"Cuando un Estado olvida la ética, se convierte en una banda de ladrones". ¡Con la iglesia hemos topado! Las declaraciones son de Luis Argüello, presidente de los obispos españoles, y que tiene el cuajo de llamar banda de ladrones al Gobierno de España haciendo gala de la hipocresía, tan característica, de la iglesia española. Capaz de ver la paja en el ojo ajeno, pero incapaz de ver la viga en el propio.
Si hay una seña de identidad en la iglesia católica española es, precisamente, la corrupción, la doble moral y la carencia absoluta de ética.
La corrupción moral y ética que les ha permitido, durante décadas, estar encubriendo delitos gravísimos como la pederastia, donde hasta casi cuarenta obispos han sido acusados de encubridores de un delito que ha causado miles de víctimas solo en España.
Doble moral y falta de ética porque llevan décadas, incluso siglos, robando a manos llenas. Por ejemplo, el cardenal Giovanni Angelo que fue condenado por un tribunal por delitos de malversación de fondos, abuso de poder y soborno. O los escándalos del Banco Vaticano, o el caso Vatileax, donde hubo filtraciones masivas de documentos confidenciales que revelaron la existencia de malversación de fondos.
Por no hablar de los latrocinios cometidos por la iglesia católica española, desde la red de robos de bebés para su posterior venta durante el franquismo, hasta el escándalo de las inmatriculaciones, considerado por colectivos de juristas como el mayor escándalo patrimonial consentido en España, amparado en una reforma del año 1946 y, por supuesto, potenciada por el ínclito Aznar, que equiparó a los obispos con los notarios, lo que les ha permitido registrar bienes a nombre de la iglesia con su sola certificación personal.
Pero, además, por si eso fuera poco, la iglesia católica española está exenta del pago de ciertos impuestos como el IBI, el impuesto de sociedades, el de transmisiones, el de actos jurídicos documentados.
¡Pobre iglesia católica! esa organización tan vulnerable que vive en la pobreza. En la pobreza intelectual de quienes se arrodillan ante ella. Por esta regla de tres, ¿podríamos decir que la conferencia episcopal española es una banda de delincuentes?
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