarnos y, sobre todo, para admirarnos?
Entonces, mirándolo desde una perspectiva un poco más analítica y menos emocional —aunque sigo siendo mujer—, quisiera decirte algo importante: no toda la culpa es necesariamente de la otra persona.
Muchas veces la responsabilidad es compartida. Y no, no digo esto para defender a nadie. Lo digo porque quiero ofrecerte una mirada distinta. La comunicación, siempre, va a ser la salida más sabia, más luminosa y más poderosa en cualquier situación. Y esta no es la excepción.
¿Cómo se comunica algo así?
No esperes a que el problema esté instalado en tu vida para atenderlo. Idealmente, cuando comienza una relación, deberíamos sentarnos y abrir el corazón, permitirnos ser un poco vulnerables. Aunque al principio no nos guste mostrarnos vulnerables, ¿por qué no hacerlo? Al final del día, esta es la persona con la que queremos construir una intimidad real: de pareja, de confidencias, de secretos, de complicidad.
Por eso, una de las cosas más importantes es dar información sobre nosotras mismas. Decir quiénes somos, qué necesitamos, qué nos importa. Y esta es una conversación maravillosa para tener desde el inicio: dejarle saber a esa persona lo importante que es para ti sentirte reconocida por tu pareja. Decirlo con claridad ayuda a que nunca se llegue a ese nivel de mediocridad en la relación donde te dejan de ver, donde dejas de existir aun estando presente. Porque tus necesidades no van a cambiar con los años. No van a desaparecer porque envejezcas. Seguimos siendo mujeres coquetas, sensibles, vivas. Lo único que cambia es la edad, no el deseo de sentir, de ser vistas, de ser elegidas.
Por eso creo que es fundamental que ellos lo sepan desde el principio. Porque cuando lo saben, es una invitación: te invito a conocerme. Te invito a tomarte el tiempo para entender quién soy, cómo soy, qué necesito. Para que cuando lleguen esos momentos en los que la relación tal vez no sea tan intensa, tan emocionante o tan pasional —porque seamos honestas, con los años las relaciones cambian—, esa persona sepa que hay límites que no quieres cruzar.
Que sepa que nunca quieres llegar a ese punto donde ya no te vea. Y que, si eres tú quien está fallando en algo, quieres saberlo. Porque esto es de dos. Esto es un proyecto compartido. Un bien común.Así que mi recomendación es esta: no dejes de ser tú. No dejes de darle valor al reconocimiento, al amor, a la ternura, a la chulería. Pero exprésalo. Dilo. Hazlo visible.
Es importante que le dejes saber a tu pareja cómo te sientes. Y si aun así llegas a ese punto, amiga, tienes que hablarlo. No te quedes callada. No sufras hacia adentro. No sufras en silencio. Tú sigues siendo una mujer. Un ser humano lleno de belleza interna y externa. Y si escogiste a alguien para compartir tu vida, esa persona es tu mejor amigo, tu compañero, tu par, tu amante. Y si es todo eso, entonces tienes que hablar. Porque solo así se puede intentar salvar una relación.
Lo peor que puedes hacer dentro de una relación es aguantar sentirte triste, humillada, vacía, desconectada, no vista… y quedarte callada.
El silencio nunca es la opción.