La silueta del Santuario de la Peregrina recupera, poco a poco, su imagen más reconocible. La cruz del pináculo de la torre Sur, la del campanario, ya vuelve a coronar el templo, un hito visible en plena recta final de las obras de restauración que todavía mantienen los andamios en pie.
Esta actuación se enmarca en la intervención integral iniciada el pasado 28 de agosto, con un plazo inicial de seis meses y un presupuesto cercano a los 300.000 euros.
Sin embargo, Patrimonio ha autorizado la prolongación de los trabajos hasta finales de abril tras detectarse un deterioro de la piedra muy superior al previsto, especialmente en la fachada principal y las torres.
La empresa adjudicataria, Gallaecia Obras, ha tenido que intensificar las labores con más ensayos, técnicas específicas y personal especializado.
En estas semanas se ejecutan tareas minuciosas como la restauración de elementos ornamentales, la eliminación de sales, rejuntados y la reconstrucción parcial de cornisas.
Los avances comienzan a ser visibles. La colocación de la cruz simboliza ese progreso en un edificio que ha sufrido múltiples vicisitudes a lo largo de su historia.

No es la primera vez que estos elementos son intervenidos pues en 1999, un rayo obligó a retirar la cruz de la torre Norte, que sería restaurada cuatro años después por la Escola de Canteiros.
El templo arrastra episodios aún más antiguos. En 1795, solo un año después de la terminación del templo, una tormenta derrumbó parte de la torre Norte, cuya reconstrucción no se completó hasta casi ocho décadas después.
Ya en el siglo XIX, cuando estaba a punto de ser demolido el antiguo hospital de San Juan de Dios, situado en la actual plaza de Curros Enríquez, instalan su reloj en la torre Norte y las campanas que presidían la fachada se trasladan a la torre Sur.
La historia reciente también deja anécdotas singulares, como el robo en 2008 de cableado del pararrayos por parte de un individuo francés que aprovechó para subir a lo más alto de la estructura que en aquel momento estaba instalado otro andamiaje en la fachada del templo, correspondiente a las anteriores obras de restauración.
Mientras tanto, la restauración avanza condicionada por la complejidad técnica y el estado del material, pero con la vista puesta en devolver al emblemático templo su aspecto original, ahora ya con una de sus cruces nuevamente en lo más alto.