El año nuevo entró con mal pie en el Camino de Santiago. Si cada invierno el volumen de peregrinos se resiente, los albergues esperaban ansiosos la llegada de la Semana Santa, que marca el inicio de la temporada alta en la ruta compostelana, pero la pandemia del coronavirus arruinó la llegada de los primeros caminantes de la vía portuguesa en la que todos los albergues permanecen cerrados desde el 13 de marzo. "La Semana Santa está perdida porque no se va a poder abrir y si se pudiera, solo vendrían peregrinos de zonas cercanas", lamenta el presidente de la asociación Amigos do Camiño Portugués, Tino Lores.
La incertidumbre sobre la duración del confinamiento tampoco contribuye al optimismo. "El Camino está cerrado, nosotros tenemos a una persona en el albergue pero desde el viernes no ha llegado nadie. Tampoco sabemos cuánto va a durar, estamos pendientes de lo que nos vaya diciendo el Gobierno", detalla el gerente del albergue público de peregrinos de Pontevedra.
A pesar del encierro, las buenas previsiones de llegada de peregrinos para este año siguen intactas. "Por ahora las reservas de grupos grandes para el verano no se cancelaron", reconoce Lores, a quien por el momento solo le consta la suspensión de la llegada de un grupo de cincuenta peregrinos portugueses con discapacidad intelectual que tenían previsto completar el Camino durante la Semana Santa.
Otro motivo para la esperanza que ronda la mente de los que se ganan la vida con la ruta xacobea es que "después de tantos días de encierro, habrá mucha gente que querrá hacer el Camino para liberarse", confían desde la asociación.
El decreto del cierre de albergues por la pandemia no cogió por sorpresa a los albergues. A finales del mes de febrero, la situación en Italia y los primeros casos en España ya había puesto en alerta al sector. "Lo que está haciendo la UME ahora nosotros ya lo hacíamos antes. Medíamos la temperatura a los peregrinos y les dábamos limpiamanos. Ninguno superó los 36 grados", confiesa Lores, quien atendió a visitantes procedentes de diversos rincones de Europa, italianos incluidos. "A partir de enero dejaron de venir asiáticos", puntualiza.
En el momento de cerrar las puertas, había siete personas alojadas en el albergue pontevedrés en medio de su peregrinación hacia Santiago. "No podían continuar a pie porque no se iban a encontrar albergues abiertos", contextualiza Lores. Algunos optaron por coger un tren hacia la capital gallega, otros prefirieron cancelar su viaje y algunos se fueron de hotel a la espera de acontecimientos. "Teníamos a un brasileño que consiguió llegar hasta Muxía, me llamó hace unos días para contarme que ya había regresado sin problemas a Brasil", detalla.
La duración de la cuarentena y el tiempo que estará suspendida la actividad en los albergues es todavía desconocida. La sociedad está convencida de que se prolongará más de los catorce días decretados por el Gobierno, pero en el Camino de Santiago están convencidos de que la peregrinación regresará con fuerza cuando se restablezca la normalidad. "Después de todo esto, el Camino se va a recuperar y el 2021 seguro que va a ir bien", augura sin perder la esperanza el presidente de la asociación Amigos do Camiño Portugués.