21 de diciembre 2025

Todos los cinéfilos nos hemos quedado un poco huérfanos con la muerte de Rob Reiner. Nunca olvidaré su película Cuenta conmigo, de entre todas las de su filmografía, tan entretenidas y tan fáciles de ver. Reiner era un ejemplo de que no todo el cine comercial es malo.

Hay días en los que una buena historia, bien filmada, bien escrita e interpretada, es todo lo que necesitas.

Uno de los protagonistas de Cuenta conmigo es River Phoenix. Todo su talento y toda su belleza se acabaron al cumplir los 23, saliendo del bar The Viper Room, propiedad de Johnny Depp. Cayó fulminado en una acera de Hollywood Oeste a causa de una mezcla de cocaína y heroína y murió en brazos de su hermano Joaquín. La grabación de la llamada de este a Emergencias pone los pelos de punta.

Casi todos los personajes de Joaquín tienen desde entonces un punto siniestro que nace, supongo, de una infelicidad muy grande. Haga de Joker, de emperador romano o de profesor de filosofía. El punto de inflexión tuvo lugar para él aquella noche cuando vio morir a su hermano.

La adolescencia de River Phoenix y sus amigos en Cuenta conmigo es un ejemplo de cómo Reiner exploraba la condición humana: el amor (con tanto humor) de Cuando Harry encontró a Sally, o la arrogancia, la crueldad, la nobleza y también la cobardía en Algunos hombres buenos y Misery.

La vulnerabilidad está presente en todas ellas, porque hasta Aquiles tenía su talón.

Supongo que, además de tener que aguantar las tonterías de Trump, contra el que se posicionó siempre y quien, incluso ante la brutal muerte del director, no ha podido contener su diarrea verbal, el gran dolor de Reiner era la situación, tan parecida a la de River Phoenix, la de su hijo mediano, Nick, ahora presunto asesino tanto de él como de su mujer. Michelle Singer-Reiner, a quien se la conocía, como a tantas otras, como "mujer de", a pesar de su brillante trayectoria como fotógrafa y productora, tuvo gran influencia en el cine de su marido, a quien conocería trabajando en Cuando Harry encontró a Sally, película que debe su final a la intervención de Michelle. Curiosamente, fue la autora, en los años 80, de la foto de portada de un libro de Trump: El arte de la negociación.

Siempre se habla con una demagogia que aburre a las ovejas (véase el Gran Wyoming) de que la vida de los ricos es una alegría tan continua que no tienen ni idea de lo que es sufrir. Puede que no sepan qué es pasar hambre, pero el dolor y la enfermedad no entienden de cuentas corrientes.

Hace años, mi admiradísima Alaska se preguntaba por qué no se hablaba de prejuicios cuando parten de quien tiene materialmente menos hacia quien tiene su economía saneada. La respuesta ella ya la sabía: porque la ignorancia es atrevida y la envidia deshumaniza.

Nick Reiner, quien presuntamente apuñaló a sus padres bajo los efectos de las drogas, lleva entrando y saliendo de centros de rehabilitación desde los catorce años, consumiendo su vida y, de paso, la de sus hermanos y sus padres, sin saber qué hace. Fue su hermana Romy la que encontró los cuerpos de Rob y Michelle. El día anterior había colgado en su Instagram una story nadando con su padre, relajados y felices los dos, disfrutando del mar y de su mutua compañía. No llegó a tiempo para salvarles la vida, como tampoco pudo Joaquín Phoenix salvar la de su hermano River.

Otra vez la droga. Otra vez los problemas mentales. Y de nuevo los prejuicios de todos aquellos que piensan que, podridos de dinero, se irían todas sus desgracias. Puede que el dinero mueva el mundo, pero también lo destruye.

La fortuna que deja Reiner se estima en unos 200 millones de USD. Entre sus propiedades inmobiliarias destacan dos viviendas: una en Malibú, frente al mar, valorada en unos 20 millones de USD, y otra en Brentwood, en Los Ángeles, California, por encima de los 10 millones de USD.

En esta última fue donde su hijo Nick supuestamente (porque está en prisión a la espera de juicio, pero sin sentencia) lo asesinó.

No creo que los "nepobabies", hijos de papá en nuestro idioma, lo tengan todo tan fácil como se piensa. Esa casilla de salida privilegiada acaba mil veces en una calavera. Demasiado para asimilar. Demasiada gente alrededor que no los quiere a ellos. Solo envidian lo que tienen. Muchos acaban perdiéndose entre todo lo que los demás quieren ganar.

Hace unas semanas, Paris, la hija de Michael Jackson, tan guapa, tan triste, dejaba ver su tabique nasal perforado por la cocaína. La vida de su padre no fue mucho mejor. Aunque la fortuna de su médico personal creció considerablemente, imagino que como la de quien le suministró a Matthew Perry la dosis letal de ketamina o la de los amigos de Carmina Ordóñez, tan privilegiada, tan desorientada, tan mal aconsejada.

No sé qué verán ahora en el mar de su casa de la playa los hijos de Rob Reiner. Uno de ellos, si se prueba que lo hizo, tardará en volver a disfrutarlo. Y en la otra casa, la de Newport, como en la de la niña gallega Asunta, en la localidad de Teo, en A Coruña, okupada hasta hace poco, ya nadie querrá vivir ni reduciendo su precio a la mitad.

También sería interesante saber cuántos amigos de aquellos que iban a las fiestas de la casa de Malibú les quedan a los hermanos Reiner. ¿Cuántos de los que admiraron la película de su padre les dirán en estos momentos, precisamente eso: Cuenta conmigo?

Antes de envidiar a alguien, antes de juzgarlo, quizá haya que revisar nuestros prejuicios. Sí. Cuando son de "pobres" a "ricos", también. Y ya de paso, revisar el "conceto" (Manquiña dixit) de riqueza y pobreza. Quizá nos haga cambiar la forma de ver algunas cosas y a algunas personas.

Carátula de Cuenta conmigoPontevedraViva