Albergues abiertos pero sin peregrinos

Pontevedra
02 de abril 2021

La desescalada diseñada por la Xunta permite la apertura de los albergues de peregrinos desde el 12 de marzo, sin embargo los cierres perimetrales, el blindaje de Galicia al turismo extranjero y del resto de España, así como la incertidumbre de un virus que no da tregua dejan la ruta a Compostela desierta, las habitaciones vacías y a los empresarios ahogados

Los albergues de Pontevedra reabren en marzo pero están vacíos por la falta de peregrinos Mónica Patxot

Los albergues de peregrinos de Galicia pueden abrir sus puertas desde el 12 de marzo, pero los caminos a Compostela están desiertos. Las habitaciones colectivas pueden volver a llenarse con celosos protocolos de seguridad y aforo muy limitado, pero más que suficiente para alojar a los pocos caminantes que llegan a los establecimientos de la Boa Vila.

Pocos son los que se animaron a retomar la actividad con un panorama tan desolador. "Yo no tengo empleados, soy el propietario y los gastos los voy a tener que cubrir igual, por eso me compensa abrir", explica el dueño de Slow City Hostel, Jorge de Uña, que en este inicio de Semana Santa solo ha recibido la visita de dos peregrinos.

Las oscuras previsiones de esta campaña, que de no ser por la pandemia sería millonaria, han llevado a otros negocios a permanecer cerrados. "No abrimos porque no tenemos reservas, teníamos algunas del año pasado pero las cancelaron", confiesa la encargada del albergue Aloxa, Ana Redondo.

En la misma situación se encuentra otro albergue de la zona de O Gorgullón. "El cierre perimetral nos afecta, ahora mismo no tenemos reservas. Veremos a partir de mayo cómo está la situación porque abrir para una o dos personas no es viable", argumenta Francisco Vidal, dueño de Nacama Hostel.

La incertidumbre, la limitación de la movilidad o los cambios en las restricciones son algunos de los ingredientes de la particular crisis del Camino. "Es algo que se organiza con tiempo, con meses de antelación y esta incertidumbre no ayuda", explica de Uña. Además, las restricciones para entrar en Galicia a personas de otras comunidades autónomas o del extranjero limitan todavía más el público objetivo de estos negocios. 

Con esta situación, los albergues han reducido su actividad al mínimo y los empleados están todos en el paro o en el ERTE. "Nuestros empleados son fijos discontinuos, no tienen derecho a erte pero le han aumentado el paro tres meses y ahora se lo van a volver a aumentar", agradece Redondo una medida que ayuda a dar estabilidad a algunas familias que viven del Camino. 

En Acolá también prescindieron de su única empleada. "Estamos ahogados, la situación es complicada. Estamos trabajando nosotros y tratamos de reducir los costes", detalla Garrido.

El verano y la aceleración en la vacunación es el clavo ardiendo al que se agarran en este sector que tantas esperanzas tenía depositadas en el año Xacobeo. "La Semana Santa y la primavera están perdidas", asume en Acolá, quien ve "más intención de cara al verano pero sobre todo en habitaciones privadas", explica.

Menos optimista es Jorge de Uña quien intenta confiar en que lleguen vacunas suficientes para reabrir en verano con la mayor normalidad posible. Si es así, la campaña podría alargarse "hasta septiembre u octubre" para salvar la temporada estival.

Por si el flujo de peregrinos se reactiva, los albergues están preparados para cumplir con todas las normativas sanitarias. En Pontevedra, muchos tienen habitaciones privadas y las que son colectivas cumplen con todas las garantías. De hecho, en Acolá son todavía más precavidos y ya han decidido reducir a la mitad el aforo de estas estancias "hasta que se acabe la pandemia".

Un horizonte que parece muy lejano, mientras tanto los albergues subsisten con los escasos peregrinos que se animan a completar la ruta a Santiago. En las agendas ya están anotados pequeños grupos para los próximos meses, pero los que más usan ahora estas habitaciones son visitantes que llegan a la ciudad para realizar trámites administrativos o negocios.