Le faltó suerte, energía y acierto al Cisne para dar la campanada frente a Anaitasuna. Los de Jabato fueron mejores por momentos a los de Quique Domínguez, pero los visitantes supieron solventar mejor los momentos de flaqueza y castigar con más dureza los bajones del rival.
Los blancos siguen ofreciendo buenas sensaciones, sobre todo el portero Villamarín, que sustenta a los suyos con paradas salvadoras, y Álvaro Preciado, un baluarte ofensivo al que por momentos le pueden las ganas y las prisas por tirar del carro. Sin embargo, el margen para conseguir las victorias necesarias para abandonar los puestos de descenso es cada vez más estrecho.
Golpearon primero los navarros, pero el Cisne no tardó en responder para igualar y después de varios minutos de desacierto de los atacantes y acierto de los porteros, los de Jabato fueron capaces de romper la igualada y ponerse por delante en el marcador. Pero una inferioridad de los locales la aprovecharon los visitantes para ponerse de nuevo en franquicia.
Entró luego el partido en una fase de intercambio de golpes que solo terminó cuando un inconmensurable Villamarín levantó un muro delante de su portería que frustró incontables acometidas rivales. En ataque, el Cisne lo aprovechó para remontar pero no fueron capaces de abrir brecha en el marcador. Ajustó piezas Anaitasuna y antes del descanso volvió a ponerse por delante.
Y eso que el Cisne tuvo opciones de irse a los vestuarios con tablas, pero una jugada de estrategia con el sello de Domínguez a falta de 15 segundos para el descanso acabó en gol para los visitantes (16-17).
Pareció sentarle mejor el reposo a los locales porque después de regresar a la pista, los de Jabato obraron otra remontada. Los cerca de 200 aficionados que acudieron al Municipal soñaban entonces con la machada. Pero el que acabó en la lona fue el Cisne. Domínguez hizo un cambio en la portería para dar entrada al gigante Patric, contra el que se estrelló una y otra vez los disparon cisneístas. Menos decisivo resultó Villamarín en el arranque de este segundo tiempo que vio como los suyos sucumbían con un parcial de 0-6.
Una inferioridad numérica de los navarros la aprovechó el Cisne para reducir distancias. Pero no fue suficiente. Otra exclusión, esta vez en el bando local, sirvió para que el Anaitasuna pegase el tiro de gracia con un parcial tan doloroso como lo inmerecidamente abultado del marcador final (28-32).