El servicio a domicilio salvó a las vendedoras de la plaza de Marín durante el confinamiento

Marín
05 de junio 2020

La presidenta de la Asociación Praza de Abastos de Marín, Begoña Rosales, reconoce las dificultades para mantener la actividad durante las primeras semanas del estado de alarma y la necesidad de adaptación del sector a la venta a través de Internet

Begoña Rosales, presidenta de la Asociación Praza de Abastos de Marín
Begoña Rosales, presidenta de la Asociación Praza de Abastos de Marín / GALP Ría de Pontevedra

Las plazas de abastos fueron uno de los sectores afectados por el confinamiento del estado de alarma. La imposibilidad de salir de casa y la obligatoriedad de acudir al supermercado más cercano a domicilio hizo caer de forma drástica la afluencia de clientes a la plaza de Marín, cuyo colectivo de vendedores tuvo que modificar su funcionamiento para sobrevivir.

"En las primeras semanas estuvimos fatal, pero empezamos a llevar el pescado a domicilio, sobre todo a la gente mayor que no podía venir", reconoció la presidenta de la Asociación Praza de Abastos de Marín, Begoña Rosales, en una conversación con miembros del Grupo de Acción Local do Sector Pesquero Ría de Pontevedra.

Aun así, muchos puestos se vieron obligados a cerrar durante las primeras semanas del estado de alarma. "No había clientes", argumenta Rosales. Fue esta circunstancia la que obligó al sector a reinventarse. "Había dos tipos de clientela. La que encargaba para varios días y le llevábamos el pedido a casa y la que, en el segundo mes, te llamaba por teléfono para hacer el encargo y pasar luego a recogerlo. Eso nos fue dando la vida", reconoce.

Sin embargo, actualmente la actividad sigue estando lejos de su plenitud. "Por ahora abrieron algunos bares de playa y pequeñas taperías que van llevando pescado azul como xoubas, xurelos o sardinas. Con el buen tiempo tienen ganas de pescado azul", señala en referencia a la hostelería, uno de los clientes más importantes para este sector.

La adaptación a la nueva normativa sanitaria supone otra dificultad. "La máscara no es fácil de llevar porque son muchas horas y con el calor la cosa se complica, pero todo el munbdo la pone porque es bueno para todos. Los guantes ya los usábamos y para la limpieza tenemos contratada una empresa de desinfección", detalla Rosales.

Más complicado es adaptarse a las restricciones de acceso a las lonjas. "Tenemos problemas para entrar en la lonja de Vigo. No podemos ir todos los días, estamos divididos en pares e impares. Tiramos unos compañeros de otros, nos ayudamos. Hoy no pude ir y tuve que encargarle el pescado a una compañera, mañana se lo traeré yo a ella", ilustra la vendedora.

Adaptarse a las nuevas formas de consumo que la pandemia obligó a implantar será clave para la supervivencia de un sector que está preparando su salto a la Red. "Ahora estamos trabajando en un sistema de reparto a domicilio y en un marketplace para vender por Internet destinado sobre todo a la gente joven para que pueda ver todos los días lo que tenemos", concluye la presidenta de la Asociación Praza de Abastos de Marín.