Cuando llegas a Hong Kong, una región de más de siete millones de habitantes, y la primera persona que te recibe es también pontevedrés, te sientes casi como en casa. Eso es lo que ocurre cuando te encuentras con Álex Rodríguez, un operador de cámara que lleva ya casi cuatro años en China y que, poco a poco y con mucho esfuerzo y dedicación, ha logrado abrirse camino en el complicado mundo del audiovisual.
Para él, mudarse a más de 10.000 kilómetros de su casa fue como "empezar de cero por segunda vez". Lo hizo por amor. Conoció a una chica de Hong Kong, de forma casual, en el aeropuerto de Barcelona. "Vi una chica asiática muy mona y empecé a hablar con ella", recuerda. La joven estaba trabajando en España y, tras continuar el contacto a través de Internet, "acabamos siendo pareja". Ella incluso llegó a vivir unos dos meses en Pontevedra.
Pero una oferta de trabajo provocó que su novia tuviese que volver a Hong Kong. Y él, no se lo pensó dos veces. "Me fui de vacaciones para ver si me adaptaba a la ciudad, me gustó y decidí quedarme", explica este pontevedrés de 35 años. Dejó su trabajo en una cadena de televisión local para irse con ella. Asegura que no se arrepiente, aunque reconoce que sus primeros meses "no fueron fáciles" porque "mi nivel de inglés era muy bajo y el de chino era cero".
Para su integración en la ciudad china le sirvió su decisión de ayudar a su pareja "en una empresa que ella tenía además de su nuevo trabajo". Precisamente, una compañía con un gran volumen de negocio con España. "Nos dedicábamos a vender balones del merchandising oficial de muchos equipos españoles", entre ellos el Real Madrid, el Sevilla o el Málaga de fútbol, el Valencia y el Estudiantes de baloncesto o la propia federación española de fútbol sala.
Álex, después de un año, "echaba de menos el audiovisual", así que decidió probar suerte. El idioma fue, de nuevo, una barrera difícil de superar porque "todas las entrevistas eran en inglés". Se centró en un proyecto personal que, al final, le abrió las puertas a poder vivir de su trabajo y "mucho mejor pagado que en España", aunque también sea mayor el coste de la vida. "Un piso de 70 metros no lo encuentras por menos de 1.000 euros al mes", señala.
Durante cuatro meses estuvo grabando un 'time-lapse' -una conocida técnica fotográfica que acelera imágenes tomadas en un mismo punto a lo largo de un periodo de tiempo determinado- por toda la ciudad de Hong Kong. "Me tocó la lotería con eso, porque ese trabajo gustó mucho y, tras colgarlo en mi canal de YouTube, me empezaron a llamar de diferentes productoras para comprar mis clips".
Tras colaborar, entre otros proyectos, con un documental sueco y en la realización de videos turísticos, Álex Rodríguez ha trabajado para grandes marcas como Nike, Adidas, Ali Baba "que es una de las grandes empresas del mundo, una especie de eBay chino" o editando piezas informativas para Vice, un canal de noticias de Los Angeles. Llegó incluso a hacer su pinitos como traductor y como modelo, aunque asegura que "no me gusta mucho hablar de ello".
Asegura que no se arrepiente de marcharse, aunque reconoce que sus primeros meses "no fueron fáciles" porque "mi nivel de inglés era muy bajo y el de chino era cero"
Debido a esa vorágine laboral "hace dos años y medio que no he vuelto a Pontevedra", aunque afirma que "no me arrepiento porque de haberlo hecho, hubiese cortado mi progresión". Eso sí, reconoce sentir "cierta morriña" al estar lejos de su familia y de sus amigos, aunque también añora "el pulpo, el churrasco y el marisco", asegura entre risas. "Y la fiesta gallega, porque aquí se acuestan muy pronto".
Lo peor de Hong Kong, explica, es que sea una ciudad "con un ritmo demasiado estresante" y que, hablando de su trabajo, "apenas hay creatividad, todo el mundo quiere una copia de algo que ya esté hecho y funcione". Son muchos clientes, dice, los que llaman a su puerta "porque han visto un video que les gustaba y te piden que lo hagas igual, incluso con la misma música", al entender que si esa pieza audiovisual ha tenido éxito "ellos quieren tener lo mismo".
Por eso, su tiempo libre lo dedica a proyectos personales en los que plasmar su propia visión creativa. "Me gusta hacer cosas que, cuando trabajo para otros, no me dejan y cuando lo hago, acabo consiguiendo trabajos nuevos", afirma. "Igual soy el único aquí que lo hace, pero no puedo perder eso". Y quien sabe, quizá, poder hacer en Pontevedra uno de esos 'time-lapse' que tanto éxito han tenido en China. "Me encantaría. Ya tengo pensado hasta donde hacerlo".