A las siete de la mañana, mientras la Praza de Barcelos aún se despereza, ya hay movimiento en el número 13. Dentro del Café-Bar O´Cañón de Pau, en la cocina, Alfonso González pone a calentar las ollas con producto casero antes de la apertura a las 10:00 horas.
Mientras, algunos clientes de confianza, entre ellos, el propio presidente de la Xunta, Alfonso Rueda, "levantan ellos mismos la persiana" y entran a por su primer café del día. "Saben que estoy dentro y abren sin problema", cuenta González entre risas.
Así empieza cada jornada en este histórico establecimiento familiar que el próximo 1 de diciembre (fecha que indican en su facebook, aunque desconocen el día exacto, solo que abrieron a finales de 1984) cumplirá 41 años desde que Alfonso, natural de Loureiro (Cotobade), y su esposa, María Jesús "Susi" Cerviño, de Pedre (Cerdedo), abrieran sus puertas.
Juntos eligieron un nombre con historia en su tierra: el "Cañón de Pau", en homenaje a aquellos cañones hechos con troncos de madera y argollas con los que los vecinos de Cotobade resistieron la invasión de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia (1808-1814).
Desde entonces, este pequeño negocio ha visto pasar tres generaciones de clientes, cuatro remodelaciones de la plaza y miles de historias. "Tengo la tercera generación de clientes, ya venían los abuelos, los padres y ahora hijos y nietos", recuerda Alfonso, que sigue trabajando largas jornadas de incluso 16 horas "hasta que el cuerpo aguante".

Alfonso y sus hijos David y Adrián forman un equipo que se coordina a la perfección. David se encarga de la barra, Adrián atiende las mesas y también ambos ayudan en cocina o con los recados. Desde agosto, cuentan con Raquel, la nueva cocinera que "se adaptó genial" y que ahora comparte con Alfonso el mando de los fogones.
"La cocina se nota mucho sin mi madre, pero Raquel lo hace muy bien", confirman los hermanos. Alfonso asiente mientras habla con enorme cariño de su esposa, por la que el año pasado cerraron seis meses el local para acompañarla "en el cáncer que tiene y se le complicó"; al tiempo que se emociona al recordar a su clientela, "que son como de casa", al punto de que "los clientes se nos ofrecieron ir a quedar con ella y todo".
Antes de este revés, la pandemia obligó a ajustar los horarios. Ya no abren tan temprano al público, abandonaron la jornada continua y cierran los domingos, además de las tardes de miércoles y sábados. "Antes abríamos de ocho y media de la mañana hasta la noche, ahora abrimos a las diez. Después de comer cerramos un rato y reabrimos a las 19:30 hasta las 23:00", explica Alfonso.
Tampoco olvida a la comunidad de vecinos del edificio en cuyo bajo se encuentra el local: "En cuarenta años nunca se quejaron de nada, y cada Navidad nos regalan una cesta. Les estamos muy, muy, agradecidos, a los vecinos y a todos nuestros clientes."
Si algo caracteriza a O´Cañón de Pau es el trato cercano, por lo que la tecnología no manda: las comandas no se apuntan, sino que se memorizan. "Todo a lo antiguo, los pedidos son de palabra y el ordenador soy yo", bromea Alfonso señalando su cabeza.
El menú del día cuesta 13 euros, el café 1,30 y cada consumición va siempre acompañada de su tapa, porque "así lo manda la casa".

Entre las especialidades, Alfonso destaca los calamares, tan populares que hay quien cruza media ciudad para probarlos o incluso varios kilómetros. "Tenemos clientes que a lo mejor vienen dos veces al mes y cuando se sientan ya no tienen que pedir porque ya sabemos lo que quieren y se lo servimos al momento", afirma Alfonso con un guiño cómplice.
"Aunque no a todos les gustan por igual", añade su hijo David con intriga, y aclara:. "Una turista de Madrid escribió en Google que eran ‘los peores calamares que he probado’. Bueno, hay gustos para todo", ríen.
En realidad, las reseñas hablan por sí solas: el Cañón de Pau tiene una puntuación media de 4,7 sobre 5 en Google, con más de 750 opiniones que destacan la comida casera y el trato familiar. Porque en este local a todos se le trata por igual: "Los obreros, los turistas, los vecinos, los peregrinos o el presidente de la Xunta, todos son iguales".
Insiste Alfonso en que no hay reservas ni tratos especiales. "Si estamos atendiendo a otro cliente, o las mesas están llenas, esperan como cualquiera", subraya con sinceridad.
Su fama creció precisamente cuando Alfonso Rueda lo mencionó como su bar de confianza, pero en sus mesas también se han sentado Alberto Núñez Feijóo, Ana Pastor, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, o deportistas del Teucro y la Selección.
A lo largo de los años, el Cañón de Pau ha sobrevivido a crisis, obras en la plaza y momentos difíciles, como la enfermedad de Susi. Pero si algo demuestra esta familia es que son una piña y que nunca pierden la sonrisa.
Este 7 de noviembre, la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE) de Pontevedra reconocerá esa historia de constancia y buen hacer con su Premio Honorífico a la trayectoria. Es la primera vez que AJE entrega este galardón a un pequeño negocio.
"No contábamos con ello. Nosotros no hacemos publicidad ni regalamos bolígrafos ni almanaques en Navidad; nuestro detalle es con el cliente directamente, trabajar y atender bien al cliente, eso es lo importante", resume Alfonso.