Ventana indiscreta: Navidad de cuento

18 de diciembre 2025

He empezado a escribir tarjetas de felicitación, para a cada uno de los familiares y amigos, pero no se me ocurre nada. Será la falta de costumbre, quiero ser original, dejar de lado el "Feliz navidad y próspero 2026"

Este año voy a cambiar el rumbo navideño, no enviaré Whatsapp, memes, poses o fotos caramelizadas. He empezado a escribir tarjetas de felicitación, para a cada uno de los familiares y amigos, pero no se me ocurre nada. Será la falta de costumbre, quiero ser original, dejar de lado el "Feliz navidad y próspero 2026". Al final después de muchas vueltas opto por algo un pelín narcisista "Espero que en estas navidades y en el 2026 todos mis sueños se hagan realidad, los tuyos a saber, felices fiestas".

Aprovechando también mis habilidades manuales desconocidas por los que me rodean, me pongo a confeccionar coronas artesanales. En lo del monte, dada la afición setera sé manejarme, coger arbustos, ramas de eucalipto, enebros, hojas secas… resulta fácil, pero en la fase de labor coronaria es otro cantar. Mi señora no oculta su estupor y no para de reír, ¡qué falta de respeto! Llevo dos realizadas, nada que ver con algo que se pueda colgar en algún sitio.

No os enseño la foto porque sería expulsado de inmediato de la colaboración en Pontevedra Viva. Algo que debería ser ideal para puertas y ventanas lo he colocado en la parte interior del armario. La he denominado "Corona Emérita" porque al igual que el anterior rey está, pero oculta. Tampoco me gusta la felicitación ya enviada, a la que seguro que nadie va a responder.

Algo tengo que hacer para compensar. Todos acreditan que el bizcocho de limón me sale muy, muy rico, ¿Por qué no atreverme con el turrón? Acudir a Youtube en principio es una opción, parece sencillo, 4 ingredientes y en sólo 20 minutos hay garantías de un buen turrón de chocolate crujiente. Procedo a fundir en el microondas el chocolate, la mantequilla y el azúcar, le añado un porcentaje de granola que preparo para el desayuno, deposito todo en un molde protegido con film alimentario y a la nevera hasta el día siguiente.

Esperaba encontrarme algo mínimamente comestible, pero al probarlo era como un bloque de cemento con láminas de plástico en su interior. No pudimos comerlo, pero al menos me sirvió para tapar varios agujeros del balcón por los que he comprobado esta semana de lluvias que ya no filtran agua. ¡No hay mal que por bien no venga! Felices fiestas amigos y amigas.