El ocio nocturno está de vuelta. Y con él regresa la fiesta, el baile, las copas, la diversión y los encuentros con viejos conocidos, pero también con personas por conocer. La del sábado fue una salida neutralizada, el pistoletazo de verdad está cerca. El 1 de julio si todo va bien.
Pero para abrir boca 45 privilegiados tuvieron la oportunidad de disfrutar de un breve pero sabroso aperitivo en La Pomada y despejar de un plumazo el temor que volaba desde el estallido de la pandemia: "¿volveremos a salir como antes? Sí".
Sí porque la prueba piloto, a falta de que los asistentes confirmen con una segunda PCR que no se ha producido ningún contagio, ha sido todo un éxito tanto a nivel organizativo como por el comportamiento de los clientes.
No es fácil canalizar la euforia de 50 personas que llevaban un año esperando ese momento, pero Dani Lorenzo y su equipo de ocho trabajadores lo hicieron a la perfección. Las omnipresentes mascarillas impedían confirmar la sonrisa que se adivinaban en las miradas de los invitados, reunidos en pequeños grupos y siempre a metro y medio de seguridad de los demás. Y si entre trago y trago alguien olvidaba recolocarse el cubrebocas, un miembro del staff siempre estaba atento para recordárselo con amabilidad.
Un esfuerzo que serán los propietarios de estos locales quienes valoren si ha merecido la pena porque las cajas, como la sala de baile, seguro que se han quedado medio vacías. O medio llenas.
Pero la rentabilidad de este primer baile se queda en un segundo plano por la emotividad de la cita. A las 21 horas se abrió la puerta del ocio nocturno. Jornada calurosa, de playa y una hora poco habitual para meterse dentro de un pub. Por eso la llegada de los invitados acabó dilatándose más de lo previsto.
A cuentagotas, en la entrada de la calle Real iba arremolinándose la gente. Mientras el portero comprobaba los datos y medía la temperatura, en la praza del Teucro los clientes de las terrazas del Bruc o La Tienda de Clara observaban con una mezcla de envidia y satisfacción el relanzamiento de la noche.
En el interior reinaba el ambiente de las grandes citas, el de las celebraciones. Lorenzo y los suyos se cansaron de recibir felicitaciones y mensajes de apoyo. Y los clientes, que por fin volvían a encontrarse con viejos conocidos en un pub, conversaban sobre las ganas que tenían de que llegase este día.
Y todo regado por las bebidas servidas en las barras, aunque algunos temían que este servicio iba a pasar a la historia por la pandemia. Eso sí, la jornada fue como una sesión de masaje para estos profesionales acostumbrados a lidiar con decenas de clientes achispados reclamando su atención para rellenarle el vaso.
Y entretanto, las música volvía a retumbar en las tres salas de este local, el DJ volvía a recibir peticiones para poner por enésima vez la canción de moda, la célebre jaula de La Pomada volvía a brillar con los flashes de los móviles y los pontevedreses, que celebraron con aplausos el encendido de luces que marcaba el final de la cita, ya saben que este solo ha sido el primer baile.