Francisco ya no conoce a su familia ni asimismo. Desde hace varios años su enfermedad lo va deteriorando, mira al infinito, hace preguntas inconexas, ya no es dueño de su cuerpo.
Sus hijos están volcados con él, su mujer siempre ocupada y preocupada, antes con estímulos, paseos, masajes, ahora en una fase más avanzada se vuelca en que esté siempre tranquilo, limpio, lavándolo, cambiándole la ropa, los pañales, el empapador, si hace falta 5 ó 6 veces para que esté siempre con “buena presencia”.
Recibe muchas visitas, la más entrañable es la de un buen amigo de la infancia, Juan. Con él, cogió la fruta prohibida, jugaban día sí y día también al burro, aquel en que un equipo se agachaba agarrándose de las piernas y el otro saltaba sobre ellos.
Ellos nunca colapsaban ni perdían pero acabaron con el tiempo con una hernia discal que de cuando en cuando los deja agarrotados. Juntos acudían a todas las fiestas y verbenas andando aunque estuvieran a 30 kms. de distancia de su casa.
Cada jueves se sienta al lado de Francisco, acompañándolo durante más de 3 horas, al principio hablaban, un paseo muy cortito, ahora es casi imposible la comunicación, lo mira con cariño, hace tentativas para sacarlo de su aparente melancolía profunda que no está relacionada con su añoranza del pasado sino que él, Francisco está en el pasado.
Juan ha desaparecido de su memoria pero permanecen aquellos lugares comunes de su infancia y juventud. ¿Cómo cazaban lagartijas?, el juego del aro, sus primeros bailes agarrados en las fiestas del pueblo.
Del ¿te acuerdas?, repetido de forma constante y equivocada a permanecer en silencio escuchando con él su música preferida. A veces utilizando el comodín del álbum de fotos antiguas que le permite esbozar a Francisco una pequeña sonrisa.
Cuando se despide se esfuerza por contener las lágrimas preso del desconsuelo que le invade, Francisco está ahí pero, no es él, Un yo presente pero ausente. Es desgarrador, muy duro para todas las personas del entorno.
Aun así, lo digo por experiencia, nos enriquece como personas. Nuestra presencia, nuestras caricias ayudan. Muchos ánimos a todos los cuidadores y cuidadoras.
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