Cuatro niños reciben ayuda para no asumir como "normal" la violencia sufrida por sus madres

Pontevedra
20 de noviembre 2016

Entre los ocho y los quince años. Son las edades que tienen los cuatro niños, pertenecientes a tres familias diferentes de Pontevedra, que ya están recibiendo ayuda por parte del programa municipal de apoyo a los hijos y hijas de las víctimas de violencia de género

Menor a la salida de clase
Menor a la salida de clase / Parlamenteo Europeo

Entre los ocho y los quince años. Son las edades que tienen los cuatro niños, pertenecientes a tres familias diferentes de Pontevedra, que ya están recibiendo ayuda por parte del programa municipal de apoyo a los hijos y hijas de las víctimas de violencia de género.

Todos ellos están recibiendo, por parte de los servicios sociales del Concello, tratamiento psicológico y soporte emocional para que los niños no asuman como "normal" esta violencia.

El programa trabaja con ellos después de que estos niños hayan presenciado agresiones psicológicas y físicas a sus respectivas madres.

El trabajo de atención que se le está prestando se hace de manera personalizada y alternando tanto sesiones individuales como compartidas con la madre. 

Los asistentes sociales de este programa recuerdan que estos niños, en vez de estar ocupados en juegos, estudios, hacer deporte o disfrutar de los amigos y de la familia, eran testigos de episodios de humillación y violencia de género y víctimas de un clima de tensión familiar que derribó su mundo afectivo, minó su autoestima y su capacidad de relacionarse.

En las sesiones individuales se trabaja con el menor a través del juego y con dinámicas específicas con el fin de aportarle estrategias mentales que le ayuden a conseguir la estabilidad emocional, a confiar en las relaciones afectivas y sociales y a desterrar conductas violentas. En las sesiones con las madres se les ayuda a tener herramientas para continuar en la casa el trabajo hecho en la consulta.

Estos niños tienen por delante un reto "muy duro", según los servicios sociales, ya que desarrollan "emociones contenidas" de ansiedad, rabia, dolor o depresión, sufren aislamiento y tristeza, tienen sentimientos de culpa, niegan la violencia vivida e incluso asumen el rol de protección de los hermanos y de la propia madre. 

Dichas situaciones pueden ser el punto de partida para que los niños desarrollen una autoestima debilitada, una conducta de agresividad o habilidades social pobres.

Por ahora son cuatro los niños que participan en este programa de intervención pero "no tiene límite de plazas", recuerda la concejala de Bienestar Social, Carmen Fouces.