La parroquia del Divino Salvador de Lérez ha sido el escenario elegido por Enrique Malvar para dar sus primeros pasos como sacerdote.
Recién ordenado en la catedral de Santiago, el joven de 25 años regresó a su lugar de origen para oficiar su primera misa solemne el pasado 11 de julio, en el Mosteiro de San Salvador, coincidiendo con la romaría de San Benitiño de verano.
Apenas una semana después, el sábado 18, celebró también allí su primer bautizo.

"Para mí ha sido un motivo de inmensa alegría poder haber celebrado esa primera misa solemne en Lérez. Es decir, estrenarme donde me bauticé, donde hice la comunión, donde me confirmé y verme rodeado de tanta gente que me conoce prácticamente desde que llevaba pañales... ha sido una inmensa alegría", afirma Malvar.
El nuevo sacerdote insiste en que su vocación surgió "de una manera muy natural". Recuerda que su relación con la Iglesia comenzó como la de "un joven normal", que acudía a catequesis "muchas veces obligado y sin ganas".
"A veces era insoportable asistir. No aguantaba a los catequistas, ni la catequesis, nada. Era un aburrimiento", reconoce. Sin embargo, con el paso del tiempo, "fui cogiendo el gusto. Ya iba quejándome menos, hacía misa de monaguillo, lecturas, cantos...".
El punto de inflexión llegó en la adolescencia, cuando un sacerdote de la parroquia le lanzó la pregunta que marcaría su futuro: "¿Y a ti no te interesaría entrar en el seminario y probar?".

La pregunta le quedó rondando en la cabeza y, tras finalizar el bachillerato y la selectividad, tomó la decisión definitiva.
"En junio hago la selectividad y en septiembre ingreso en el seminario mayor. Fue un momento concreto, algo natural. Un chico de parroquia, como tantos, que podía haber hecho una carrera, pero decidió entrar en el seminario", resume.
Apenas unas semanas después de su ordenación, Malvar explica que su futuro dependerá de la decisión del obispo, que, tras reunirse con sus vicarios y ver las necesidades de la diócesis y los perfiles de los sacerdotes, "va moviendo según la necesidad y la personalidad de cada uno".
"A lo mejor un joven sacerdote que tiene facilidad de palabra, pues puede estar mejor, por ejemplo, en un grupo de jóvenes que en unas parroquias de aldea con cuatro ancianos, o al revés. A lo mejor hay un sacerdote que se le dan mejor los enfermos y que vale para ser capellán de hospital, y a lo mejor no puede estar en determinada parroquia", indica.
Lo que está claro es que el contexto actual de la Iglesia es diferente a otros años.
"Cada vez somos menos y cada vez hay más trabajo", lamenta. Esta realidad la atribuye tanto al descenso de la vocación como al aumento de parroquias, hospitales y colegios que atender.

Aún así, dice que la actualidad "no se puede comparar con tiempos pasados. Cada tiempo es el que es. ¿Que hacen falta sacerdotes? Pues sí, pero la Iglesia no se puede entender solo con criterios humanos. Yo creo que la Iglesia la lleva Dios.
En esta línea, apunta que, aunque el número de ordenaciones no es el de décadas anteriores, en la diócesis de Santiago hay alguna ordenación cada año. "Evidentemente no es como otros tiempos, pero también la situación de las parroquias, de las familias, no es como antes", señala.
Tras estas dos primeras celebraciones, Enrique Malvar inicia una nueva etapa con la idea de "no mirar para atrás y llorar, sino ver lo que tenemos, afrontarlo con paz y sosiego, porque es Dios quien dirige, y llegar hasta donde podamos".
Añadir Pontevedra Viva como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.