Maspalomas ha sido, sin ninguna, una de las grandes sorpresas cinematográficas del año. Y el éxito que ha cosechado en las nominaciones de los Premios Feroz -siete- y de los Premios Goya -nueve-, en ambos como mejor película, es prueba de ello.
Uno de sus directores, Aitor Arregui, (Oñate, Guipúzcoa, 1977), ha estado en Pontevedra para, dentro de las actividades previas a los Feroz 2026, presentar esta película, que explora la sexualidad en la tercera edad dentro del colectivo LGTBIQ+.
Llegas a Pontevedra con los Feroz, pero en plena resaca de las nominaciones a los Goya. ¿Contento de la acogida de Maspalomas?
Súper contento. Lo de los Goya es como la guinda del pastel. Sentimos que un poco responde a lo que hemos percibido estos meses cuando hemos ido presentando la película a sitios distintos. Está llegando y genera discusión en los coloquios.
Es, en última instancia, lo que quieres que la película consiga. Que tenga vida en la cabeza de la gente. Creemos que tiene corazón, que la gente sale emocionada. No llorando, que no es lo mismo. Pero sí ves que la historia de Vicente está llegando a la audiencia.
¿Cómo nació la idea original de la película y en qué momento supisteis que tenía el potencial para convertirse en un largometraje?
La historia surgió cuando José Mari viajó a Maspalomas de vacaciones. Vio una realidad que le atrapó. Maspalomas es el principal destino turístico gay de Europa. Yo esto no lo sabía y él tampoco. Tuvimos claro que era un buen sitio para situar una historia.
Y en paralelo, leímos un reportaje sobre cómo muchas veces surgía la problemática entre la gente ya mayor de tener que meterse otra vez en el armario cuando ingresaban a una residencia. Por el ambiente hostil o porque no se sentían cómodos.
En sus últimos años de vida volvían a ese 'bullying' que sufrieron cuando eran pequeños. Nos pareció que eso era muy interesante y, sobre todo, nos pareció que era innovador. Lo teníamos muy claro. La historia reverberaba en nuestra cabeza.

En Maspalomas abordáis, sobre todo, dos temas que parecen tabúes, el deseo sexual y la homosexualidad entre los mayores. ¿Fue complejo?
Creo que el sexo en la tercera edad es un tema nuclear en nuestra película, como lo es el sexo homosexual. La gente no está tan acostumbrada a ver esto. Y esto era algo que nos ponía mucho. Creíamos que, de alguna manera, podía generar una especie de provocación en el espectador.
Más allá de lo que ves y de los tabúes que hay, creo que también habla de cómo nos han educado la mirada históricamente a la mayoría de la gente. Se nos hace insoportable ver sexo entre gente mayor. Y si tiene que haberlo, que sean jóvenes. Chico y chica. En el peor de los casos, dos chicas.
Esto se debe a que nos han educado desde un punto de vista heterosexual de hombre blanco. Esto es así. La visión del hombre es muy predominante en el cine. Pero creo que la variedad de voces entre los creadores se ha enriquecido y, afortunadamente, empieza a haber otros puntos de vista.
¿Los creadores apostáis ahora más por esa diversidad o es el público el que lo demanda?
Yo creo que, como en casi todo, no hay sólo una razón. Esas dos cosas que tú dices, sin ninguna duda. Los creadores se arriesgan, pero también porque detectan que el público puede estar más interesado en percibir esta clase de historias y en ver películas que hace años no se hacían.
Me parece que se han dado pasos importantes y que hay que seguir dándolos. Pero creo que nos estamos acostumbrando a ver realidades que no tienen por qué acercarse a las nuestras. Y no solo en el cine, también en la cultura en general. Se están creando referencias que antes no existían.
¿Qué tipo de retrato humano os interesaba construir en Maspalomas?
Ya tenemos una trayectoria y creas que no se van repitiendo patrones. Los que nacen de nuestras discusiones son personajes muy psicológicos, gente que maneja represiones, bien externas o bien autoinducidas. Gente que convive con el miedo, que tiene miedo a perder el control.

El protagonista vive su sexualidad en un contexto muy concreto. ¿Os interesaba hablar de esa sexualidad como identidad, como deseo o como conflicto interior?
La película es un viaje de autoaceptación del personaje. En la película, le vemos aparentemente tranquilo, contento con su situación. Está como en una especie de segunda adolescencia. Pero vemos que esa supuesta felicidad no lo es tanto. Tiene nudos por resolver que son muy potentes.
Es una persona que tiene, a pesar de que parece que no, un problema consigo mismo y con una homofobia interiorizada. Es una persona que todavía no se ha aceptado como es, por eso vuelve a meterse en el armario. Ha estado adaptándose toda la vida para vivir más feliz. Pero no lo consigue.
¿Teníais claro que José Ramón Soroiz tenía que ser Vicente?
Sí. No es muy conocido en España, pero en ficción en euskera sí que lo es. Lleva más de 40 años haciendo ficción y es un actor intergeneracional. Lo conoce tanto una señora de 85 años como un chaval de 12 porque hoy en día también sale en una serie para preadolescentes.
Ya habíamos trabajado con él en Loreak. Cuando Vicente se fue dibujando, fue la opción principal. Sin duda. Él tuvo muchas dudas. Era un reto. Por lo psicológico y por el tema de la explicitud sexual. Necesitó su tiempo para aceptar. Tuvo una pelea interna.
Tengo entendido que el guion se lo fuisteis presentando poco a poco...
Lo quería hacer porque se veía capaz, pero por otro lado no quería desnudarse así. Estaba muy agobiado con el tema de la prensa. Y Jose Mari lo vio tan agobiado que no le habló en ningún momento de las escenas sexuales, que son fundamentales en la película.
Nosotros teníamos claro que no íbamos a ceder en eso. Era uno de los puntos más novedosos de la película. Ahí nos ayudaron las coordinadoras de intimidad. Tendieron puentes entre ambas partes y ayudaron a que José Ramón aceptara. Ha hecho un trabajazo y fue muy fácil trabajar con él.

¿Qué tipo de conversación os gusta que genere esta película en el público?
Está siendo muy agradable. Teníamos mucho miedo por Euskadi. José Ramón es un personaje muy conocido. Es, para que te hagas una idea, como poner a Antonio Resines a hacer sexo explícito homosexual. Teníamos este miedo de ver cómo la gente iba responder y ha sido una sorpresa.
A la gente le ha entrado súper y genera mucho debate en torno al sexo en la tercera edad, a cómo tienen que estar preparadas las residencias para esta clase de situaciones o a lo fácil que puede ser dar pasos para atrás en ciertas conquistas sociales que pensabas que estaban muy consolidadas.
Nos han educado la mirada para que, por ejemplo, nos parezca violento ver a una persona que se lo está pasando bien haciendo sexo y que no lo sea una matanza de los Navy Seals, volando las cabezas a no sé cuántos soldados intentando capturar al presidente de un país.
Ahora parece estar más aceptado que el cine español apueste por películas rodadas en gallego, catalán o, en vuestro caso, euskera. ¿Qué ha cambiado?
Hemos aprendido a no obsesionarnos con la militancia lingüística. Cada historia requiere de una manera natural un idioma determinado. Marco la hicimos en español y en catalán. Tenía todo el sentido del mundo que fuera así. La trinchera infinita, en el castellano de Andalucía. Con sus acentos.
Es importante tener esa sensibilidad. Igual que se cuida la fotografía, la ambientación o la actuación. Los matices importan. Y, después, es importante también que la periferia esté también en el centro. No siempre estar mirando a Madrid o a Barcelona. La variedad habla bien de la salud del cine.
Había que perder ese complejo, ¿no?
Creo que con el tema de las plataformas, ese debate ha quedado sin fuerza. Antes te decían que para que pudieras llegar a todo el mundo tenías que hacerlo ya no en español sino en inglés. Pero hoy en día puedes hacer La casa de papel y que tenga éxito en todo el mundo.
Después de este proyecto, ¿sentís que hay nuevas inquietudes creativas que os gustaría explorar en el futuro?
Hay un proyecto que, aunque no es inminente, creo que puede salir. Al final, para que salga uno tienes que desarrollar varios. Pero ahora estamos en barbecho, valorando donde poner el esfuerzo y la energía. Lo que hagamos no va a ser inminente, no va a ser enseguida.
