Podemos imaginar cómo sería vivir bajo una constante amenaza bélica. Si Galicia fuera Israel. Desde Tras-Os-Montes, desde Oporto, desde el Padornelo, desde los montes de León y Asturias están asentadas milicias islámicas financiadas y fuertemente armadas por el régimen ayatolá, dedicadas al terror noche y día lanzando misiles, bombas, artefactos explosivos que caen en plena plaza de María Pita o mientras estamos tomando un café en la terraza del Carabela. O acciones de puro terror cuando entran a nuestros pueblos y acaban ametrallando a civiles en plena ciudad vieja de Lugo. Su última gran hazaña es haber llegado hasta esta especie de rave veraniega que hacemos en Tafisa: hasta aquí han llegado en razzia medieval asesinando a todos los que encontraban, violando a muchachas, martirizando ancianos, secuestrando niños y hasta bebés, una violencia inhumana, nazi, y cuya categoría moral y ética golpea la puerta de Occidente sin que hasta ahora haya habido respuesta. Mejor dicho, claro que ha habido respuesta: la izquierda poscomunista y el progresismo que controlan medios, universidades y cultura parece que no han abogado por la mundicia, que es limpieza moral, sino por la más ventajosa deshonestidad. ¿Cómo van a defender a la única sociedad democrática de Oriente Medio que está asediada por todos los países que la rodean y que son todos ellos unas pútridas dictaduras islámicas que tienen a toda la población bajo sus botas? No la defienden por eso mismo: porque es una sociedad democrática y porque es una sociedad capitalista. Y ninguna de estas dos cosas les pertenecen a estas ideologías retrógradas: ni la libertad ni la propiedad. Por las 1.200 personas asesinadas hasta llegar a la rave de Tafisa, por los ataques de decenas de años, por los asesinatos, por los misiles caídos en la plaza de la Leña, por los atentados en la judería de Rivadavia, por los ametrallamientos en la Gran Vía de Vigo y por las guerras emprendidas contra Israel, por todo esto la izquierda encenagada ha bajado a su penúltimo peldaño moral y se ha encendido una faria.
De forma sistemática Irán ha destinado sus energías a destruir Israel: su economía, su ejército, su propaganda, su financiación exterior a milicias está orientada a este supremo objetivo desde que los ayatolas toman el poder en 1979 sin que el interés y bienestar de su población llegue a ser nada más que un decorado. A precisar qué son los ayatolas: son los máximos expertos en estudios islámicos, los más profundos conocedores de lo que aportan las enseñanzas del Corán que se ponen al frente de toda la sociedad persa en una especie de conferencia episcopal islámica dotada de una crueldad inaudita. Del estudio más fidedigno de las suras del Corán y de las enseñanzas de Mahoma se obtienen dos grandes manifestaciones espirituales: por la primera la población al completo queda sojuzgada de forma absoluta a las babuchas de estos estudiosos del islam, de manera que nada de la sociedad persa queda fuera de su delirio totalitario. Y una vez que han hecho el más profundo estudio del Corán, la otra gran manifestación espiritual es la fetua por la que todo un país incluídos todos sus habitantes debe desaparecer de la faz de la tierra. Israel debe desaparecer, no con los métodos de algún genio de las mil y una noches sino que ha de desaparecer el país entero y sus habitantes a sangre y fuego. Hombres, mujeres, niños y ancianos. Estas dos manifestaciones espirituales son destilación de las enseñanzas del Corán interpretadas a la luz de los ayatolas y ¡visión generalizada en todo el islam!
Israel existe para garantizar su supervivencia en todo momento y lugar: su vida pende de un hilo. Ha conseguido mermar muy radicalmente la capacidad operativa de los asesinos de Hamás y si consigue debilitar a Irán espera poder hacerlo también con las milicias de Hezbollah en el sur del Líbano. Daría un paso de gigante para la seguridad de los ciudadanos y familias judías y sería también importantísimo para estabilizar todo Oriente Medio. En Siria ha caído otra mierda de dictador como era Bashar-al-Asad, amparado por Rusia y sobre todo por Irán. Permitirá que el corredor terrestre de suministros militares desde este país a las milicias islámicas quede cortado. Para cambiar el paisaje de Oriente Medio solo faltaría retomar el gran acuerdo de Israel con los países árabes, con Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Omán... eso sí que sería una maravillosa noticia para la estabilidad y el desarrollo de la región, naciones árabes que ya manifiestan su cansancio de la imposición del terror palestino basado en el asesinato y de la tutela amenazadora del islamismo ayatolá basada en lo mismo.
Israel, pura defensa rodeado de enemigos, dictaduras islámicas medievales que utilizan ejércitos, milicias, atentados contra civiles, asesinatos... terror. Cuando Israel encuentra un resquicio para debilitar a un régimen asesino que quiere eliminar la nación judía de la faz de la tierra como máximo objetivo, la izquierda sale a la calle para decirle a Israel que silencio, que ni se mueva, que no se defienda, que quede la nación asediada atada de pies y manos a merced del fascismo islámico: turbio y brutal antisemitismo que los retrata. En el fondo no es nada más que la doma y control que ejerce la burocracia en el poder sobre los tragaderos sin que realmente les importe un pimiento la vida de todos ellos. La guerra les hace la campaña electoral. Lo que realmente importa es el control ideológico, luego el voto.
Vamos Israel.