En la penumbra de un jardín extraño

24 de mayo 2025

En el año 1982 el mítico grupo español Radio Futura sacaba a la luz la canción "La estatua del Jardín Botánico", una de esas melodías que dieron forma exacta y justa al esqueleto ágil de la Movida Madrileña de los años 80 y que yo recomiendo escuchar

"Dios Todopoderoso plantó el primer jardín. Y éste es, en verdad, el lugar de los más puros goces humanos. Aquí los pensamientos del hombre parece que se refrescan; sin él los palacios y todos los edificios no son más que vastos artilugios. Y debe uno notar que cuando las naciones avanzan hacia la elegancia y el refinamiento de las costumbres, los hombres antes erigen suntuosos jardines, que aprenden a cultivarlos con primor; como si el arte de la jardinería fuese el ápice de la perfección.", aseveró en su momento el científico y filósofo inglés Sir Francis Bacon, mientras fusionaba el verde que nos rodea con la escritura, con el arte, la ciencia y la espiritualidad (porque a veces la naturaleza nos mira y nosotros no vemos).

En el año 1982 el mítico grupo español Radio Futura sacaba a la luz la canción "La estatua del Jardín Botánico", una de esas melodías que dieron forma exacta y justa al esqueleto ágil de la Movida Madrileña de los años 80 y que yo recomiendo escuchar aun a día de hoy, a ser posible tumbado, sitiado por un ambiente amable, frente a un mar en calma que nos obsequie con la paz y el aroma que sólo ostentan aquellos seres que saben de qué va realmente el juego existencialista.

Ahora Silvia Rodríguez Coladas ha sacado nuevo libro y promete no dejar indiferente al lector que resuelva aproximarse a él. Su título, "En la penumbra de un jardín extraño" (Belagua Ediciones). Así pues, no se confundirá el lector si llega a la conclusión de que este libro tiene mucho que ver con la canción de Radio Futura o con el mar y la naturaleza; no en vano el título que ha resuelto colocar en la portada de su obra la buena de Silvia surge de la letra de dicha canción: "Un día más me quedaré aquí sentado/en la penumbra de un jardín extraño/Cae la tarde y me olvidé otra vez/de tomar una determinación

La nueva -novísima- obra de Silvia Rodríguez se nos presenta como un viaje de ida y vuelta, de regreso a los orígenes, cual odisea homérica que le da sentido a todo lo soñado: Libro de vivencias personales y campo de batalla y campo de reposo, el verde de jardín del siempre idílico y acogedor Pazo de la Saleta, en contraposición con el ruido y las prisas de un Madrid existido o, acaso, sobrevivido durante varios años a golpes de apresuramientos, estrés cibernético y aceras repletas de transeúntes.

Pudiéramos decir, sin miedo a equivocarnos, que este libro es un carismático compendio de sabiduría natural y humana, sin artificios. Asimismo, se presenta como un lujoso y trabajado manual de lecciones transcendentales que pueden ayudarnos a vivir un poco mejor. Ergo, estamos ante una obra vitalista, filosófico, de autoayuda… Estamos ante un estudio sobre lo que verdaderamente vale la pena, que viene siendo saborear profundamente la existencia que nos ha tocado en suerte y hacer pausas para respirar y valorar al resto de personas que nos circundan, intentando mostrarnos con quietud, sea donde sea que nos ubique el destino y nuestro libre albedrío, nuestras decisiones.

Silvia critica además la sociedad actual, una sociedad que, progresivamente, se ha ido alejando de las manos de la naturaleza y que se basa en lo meramente material y superfluo, en las apariencias. Sociedad de pantallas, de TikTok, Instagram, Facebook…, de asfalto molido y escocido. Es decir, una comunidad sumida en las formas inexactas, conveniencias que poco o nada tienen que ver con la realidad o la verdad de las cosas, con la piel que pide ser tocada suavemente, y la palabra que se pronuncia frente a un rostro o un alma, al tiempo que el viento pasa a nuestro lado realizando giros meramente suicidas.

Hacia el final del libro la autora quiere dejar claro que "ayudar a los demás nos hace felices. También está comprobado científicamente…". Cierto es que esto está muy pero que muy probado a día de hoy por la ciencia; el beneficiar a los demás es ayudarse a uno mismo, es crecer, avanzar en positivo, sin artimañas, sin aspavientos, dejando la negatividad a un lado, algo que uno puede -y debe- conseguir acercándose al ya citado verde de una naturaleza que se nos presenta, desde que el ser humano habita en la Tierra, como bálsamo de oxígeno y tregua.

Por último, y esperando que ustedes, queridos lectores, tengan a bien allegarse a este ensayo de anécdotas metropolitanas y hábitats reverdecidos, indicar que "En la penumbra de un jardín extraño" está dedicado a Manuel V. Fontaiña, a quien yo, personalmente, quiero y admiro desde hace tiempo. Hago constar que Silvia también le quiere, le queremos… Muy acertada es su presencia en esta obra, porque Manuel -Manu- es, desde hace años, un ejemplo de superación, de energía, de esfuerzo y entrega.

Y es que de personas justas es agasajar y enaltecer a esos seres humanos que con sus actos nos señalan el camino a seguir y la actitud que tendríamos que tener ante los escollos y las duras pruebas con las que nos encontramos a lo largo -y ancho- de este viaje al que muchos llaman vida.