28 de enero 2026

La editorial Siruela ha publicado 27 ediciones del libro "La península de las casas vacías" de David Uclès. Los responsables de Siruela no han dicho nada cuando el autor, después de ganar el Premio Nadal, se cambió al grupo Planeta. Y eso que muy bien no les habrá caído. Pero han demostrado saber perder con elegancia.

Nadie le ha afeado a Uclès este cambio, al menos públicamente, porque puede hacer lo que quiera con su obra y publicarla donde le parezca. Aunque lo que haga se da mal con lo que dice. Este cambio de sello choca porque Planeta está en las antípodas de ser un sello humilde, que es lo que hasta ahora pensábamos que encajaba con la personalidad del autor, enfatizada por sus declaraciones y hasta por su boina. Y porque la editorial Siruela fue la que apostó por él cuando no lo conocía ni su vecina.

Gran puesta en escena parece ahora todo lo que hace este hombre, independientemente de su calidad literaria, que no me atrevo a valorar, después de que haya renunciado a participar en la edición número XI de las Jornadas de Letras de Sevilla, que organiza P. Reverte junto con Jesús Vigorra en colaboración con la fundación Cajasol.

Guste más o menos lo que hace Reverte, lleva más guerras a cuestas que cinco David Uclès. Lo que ha tenido que ver Reverte como reportero de guerra no habríamos querido verlo la mayoría de los mortales porque habríamos salido corriendo. O habríamos perdido el conocimiento. Las balas le han pasado cerca. Más cerca que a Uclès, que habrá escrito su exitoso libro sobre la Guerra Civil desde sitio seguro.

Cuento esto, porque al joven autor le ha parecido que es algo muy democrático y que le honra dejar plantados a los organizadores de un acto después de haber confirmado su asistencia no porque se lo impidiese algún problema de salud, sino porque no le ha dado la real gana. Argumenta que no ha querido compartir cartel con dos "individuos", calificación literal, como Espinosa de los Monteros (ex Vox) y José María Aznar, y por la cabecera de las jornadas, que se refiere a la de 1936 como "la guerra que perdimos todos".

A este chico (también le molesta que le llamen así) le pasa como a otros de su generación, que solo le han contado la Historia los de un bando. Y en las guerras aunque haya "perdedores" y "vencedores" mueren personas a uno y otro lado. A veces, hasta hermanos de sangre.

Entiendo que a eso se refiere el título de las jornadas, que tan mal le ha parecido al más joven de los dos escritores, a que en una guerra, aunque no lo parezca, nadie gana nunca, ni vencedores ni vencidos, porque siempre es un fracaso, el más grave de todos como sociedad.

Que haya habido una Guerra Civil y una posterior Dictadura de 40 años no le revienta solo a David Uclès, le revienta a toda persona de bien que, por definición, no soporta ver los Derechos Humanos pisoteados.

No conviene tomarse las cosas al pie de la letra ni a título personal. El mundo no gira alrededor de una sola persona por muy bien que le vaya. De la misma manera, en la vida no se va solo a donde te apetece ir, ni únicamente a sitios donde va la gente que piensa como tú. Un debate es un debate precisamente porque hay posturas contrapuestas. Se acude porque quien lo organiza, que además sabe que piensas distinto y aún así te respeta, te ha dado la grandísima oportunidad de que puedas defender tu diferencia, con la misma generosidad y espíritu de concordia con los que se la ha dado a todos los demás ponentes. Porque te está tendiendo una mano. Morderla no te reafirma en tus valores, sean los que sean.

Un debate debería ser lo contrario a una guerra, poder militar en lo que tú decidas sin que te peguen un tiro, ni de obra ni de palabra.

Que te inviten a actos así demuestra, además, que eres un privilegiado, aunque no quieras reconocer tal condición. Lo inteligente y lo agradecido en estos casos es aprovechar el privilegio que te dan tus compañeros (escritores en este caso) y acudir a defender tu verdad delante de gente que ha ido allí para escucharla. La tuya y la de todos los demás invitados.

Lo que digas no va a gustar a todo el mundo y tú también tendrás que escuchar cosas que no te gusten. En eso consiste tocar tierra y salir de tu burbuja. Todos, a poco que nos descuidemos, nos vamos encerrando en una.

Si las guerras tuviesen alguna utilidad, sería la de poder hablar de ellas muchos años después sin tener que enfrentarse. Reconstruir, ahora que podemos en el caso de nuestra Guerra Civil, los momentos anteriores a ella para saber qué hicimos tan mal para no haberla podido parar. También las decisiones que se tomaron durante ella para entender por qué se tomaron y qué hizo que ganase un bando u otro. El contexto político, social y económico. Y no menos importante, el período de Posguerra. Lo que queda después, que siempre es un periodo largo y duro en el que ya no hay que hacer frente a las balas, pero sí a las heridas, a la pobreza y al hambre. Y en muchos casos, a no saber qué ha sido de tus muertos para poderlos homenajear como habrías querido. Algunos casi preferirían no haber sobrevivido. Para eso es la Memoria Histórica. Para honrar, no para repetir errores.

Por respeto, precisamente a quienes han tenido que pasar por una situación así, tenemos que intentar al menos estar a la altura. Y eso pasa por ir a donde nos invitan aunque no queramos, si tenemos algo que decir, y exponerlo allí en el foro, que es donde hay que hacerlo, no en un post en las RRSS porque así no nos ven juntarnos con gente que no mola a nuestro grupo de colegas y puede dañar nuestra imagen, sea cual sea la que nos hayamos creado. ¿Vamos a reaccionar como adultos o como en un patio de colegio?

Pérez Reverte tampoco ha estado muy fino contestando a la "boutade" del flamante ganador del Nadal, aunque en el fondo esté de acuerdo con lo que ha dicho. Los calificativos que ha dedicado a Uclès no han sido acertados. No se puede contestar tan en caliente cuando ya está la gente insultándose sin necesidad de organizar nada.

Con el ambiente que están creando entre los dos, a mí, si fuese un escritor o escritora y me hubiesen invitado, ya me empezaría a dar una pereza tremenda acudir. Entiendo que una vez allí, a pesar de los "individuos" que llama Uclès y los "sectarios" que dice Reverte, algo bueno saldría, porque a esos sitios se va a aprender de todos y a enseñar lo que tú sepas porque los organizadores han confiado en que tu experiencia pueda servirle a otro, piense o no como tú.

Eso, si eres consciente, insisto, del privilegio que supone poder formar parte de algo así y lo suficientemente humilde, humilde de verdad, para reconocerlo. No si crees que lo sabes todo y ya nadie te puede enseñar nada más de la vida, escogiendo el camino de la soberbia, el de "yo con esos no me junto que estoy en otro rollo". Igual que la nobleza no la hace un escudo, la humildad no la hace una boina.

Uclès, por ahí no es.