Un día, la protagonista de Una mujer de tu edad dice basta. Después de años cumpliendo con el papel que se esperaba de ella -esposa ejemplar, madre abnegada, ilusiones guardadas en un baúl- decide que la segunda mitad de su vida será radicalmente distinta.
Ese es el punto de partida de la cuarta novela de la periodista y escritora Gemma Ruiz Palà (Sabadell, 1975), una historia de deseo, rebeldía y alegría que celebra la plenitud y el poder de las mujeres que hacen de la menopausia su mejor rebelión.
Sobre este libro, que ha presentado en la Libraría Paz de Pontevedra, habla en esta entrevista con PontevedraViva. "Creo que a más de una le voy a dar ideas", subraya la autora, que reivindica más espacio en la ficción para las mujeres de mediana edad.
En Una mujer de tu edad, das voz a mujeres que suelen quedar fuera del foco. ¿Qué te impulsó a centrarte en ellas?
Yo siempre digo que los malestares o los pinchazos personales siempre son colectivos. Hace un par de años, yendo hacia la cincuentena, me di cuenta de algo que se estaba también comentando en lo colectivo.
Me refiero a esa poca vergüenza de que las películas nos han enseñado a enamorarnos, nos han dicho cómo relacionarnos emocionalmente, nos han educado personal y socialmente… y llega un momento en que las mujeres desaparecen del mapa.
Quise contribuir a abrir la conversación acerca de la menopausia y del doble rasero del envejecimiento, sea la persona un hombre o sea la persona una mujer. Claramente no se está correspondiendo la ficción actual con la realidad de las mujeres mayores.
Están protagonizando un cambio histórico. Nunca antes tantas mujeres de 50 hacia adelante habían tenido unas vidas con tanta plenitud a todos los niveles. Son las que llenan los teatros, los clubes de lectura, los cines, las exposiciones…
Que esto no tenga reflejo en las ficciones y que las ficciones nos continúen pintando como la vieja de los gatos, o la tía o la madre de la novia y no como protagonistas de pleno derecho pues me parece que es un desajuste que se tiene que solventar.
La novela arranca con una decisión radical: una mujer que dice "basta" y abandona el papel que ha desempeñado durante años. Decide tomar las riendas de su vida y dejar a su familia para salvarse a sí misma, ¿no?
Llega un momento en que si no miras para ti, estás siendo negligente con esta misión que tienes que es hacer lo mejor con la vida que te han dado. A veces, o muchas veces, es muy difícil de hacer, lo de mirarnos hacia una misma, sobre todo las mujeres.
En los hombres se ha visto como algo totalmente natural. El que es genio se tiene que encerrar en su escritorio y hacer sus genialidades. Ya pueden llorar diez niños de hambre y de sueño que él no tiene por qué atenderlos.
Me gustaba ver eso. Qué pasa cuando una artista se tiene que comer la vocación que tiene porque tiene que estar para toda la familia y para todo el mundo antes que para ella misma. Hasta que un día dice, oye creo que esta milonga no la compro más.
¿Y para una mujer como Kate, la protagonista de Una mujer de tu edad, que es más difícil? ¿Tomar esa decisión por ella misma o por su familia?
Yo creo que es un poco de todo. Para tomar decisiones tienes que tener una conciencia sobre tu situación y unos privilegios. Empezando por la independencia económica. Que el sistema en donde estás inscrita te permita salir o no.
Por un lado está la autoconciencia y, por otro, las posibilidades reales para salir de allí. ¿Cuántas mujeres están en situación de violencia machista en su casa pero no tienen dónde ir? Y no es que no lo vean, es que no pueden dar ningún paso. Hay un poco de todo.
¿Hasta qué punto esta historia cuestiona directamente el mito de la "buena madre"? ¿Te interesaba abordar esa cuestión?
Muchas autoras, desde que la mujer ha irrumpido en la literatura de una manera tan visible y tan necesaria, ya lo han venido haciendo. Esta madre tiene sus cosas. Ya basta de entronizarlas, de subirlas a un pedestal que, al final, también es como una prisión.
Planteas la maternidad como un lugar también de asfixia. ¿Crees que todavía hay un tabú fuerte en decir esto en voz alta?
Se ha dicho ya mucho, pero sí. Es necesario que veamos a las mujeres con sus imperfecciones. Si no, no vemos mujeres. Vemos clichés.
La protagonista recupera su deseo -vital y sexual- en una edad en la que socialmente se espera lo contrario. ¿Estamos preparados como sociedad para hablar de ello sin eufemismos o sigue siendo provocador?
Tenemos que dejar de ser una sociedad infantilizada, que se cree mentiras tan antibiológicas como que, con la edad, la mujer pierde capacidad sexual y el hombre la mantiene, cuando ellos hombre sin la pastilla azul, nada.
El clítoris es un órgano que sólo está en los cuerpos de mujeres para dar placer, tengas o no pareja. Como sociedad tenemos que decidir si queremos continuar creyendo que los niños vienen de París o que las mujeres no tienen sexualidad.
O que llegada cierta edad las mujeres dejan de ser deseables…
¿Pero eso quién lo ha dicho? ¿Con qué objetivo? Lo ha dicho el sistema patriarcal para sacarse de encima a las mujeres de mediana edad. ¿Por qué? Porque son mujeres que acarrean una experiencia y se han quitado de encima muchos complejos. Son muy peligrosas. La estigmatización viene muy bien al sistema. No es casual
¿Crees que la sociedad sigue teniendo una mirada limitada o estereotipada sobre las mujeres a partir de cierta edad?
Sí. Básicamente, no se refleja la variedad, la complejidad y la vitalidad de la que disfrutan muchas de nuestras coetáneas. La ficción no está recogiendo la vida real de las mujeres. Kate tenía que ser estadounidense por influencia de eso.
Hollywood nos ha explicado cómo ser jóvenes. Yo quise dar la cara B de ese Hollywood. Kate tiene su reflejo en mujeres que he conocido en clubes de lectura. Están desatadas, dicen las cosas por su nombre. Falta que la ficción las vea como son en realidad.
¿Consideras que si el protagonista fuera un hombre esta historia se leería como una crisis creativa legítima en lugar de un abandono?
Totalmente. Las crisis de mediana edad de los hombres están ultra representadas en la ficción. Todos nos hemos apiadado de ese pobre hombre que está en una crisis. Pero de las resurrecciones femeninas apenas se habla. Esa es un poco la idea de este libro.
Planteas la menopausia no como declive, sino como una forma de rebelión. ¿Dirías que el libro busca reescribir ese relato cultural?
Es lo que te decía. Cuando tienes toda la experiencia y muchos menos complejos, todo se aclara más. Esas mujeres empiezan a decidir cosas y hacer cosas que antes, por los complejos, los miedos, el acatar o los mandatos sociales, no habían podido hacer.
Kate se enamora de un chico mucho más joven que ella y tiene que enfrentarse a las miradas de reproche. ¿Por qué no pasa -o pasa menos- cuando sucede al revés?
Las relaciones intergeneracionales también responden a ese doble rasero tan cruel y tan indeseable. Las ficciones sobre un hombre mayor y una chica joven vistas ahora dan un poco de grima, pero nos las hemos comido de manera acrítica.
En cambio, al revés han estado, históricamente y culturalmente, juzgadas de manera negativa y castigadas muy severamente. Hay muchos más casos de los que parece. Pero se viven en la clandestinidad porque aún existe ese estigma.
Estamos en 2026. ¿Qué dice eso de nuestra sociedad? Que parece que se tengan que esconder como si fuera pederastia. O sea, esto es muy fuerte. Cuando son dos adultos, una relación de tú a tú y sin coacciones. Esto da mucho que pensar.
¿Te preocupa que quien lea este libro no pueda reconciliarse del todo con la protagonista?
La verdad es que no. Al contrario. Creo que mucha gente, si no lo quiere hacer o no lo hará, al menos se lo habrá planteado. Son decisiones muy reconocibles en conversaciones que todos y todas hemos tenido cuando llegamos a un punto de hastío con un cierto tipo de vida. Creo que a más de una le voy a dar ideas.
La Bienal de Venecia aparece en la historia como un espacio de consagración, pero también de redescubrimiento personal. ¿Qué simboliza ese escenario dentro del viaje de Kate?
Quería meterla en ese entorno. El arte contemporáneo es muy cruel con las mujeres. El arte nos ayuda a vivir. Cuando no te ves reflejada o cuando sí te ves y esa mirada hacia ti no es como objeto sino como sujeto, cambian mucho las cosas. Quería poner eso en valor.
El humor está presente en toda la novela. ¿Qué papel juega en tu forma de narrar historias como esta?
Quería que la historia no tuviera tono lastimero o victimista. La menopausia tiene unos signos que hay que tomarse un poco a guasa. Se superan. Y quería pintar a Kate como una mujer muy vital, con una relación muy libre con la comida. En eso a las mujeres también nos han fiscalizado mucho.
Si tuvieras que elegir, ¿prefieres que tu libro acompañe o que incomode?
Las dos cosas porque, a lo mejor, la incomodidad luego te acompaña unos días y piensas cosas. Me parece que incomodar con algo que haces es bueno.
¿Escribir este libro ha sido, en sí mismo, un gesto político?
Sí. Basta ya de pensar que las mujeres tenemos fecha de caducidad. Porque además, ya mayores, es cuando muchas han hecho las aportaciones más importantes de sus carreras. Ese desperdicio humano es una desfachatez y una sinvergonzonería.
Después de escribir esta novela, ¿dirías que has cambiado tu propia mirada sobre lo que significa empezar de nuevo en la segunda mitad de la vida?
Un poco sí. Yo también tengo mis prejuicios y mis miedos. Ponerme en la situación de alguien diez años mayor que yo y ver la vida con otra perspectiva, me ha dado como un poco más de tranquilidad. No se ve tan negro todo al final.