Enseguida nos dimos cuenta de que era una persona que podía observar las cosas desde diferentes puntos de vista. En "nuestra casa" por exigencias del guion, a veces funcionamos a piñón fijo, la singularidad del trabajo lo requieren, pero en ella, siempre predominan las ideas de moderación. Su lema: "vísteme despacio que tengo prisa". Una forma de ser y estar, que ayuda a reflexionar sobre sí lo que queremos conseguir haciendo tantas cosas puede llegar a buen puerto.
Ella, siempre aparece para ir con calma, más precisa, equilibrada. Se sabe de memoria hasta el menor de los detalles, ve retratos en la pared más lejana que nos permite visualizar que será lo mejor para avanzar con los menores errores posibles e ir con serenidad "alimentando" a los que deben ser protagonistas del cambio, evitando los saltos al vacío.
Creemos que tenemos todas las respuestas, pero Lucía, aunque muy comprometida siempre hace preguntas. No opina, describe situaciones que se podrán dar, obstáculos ante nuevas formas y prácticas de convivencia. Sus aportaciones nos facilitan mantener un cierto nivel de desconfianza que posibilitan asentar lo presente y abordar con garantías el futuro. "Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo" dijo Arquímedes, pues bien, ella siempre ha sido un pilar fundamental para los que la rodean, se atreve con todo, nunca ha dejado de asumir retos y renovarse.
Una persona con sentido común, que busca la excelencia, sabe corregir en la privacidad, eso sí, a veces eleva un poco la voz y si estás cerquita escuchas incluso su risa potente y contagiosa. También hay momentos en que tiende a evadirse para emitir señales de humo. ¿Acaso alguien tiene el don de la perfección absoluta? Suerte Lucía y disfruta de la belleza del tiempo en Sí. El sol siempre lucirá para ti.