10 de decembro 2025

¿Qué era el bienestar alemán sino su potentísima industria? Tercera economía mundial, motor de Europa, el mayor exportador del mundo... Francia, casi el mismo nivel de riqueza y bienestar. Durante décadas los países europeos mantuvieron un crecimiento continuo que se reflejó en el nivel de vida de sus ciudadanos: una Europa pujante. Hoy la situación ha dado un vuelco temible: ¿cómo es posible que las empresas alemanas del motor estén a punto de cerrar fábricas y eliminar más de 100.000 empleos? ¿Lo han hecho mal todas las empresas a la vez cometiendo errores vitales para su supervivencia? ¿No han realizado millonarias inversiones en I+D+i? ¿no han invertido en la formación de toda su gente? ¿no se han dotado de la mejor ingeniería que salía de las facultades técnicas de altísimo nivel? ¿No han invertido cantidades impresionantes en nuevas líneas de fabricación, no han lanzado nuevos vehículos al mercado para seguir manteniendo inversiones, empleo y beneficios? ¿No han innovado tecnológicamente? ¿no han transformado continuamente los suministros de energía para sus enormes plantas de fabricación? ¿no han perfeccionado más allá de toda expectativa la calidad de los vehículos, no han incrementado la robotización de la cadena de producción, no han generado una reducción radical en las emisiones...? Han hecho todo esto y mucho más.

Mientras la sociedad, mientras los trabajadores alemanes de la industria estaban dedicados a perfeccionar el sistema de producción que los había llevado a ser una de las primeras sociedades mundiales, paralelamente y con el inicio de siglo y desde el exterior de las fábricas, fuera de la operativa económica de la sociedad, fuera de la sociedad civil, en el seno de la burocracia política se perfeccionaba el diseño de un plan global que afectaba directa y radicalmente a todos los trabajadores, a toda la ciudadanía, a todos los sectores, a todas las sociedades: la Europa verde, la Europa contra el cambio climático, la Europa sin fronteras, la Europa de acogida, la Europa que todo legisla, que todo protege, la Europa que finalmente embalsa todo este proceso en el estratosférico aumento de Deuda de una manera gigantesca: whatever it takes.

Un movimiento extraordinario en el que el centro de gravedad de las sociedades democráticas europeas ha cambiado de ubicación. En lugar de que sea el mercado y la libre decisión de los consumidores y empresas la que oriente qué se produce, cuánto y a qué precio, la burocracia política -exactamente como haría el Politburó del PCUS- realiza el cambio más impresionante dentro de nuestras sociedades de ciudadanos libres: pasa a tomar todo ese tipo de decisiones que, a nada que se investigue en la historia económica han llevado a tantas sociedades, como mínimo, al estancamiento. Delante de las narices de todos y con la ayuda manifiesta de los medios de comunicación absolutamente volcados en favor de la burocracia y en contra de la autonomía ciudadana, ha permitido que los pocos individuos pertenecientes a la más alta burocracia política europea hayan incorporado por decreto a las decisiones de empresa, a las miles de decisiones de empresa en las que realmente se juega el bienestar de la ciudadanía, han incorporado una serie de factores globales hasta ese momento absolutamente externos al trabajo de todos:

  • cambio climático,

  • energía/emisiones CO2,

  • inmigración,

  • masiva intervención legislativa,

  • BCE, Deuda y gasto público.

Como consecuencia de este proceso hoy en las sociedades europeas más importantes los gobiernos y la economía están fracasando. Alemania está en recesión; Francia, con problemas muy serios; los países europeos hemos perdido estabilidad y pujanza económica: aquella estabilidad y crecimiento que hasta hace unas décadas otorgaban fortaleza a las clases medias europeas. Se han provocado todo tipo de grietas, hendiduras y socavones por donde se ha colado la inestabilidad política dando entrada a esa cada vez mayor proporción de electores que discuten radicalmente todas las concepciones de la burocracia UE. Todos los gobiernos incrementaron el gasto de forma contundente como única solución a los aumentos de costes que ellos mismos provocaron con sus decisiones. Todo ese gasto se ha ido embalsando en los volúmenes de Deuda nunca vistos hasta la fecha. Un pato cojo. Una sociedad que legisla todo lo que pasa por delante, interviene, modifica y acota mientras la economía se desangra, y a partir de aquí, las condiciones de vida, y, como consecuencia surgen formas políticas que ponen en cuestión todo lo hecho hasta ahora.

Estos días salió publicada la nueva estrategia de seguridad nacional en la que los asesores y Trump señalan que el continente europeo será irreconocible en 20 años. Para peor. Y siempre que sale Trump al ruedo de inmediato al otro lado la banda trapera toca el pasodoble Ultraderecha abriendo plaza y demostrando su perspicacia. Pero diga el porquero y Agamenón lo que diga, Europa no crece, está estancada en un fangal, rodeada de retos a cada cual superior en intensidad al anterior y no se ve solución. En lugar de expandir riqueza por toda la sociedad será más fácil ver gobiernos populistas por doquier que siguen y seguirán gastando mientras la economía se derrumba. Hay que crecer, y cada día que pasa es una cuestión mucho más difícil porque hay que podar. En cambio, la tendencia a la caída se verá reforzada: los gobernantes no tocarán un pelo al elefante del bienestar del Estado ni enfrentarán la manada paquiderma de los dictados globales.

Lo que vaticinan los yankees para Europa en el documento es similar a lo que le viene pasando a la mayor tecnológica española. Telefónica valía hace 20 años unos 80.000 millones y hoy está en los 20.000. Con la misma reducción de empleo.