Ha vuelto a pasar. Justo cuando se cumple un mes del último vehículo que quedó "atrapado" en las escaleras que conectan la Plaza de Ourense con A Ferrería, la escena se repitió para sorpresa, y ya casi tradición, de los viandantes.
En esta ocasión, la protagonista fue una joven conductora extranjera que siguió fielmente las indicaciones de su GPS… quizá demasiado.
El navegador la condujo hasta un punto donde el asfalto se convierte, sin previo aviso, en escalones. Y allí quedó el coche, colgado y desconcertado, como si dudase del siguiente movimiento.
La intensa lluvia que caía sobre Pontevedra tampoco ayudó. Según explicó la conductora, la falta de visibilidad le impidió detectar a tiempo el inesperado "final de ruta".

Mientras esperaban la llegada de la grúa, una patrulla de la Policía Nacional recogía el testimonio en inglés, en una escena tan tranquila como curiosa.
No faltaron tampoco los espontáneos consejeros. Algún viandante, entre bromas, animaba a arrancar y avanzar "despacito, que seguro que no pasa nada".
La anécdota se repite con cierta frecuencia en la Boa Vila y siempre con los mismos ingredientes: conductores que no conocen la ciudad y un GPS demasiado optimista. Una combinación que, una vez más, convirtió las escaleras de A Ferrería en un inesperado punto negro y en una historia más para el anecdotario urbano.
