"Por fin se acaba el periplo judicial de Olga y su hija". Así recibía el Colectivo Feminista de Pontevedra la sentencia condenatoria por la que la Audiencia Provincial impone once años y dos meses de prisión a un vecino de Poio que en tres ocasiones abusó sexualmente de la hija de su pareja, una menor que tenía 14 años cuando se produjo el primer episodio de abusos y 16 cuando ocurrió el último.
Cuando se celebró el juicio contra este hombre el pasado mes de octubre, el Colectivo Feminista quiso estar presente a las puertas de la Audiencia Provincial para dar su apoyo a la madre de la víctima, Olga, socia de esta entidad, y, ahora que se conoció la condena, aplauden que el hombre haya sido condenado en término similares a los que pedían la Fiscalía y la acusación particular, 15 años y nueve meses.
La entidad feminista pontevedresa es habitualmente muy crítica con las resoluciones judiciales de la que suelen calificar como "justicia patriarcal", pero consideran que esta sentencia demuestra que es posible otra realidad. "Muchas veces es complicado demostrar todo esto, pero en este caso sí hubo justicia. Esto es cómo deberían tratarse todos los casos y la justicia que se debería hacer", señala Jennifer Iglesias, presidenta del colectivo.
Con este fallo, "por fin se hizo justicia" y, tal y como avanzan desde el colectivo, "es como un renacer para ellas, por fin pueden comenzar a descansar". Esta sentencia no solo condena al agresor, sino que "reconoce todo el sufrimiento" de la víctima y que quien se lo causaba era la pareja de su madre.
Con este proceso judicial, la madre de la víctima pedía justicia y todo su entorno quería que ella, su hija y los otros dos hijos que tiene con el agresor puedan "empezar a vivir" porque saben que el agresor estará privado de libertad y ellos podrán estar tranquilos.
La sentencia aún no es firme y cabe la posibilidad de presentar un recurso, pero es una victoria para las denunciantes. De todas maneras, llega tarde. Los procesos judiciales "son muy largos", recuerda Jennifer Iglesias. Los hechos comenzaron en 2016, fueron denunciados en 2018 y se juzgaron en 2021, "un espacio de tiempo en el que no es justo que estas personas no puedan vivir".
Ahora que se dictó la sentencia, la madre de la víctima le dio las gracias al Colectivo Feminista por la sororidad que le dieron concentrándose a las puertas de la Audiencia y también por ayudarla haciendo "piña" y dándole "fuerza".
Para el colectivo, este fallo también es motivo de esperanza, pues "iba siendo hora de que esto pudiese suceder" y ayuda a esperar un buen resultado de otros casos aún sin juzgar. "Son tantos casos y en la mayoría acabas desesperándote", señalan. Ahora, tienen ánimos renovados porque "cuando quieren, se hace justicia".