"Estoy como un niño con zapatos nuevos" admite el pintor, Manuel Aramburu. Desde crío colaboraba con el Museo y ya entonces "veía los cuadros de los grandes artistas y soñaba esperanzado poder estar aquí".
Da infancia a madurez. Aramburu. Es el título de la exposición que acoge el Sexto edificio del Museo de Pontevedra y que podrá visitarse hasta el 20 de enero de 2013.
Supone un homenaje a Manuel Aramburu, vinculado a la ciudad de Pontevedra tanto en vida como obra.
Se trata de una muestra antológica "me han sacado las vergüenzas a la calle, hay cuadros míos de cuando yo tenía ocho años", bromea el pintor.
La obra de Manuel Aramburu no puede llegar a entenderse por completo sin conocer parte de su vida.
Como otros grandes pintores, su nacimiento a finales de los años 30 le hace enfrentarse a una época de postguerra tras la Guerra Civil que marca tanto su proceso vital como pictórico.
Nacido en León el 8 de abril de 1936, inició su aprendizaje en el mundo de la pintura en Pontevedra, ciudad a la que su familia tuvo que emigrar, poco después de su nacimiento, a raíz de la citada guerra.
Aramburu es uno de los grandes maestros de la pintura actual de Galicia, perteneciente a la llamada "generación de vanguardias y silencios", formada por un grupo de artistas que desarrollaron su actividad creativa a partir de la postguerra española.
Es posterior, por tanto, a artistas como Manuel Colmeiro Guimarás o Laxeiro y anterior a la joven escuela artística gallega, marcada quizás a partir de la experiencia "Atlántica" en los años 80.
"Mi pintura nunca se cotizó como para pagar grandes cantidades de dinero por ella. No sé porque motivo se valora más el trabajo de un pintor que el de un zapatero", apunta extrañado.
El promotor y presidente de la Fundación Camiño Portugués, Celestino Lores, es el comisario de esta exposición compuesta por obras procedentes de distintas colecciones públicas y privadas "la antología supone una oportunidad para el espectador de conocer la obra y trayectoria de Aramburu, que al igual que sucedió con otros pintores de su generación, no tuvo el reconocimiento y proyección que merecía".
Por feliz decisión del comisario de la exposición, ésta alcanza la época de niñez del pintor, dándole así un carácter retrospectivo que permite conocer en profundidad y plenitud la evolución de su obra.
En total se exhiben 193 obras de las que entre un buen número son obras pintadas en los años sesenta.
Reunir en su conjunto la obra de Aramburu, producida a lo largo de más de 60 años, ha sido el fruto de un gran esfuerzo que toda persona con inquietudes artísticas no debe dejar de visitar, pues constituye un evento cultural de gran calado para el arte gallego contemporáneo.