Recuerdo muchas veces este artículo de Ortega. Recuerdo haberlo leído en clase porque tenía una asignatura cuatrimestral dedicada a Ortega; el otro cuatrimestre, a Camus.
Recuerdo que al profesor no le gustaba o agradaba mucho Ortega. Estoy hablando... ustedes no son conscientes de las luchas y dialécticas ideológicas que ha habido en el siglo veinte en Europa, también en España, en el anterior régimen y al principio del actual. Recuerdo, un recuerdo muy lejano y en lejanía en el tiempo, quizás rozaba los veinte años... Recuerdo, sí, recuerdo este artículo. Lo recuerdo y me viene a la cabeza de vez en cuando.
¡Dirá usted por qué! Por muchas razones. Cuando se habla del articulismo de opinión que se fija en cosas pequeñas —como si eso casi lo hubiesen inventado Ruano, Umbral, Alcántara y tantos otros—, siempre se dice que, claro está, era porque en España no se podía hablar de muchos temas por censura política. Y, claro está, es verdad en parte. Pero ese fijarse en cosas pequeñas, costumbres, hábitos, castañeras, «artículos de la tortilla» que llama este escribiente, existe desde siempre; creo que desde Addison, de una manera u otra.
Mis datos son que este artículo se publicó en 1921, dentro de la colección El Espectador, en el tomo III. (Creo que Ortega escribió otros dos o tres artículos con el tema del marco, el arte y el cuadro, etcétera). No dispongo de datos de en qué periódico se publicó primero, ni en qué fecha, ni si se hizo. Pero este artículo muestra y demuestra que el articulismo de lo pequeño está presente desde antes de la incivil guerra civil, terminología que utilizó Ansón.
Que a su vez es una variedad del columnismo de costumbres, pero, claro está, en el caso de Ortega lo pequeño se eleva a poesía y se eleva a filosofía. Creo que los articulistas, después de dicho acontecimiento de sangre y fuego, paredones y perdedores —porque todos perdieron—, no quieren admitir, por diversas razones, que el articulismo del siglo veinte en nuestro país tiene y tenga sus raíces esenciales en Unamuno, Ortega, d'Ors y otros…
Por razones que desconozco en parte y conozco en parte, quisieron separarse de estos maestros porque, de alguna manera, buscaron sus raíces en autores literarios y no quisieron compararse con ellos. Esta tríada —podríamos citar a algunos otros— tenía un núcleo de enormes conocimientos de ciencias sociales, de filosofía, de historia, de teologías-religiones, de cultura… y los otros articulistas no tenían ese bagaje, casi siempre meramente literario y sin un grado suficiente de cultura. Es mejor compararse con Azorín, Clarín, Baroja, Serna, Ruano, Pemán o toda la literatura articulista del siglo diecinueve, incluido Larra, que decir que los padres del articulismo de España son esos tres nombres, además de haber cuestiones políticas… Y ese error se sigue continuando, no sé si consciente o no. Pero en congresos, jornadas, conferencias y entrevistas sobre el articulismo pocos autores citan a esta tríada de nombres —es más, tampoco a Aranguren, Trías y otros que vinieron después…—.
Pero claro, Ortega... nos gusten más o menos sus teorías políticas, más o menos su actitud vital y política, más o menos su filosofía, tiene la capacidad de que, de cualquier idea o cosa —un marco, pongamos por ejemplo—, no solo describe aspectos de esa realidad, sino que además eleva dicha realidad a cuestiones filosóficas, metafísicas, históricas y culturales. Pero es que además tiene frases que son enormemente poéticas… antes de la generación del 27 hubo la generación del 14 y la del 98… Ortega mete, como en los bocadillos, inserta el jamón poético en los artículos, además del chorizo y el queso de la filosofía, la política y la cultura, en cualquier tema…
No perdonan muchos y muchas que Ortega es el padre, junto a Unamuno y d'Ors, del articulismo hispánico o de esta Iberia o Piel de Toro del siglo veinte. Y de todos los que han venido después. No quieren reconocerlo. Unos porque no lo saben, aunque son herederos de estos autores. Otros porque no quieren reconocerlo. Otros porque no era conveniente decir en los años sesenta, incluso setenta, que eran seguidores de forma consciente o inconsciente de estos tres autores en el articulismo, aunque no lo fuesen en las ideas o en lo que quisieras o no querías ser…
Muchos grandes articulistas de la segunda mitad del veinte aceptaron ser hijos de la generación del veintisiete, incluso de una llamada del cincuenta, que insertaron muchas ideas, imágenes y ejemplos —por acción o reacción, por acción o por omisión— de la generación del veintisiete en sus poemas, en sus artículos, en sus prosas, en sus fragmentos, en sus novelas… pero pocos, por muchas razones conocidas y desconocidas, raramente dijeron lo mismo de los que de verdad eran hijos y nietos, que eran estas tres patas de este trípode. No es mi caso; siempre he dicho que Ortega y Unamuno (menos d'Ors) me han influido mucho. Siempre. Cierto es que sin negar otras grandes influencias que no voy a explicar aquí…
(Una vez hice dos artículos sobre la punta de un lápiz. Ese era el tema. Hice dos porque el primero se me borró en el ordenador y tuve que hacer otro. Aquel artículo era una especie de recuerdo a Ortega y su artículo sobre el marco. Hoy quiero recordar y homenajear a estos tres autores).
Hoy creo que el articulismo de España alcanzaría más valor, más profundidad, si los columnistas de hoy, tengan treinta años o setenta, volviesen a leer a estos tres autores. Mi homenaje a estos tres autores, a todos los autores y autoras de estos últimos treinta o cuarenta siglos de literatura y de pensamiento en el mundo, al menos escrito. ¡Cuánto da de sí un artículo de Ortega de hace cien años sobre el marco de un cuadro…!
https://muckrack.com/jesus-millan-munoz ©jmm caminero (23 mayo 2026 cr).