Si alguien pensaba que el temporal había pasado sin producir daños por Pasarón no imaginaba que en lo deportivo la tempestad llegaría con retraso con respecto a la climatológica. El Celta B fue un vendaval que aplastó a un Pontevedra con un enorme agujero defensivo y ausencia total de pólvora en ataque.
Peor que la contundente derrota fue la sensación de impotencia que dieron los de Luisito, que sufrieron una humillación deportiva en toda regla frente a un rival muy superior, técnica, táctica, físicamente y en cuanto a calidad individual.
Cierto es que el camino del triunfo celeste lo abrió una jugada polémica, con un penalti de esos de los que se producen casi en cada acción a balón parado, que pocas veces se pitan, pero que si se señalan tampoco se puede objetar nada, pero también que el planteamiento realizado por Alejandro Menéndez de esperar atrás y buscar las salidas en velocidad por bandas, especialmente por la derecha del Pontevedra, le salió redondo ante la falta de ayudas que los interiores realizaban a los laterales granates.
El resto lo hizo la tremenda calidad de los hombres de ataque vigueses. Mientras el Pontevedra llegaba y se perdía, con inocentes remates o envíos desviados, cuando el Celta recuperaba el balón la transición inmediatamente daba lugar al miedo en la grada, ante la falta de contundencia defensiva de los suyos.
Bastó el primer tiempo para dejar el partido sentenciado. Tanto que la mayoría de los aficionados locales casi hubiesen deseado que no se jugase el segundo. Si dos semanas atrás frente a otro de los aspirantes al ascenso como el Real Racing el Pontevedra compitió y mereció mejor suerte, en esta ocasión los de Luisito parecieron niños enfrentándose a gigantes, a años luz deportivamente hablando de sus rivales.
Decía el técnico de Teo que no se quejaría de las bajas que acumulaba, especialmente en la zona de ataque, pero lo cierto es que este Pontevedra, sin Mario Barco, David Añón, Kevin Presa e Íker Alegre, no puede ser el mismo, aunque todo hay que decirlo, el castigo no deba desmerecer ni empañar la temporada realizada hasta el momento, pero sí bajar de la nube a algunos que quizás olvidaron muy pronto de dónde venía el equipo no hace tanto.
Entrando en el partido en sí, decir que el Pontevedra comenzó dominando territorialmente a un Celta que salió replegado voluntariamente a la espera de sorprender a la contra. Los granates tuvieron la primera, pero Álex González cruzó su remate en exceso. La respuesta celeste sería fulminante. Un remate de Gus lo manda Edu a corner y en el lanzamiento el árbitro considera penalti una acción entre Portela y Alende. Borja Iglesias abría el marcador, engañando a Edu.
A punto estuvo el Pontevedra de empatar, pero Mateu remató flojo de cabeza y Néstor paró sin mayores problemas. Luego Samu convirtió su banda en una autopista para los suyos. Eneko (mal día escogió para debutar en Pasarón) no le siguió y el lateral celeste se alió con la fortuna para recoger un rechace corto a su centro y poner el balón junto al poste.
Con el Pontevedra tocado, aún pudo llegar la reacción. Un remate de Miguel, desde la frontal, lo rechazó con apuros el meta vigués. Uno que no acierta y otro que no perdona. Acto seguido Samu sube la banda y pone un centro perfecto. Por el carril contrario llegaba el otro lateral, Kevin, que se lanzó para rematar de cabeza batiendo a Edu y subiendo el tercero al marcador.
La contundencia y calidad celeste se puso de manifiesto nuevamente poco antes del descanso. Mera puso un balón interior a la espalda de Portela, que estuvo lento y Borja Iglesias no perdonó poniendo el balón junto al poste. El Celta había llegado con claridad sólo cinco veces, pero le fue bastante para lograr cuatro goles. Lo nunca visto en Pasarón en muchos años.
De justicia es reconocer que los granates tuvieron la entereza de no bajar los brazos, pese al contundente marcador y regresaron al campo entre aplausos de una afición que en su mayoría supo entender que no era momento de reproches y sí de estar al lado de su equipo, pero la montaña era demasiado alta para escalarla.
Luisito dio entrada a Álex Fernández por un desafortunado Eneko, pasando a jugar con un 4-4-2 como su rival, intentando ganar la batalla del centro del campo, más tarde lo haría con tres centrales. Le dio para equilibrar ligeramente el partido e incluso pasar a dominar territorialmente, pero no resolvió los problemas de falta de pegada ante la meta rival.
Con el Celta cómodamente manejando los tiempos y sin sufrir en exceso, Álex González falló por dos veces en sus remates en clara posición para reducir distancias. Mientras, cuando el Celta salía a la contra, la sensación de peligro era evidente.
Hicham tuvo en sus botas ampliar el roto. Jacobo pudo maquillar la cuenta. Ni uno ni otro acertaron. Hasta que el partido se endureció porque los granates interpretaron como simulación algunas caídas de los vigueses y respondieron enseñando las uñas. Afortunadamente se impuso la paz. Los de Luisito siguieron intentando hacer un gol hasta el final, especialmente por parte de un insistente Álex González, pero su voluntad elogiable fue insuficiente para suplir la falta de remate local.
PONTEVEDRA CF (0): Edu; Miguel, Portela, Bruno, Bonilla; Jacobo Trigo, Abel (Miki, minuto 81); Eneko (Álex Fernández, minuto 46), Mouriño (Jacobo, minuto 67), Álex González; y Mateu.
R.C. CELTA DE VIGO "B" (4): Néstor; Kevin, Róger, Alende, Samu; Brais (Agus, minuto 73), Gus, Borja Fernández, Mera (Dani Molina, minuto 83); Hicham (Adrián Rodríguez, minuto 67) y Borja Iglesias.
Árbitro: Pablo Arias Rodríguez (Castilla-León), auxiliado en las bandas por Samuel García Aguilera y Ángel Gómez Pérez. Amonestó a Portela, Abel, Jacobo y Bonilla, por el Pontevedra, y a Borja Iglesias, Róger, Samu y Néstor, por el Celta B.
Goles: (0-1) Minuto 20: Borja Iglesias, de penalti. (0-2) Minuto 25: Samu. (0-3) Minuto 34: Kevin. (0-4) Minuto 43: Borja Iglesias.
Incidencias: Estadio Municipal de Pasarón. Unos 3.500 espectadores.