La de este domingo fue, sin duda, una noche mágica. De esas que forjan la leyenda de una sala como El Náutico de San Vicente do Mar. De esas que, por mucho que pasen los días, quedan en el recuerdo de todas las personas que la han vivido en directo.
Y es que tras un verano en el que han actuando artistas de la talla de Natalia Lafourcade, Andrés Suárez, Leiva, Rozalén, Morgan, Valeria Castro, Love of Lesbian, Depedro, Iván Ferreiro, Noni (Lori Meyers), Sexy Zebras, Delaporte, Ariel Rot o Kiko Veneno, aún quedaba la traca final.
En su escenario se vivió una auténtica "celebración ibérica", como ellos mismos describieron, Silvia Pérez Cruz y Salvador Sobral fundieron su música, su arte, amistad y su admiración mutua en un concierto único que el público siguió en absoluto silencio.
"Qué mejor sitio que Galicia para unir nuestras voces", expresó el artista portugués, que explicó que este espectáculo conjunto "queríamos hacerlo desde hace mucho".
Para ninguno era su primer concierto en El Náutico. De hecho, para Silvia Pérez Cruz fue el octavo. "Pero siempre acompañando a otros", recordó la catalana. "Estamos muy contentos de estar aquí", añadió. La de O Grove fue su última actuación juntos en la península ibérica.
Las suyas fueron dos voces y una misma emoción. Ya quedó claro con los primeros acordes de El corazón por delante, el tema con el que abrieron este concierto, la primera vez "con el público de pie", como recordó Sobral, que bromeó con que "es el concierto ideal para eso".
Sobre un escenario al que ambos artistas quisieron trasladar parte de la escenografía de su gira, con el suelo cubierto de una moqueta roja y con lámparas de pie, lo que reforzaba el ambiente intimista que crearon, en forma de semicírculo, con los tres instrumentistas que iban con ellos.
Porque no, no solo ellos formaban este 'puente ibérico'. Darío Barroso a la guitarra, Marta Roma al chelo y Sebastià Gris, al bajo y como segunda guitarra; completaban una formación con la que, según Salvador Sobral, "nunca habíamos tocado tan bien como hoy".
Durante cerca de dos horas, en las que el portugués hizo gala de su gran sentido del humor y de su conexión con Galicia, en la que "nunca sé qué idioma hablar", ambos artistas interpretaron todas las canciones de Silvia & Salvador, el disco que han editado juntos.
Así, fueron sonando temas como Hoje já não é tarde, un fado "con sello ibérico" que escribió Luisa Sobral, la hermana de Salvador; Mudando os ventos, un "puto temazo que escribí yo", dijo entre risas el portugués; L'amour reprend ses droits, Este presente o Muerte chiquita, entre otros.

Hubo tiempo además para que Silvia Pérez Cruz interpretara en solitario uno de sus grandes éxitos, Mañana, o Pequeño vals vienés, una canción con letra de Lorca y música de Leonard Cohen y que, según dijo, "habéis tenido suerte porque ha sido la mejor versión de esta gira".
"Cantar en colectivo es algo sanador para todo el mundo", afirmó Pérez Cruz, que también quiso pedir al público, en relación a una sala de conciertos como El Náutico, que "cuidar estos espacios en los que poder tocar en directo debería ser una religión".
Lo hizo, junto con Sobral, tras manifestar "lo en contra que estamos" del genocidio en Palestina y defender que el escenario "es un espacio de libertad". Fueron los últimos instantes de un concierto con el que El Náutico quiso poner el broche de oro a uno de sus mejores veranos.