Madre/abuela ahogadas y la Nación/Estado

09 de xuño 2026

Jmm Caminero reflexiona sobre el amor y sacrificio materno ejemplificado en una tragedia reciente, y sobre la importancia del Estado-Nación y sus límites

Rozamos dos temas: el amor profundo y esencial de la madre hacia su hijo y, en segundo lugar, la necesidad del Estado, Nación-Estado o Estado-Nación para sobrevivir y vivir.

Este hecho no pasará a la historia, quizás se informe de ello en algún telediario, pero a veces hay que señalar lo bueno, aunque haya terminado mal. Nos informan de que una madre y la abuela de un niño de cinco años mueren en Palencia al intentar salvar al pequeño. Mueren ambas ahogadas.

A veces surgen malas noticias sobre una madre que no se ha comportado bien con su niño pequeño o su bebé, y deben ser noticia. Pero no se expone en los medios de comunicación que esa misma noche habrá habido cien mil o medio millón de madres pasando la noche en vela, ocupándose de su hijo o hija pequeña porque están ingresados o enfermos…

No continúo leyendo sobre dicha tragedia (de la madre y la abuela para salvar a su hijo y nieto). Pero, aunque este artículo no llegue a la Administración del municipio de donde sean estas tres personas, me atrevo a indicarles y sugerirles que piensen en hacer un monumento o una pequeña escultura que las represente, en homenaje a la bondad humana, a que la naturaleza y la condición humana tienen mucho de bueno, y a ese niño que se ha salvado. Creo que sería un ejemplo, un símbolo y una metáfora real de este episodio. Un triste y trágico episodio, pero así ha sido la realidad. Representa cómo la inmensa cantidad de madres se ocupan de sus niños. Nos muestra que hay más bueno que malo, sin negar la maldad humana, sin negarla…

No digo que no haya que representar a los grandes hombres y mujeres de la cultura, del deporte, de la política o de la economía, pero también hay que recordar y homenajear, como símbolo, a las personas que están en sus pequeños y grandes trabajos durante décadas. Representar las cosas buenas de las personas, aunque, como en este caso, haya terminado en tragedia. Bueno, aquí dejo la paloma de la sugerencia. Alguno pensará con una sonrisa que escribo más sugerencias que críticas a unos y a otros. Pues sí, ese es el estilo de este escribiente, escribano o escritor de artículos de opinión, también literarios…

Se inventó la democracia, entre muchos motivos, para que, si existen dos fuerzas políticas o sociopolíticas, se dilucide por votación quién tendría que gobernar. Pero no se ha terminado de resolver qué hacer cuando en una misma fuerza política existen dos o tres candidatos, ni cómo dilucidar dicha cuestión. O cuando esa fuerza sociopolítica está en el poder, si existen líneas y corrientes de tendencia dentro de ella misma con distinta opinión y opción: ¿qué hay que hacer?, ¿cómo dilucidar la tendencia que esté en el poder y la decisión de la persona que ostente el máximo poder?

Esta segunda cuestión no se ha decidido todavía de forma clara y evidente, ni en teoría política ni en la práctica. ¿Entiende usted lo que le estoy indicando?

He oído y leído tantas veces eso de «¿cómo no fueron capaces sus coetáneos de quitar al dictador de turno?». Lo he oído muchas veces aplicado a la historia del siglo veinte. Y uno siempre ha pensado que, cuando un sistema sociopolítico equis que defiende una no-democracia llega a los altos cargos máximos y se asienta en el poder, es enormemente difícil hacerlo. Porque esto, incluso, sucede en los sistemas democráticos…

¿Nos hemos preguntado si nuestra especie y nuestras culturas-sociedades, aunque nos creamos muy perfectos, somos en realidad sistemas muy poco desarrollados y muy poco evolucionados?

¿Nos hemos preguntado muchas veces por qué la humanidad en doscientos años ha avanzado enormemente en todos los saberes técnicos y científicos —también en las ciencias sociales, aunque no tanto—, así como en muchas cuestiones de Humanidades, y en cambio la cosa pública, que tiene mucho de humanidades, no ha avanzado tanto?

Si quieren plantearlo de forma sencilla: en los temas de la sociopolítica, tanto teórica como práctica, apenas hemos avanzado desde los griegos antiguos, mientras que sí lo hemos hecho en el resto de los saberes. ¿Es una pregunta dura y difícil? Sí, pero hay que hacérsela.

Otra pregunta muy difícil, y que apenas encontrará usted en tratados políticos (si acaso, de alguna manera, en filosofía política), es: la máxima autoridad, aunque haya sido puesta por un sistema democrático, ¿qué límite de poder tiene?

Dicho de otro modo: la máxima figura del poder político democrático, ¿tiene un límite en su poder? El poder ejecutivo podría realizar muchos cambios, pero ¿podría o debería cambiar la esencia del Estado?

Para cambiar la esencia del Estado, incluso las figuras del poder ejecutivo máximo (incluyendo el democrático) tendrían que cumplir varias causas y procedimientos. Incluso en ese caso, tendría que haber un consenso de la sociedad de más del setenta por ciento de su población y de todas las fuerzas políticas en más del setenta por ciento de su representación cuantitativa y cualitativa.

Es decir, ni una formación política en el poder supremo, ni un poder ejecutivo máximo de tres, diez o veinte personas —incluso habiendo llegado al poder máximo— podrían cambiar la estructura esencial del Estado si no se cumpliesen unas características mínimas: que al menos el setenta por ciento de la población lo quisiere, que el setenta por ciento de las formaciones políticas lo quisiese y que lo respaldara al menos el setenta por ciento de los representantes del pueblo, legal y moralmente escogidos para ocupar los cargos de representación política.

Comprendo y entiendo que son preguntas muy graves y esenciales, planteadas en un lenguaje que puede entender casi la totalidad de la población. Creo que es pertinente en este mar de temas conexionados, en esta montaña de cuestiones entrelazadas. Creo que es pertinente hoy, en nuestra península ibérica…

¡Porque el Estado y la nación son una realidad de siglos! Se ha tardado siglos en construirse y no se puede deshacer en dos generaciones, en cincuenta años. ¡La paz social y la creación de la riqueza, en todos los sentidos, tienen su origen y su base en que el Estado funcione de forma correcta, pausada, armonizada, racional y con sentido común!

¡Paz y bien…, para mostrar que uno no es original ni en la despedida…! ¡Paz y bien…!

https://muckrack.com/jmm-caminero-1         © jmm caminero (01 junio 2026 cr).