Efectivamente, el santuario de La Peregrina suda. Este lluvioso invierno ha incrementado las bolsas internas de agua que se acumulan en las paredes del templo. La fachada muestra los efectos de la humedad.
Según las explicaciones facilitadas por los técnicos municipales esto se debe a que La Peregrina está construida en piedra del país extremadamente porosa y alta capilaridad.
En agosto del 2008, concluyó la última restauración de la fachada del templo. Aquellos trabajos en los que se invirtieron 725.000 euros, incluyeron la sustitución del mortero del recubrimiento exterior (las paredes blancas que se ven) eliminando el cemento y aplicando cal. Los responsables de urbanismo del Concello nos aclaran que el mortero de cal es permeable, deja pasar la humedad y permite "respirar". Obliga a un mantenimiento periódico cada varios años, pero las ventajas son evidentes.
En cambio, el mortero de las paredes interiores sigue siendo de cemento (impermeable, por tanto), por lo que, algún día, habría que cambiarlo, para permitir la misma permeabilidad de la pared externa.
Por estos motivos en el interior de la capilla se genera bastante humedad. Al ser un templo pequeño, cuando se juntan muchas personas, el fenómeno se incrementa. Es habitual encontrar en la iglesia varios deshumidificadores funcionando.
Durante las obras, también se protegió al edificio de la humedad que entraba a través de la cubierta, que fue completamente reparada. Además, se forraron con plomo todos los aleros y petos para evitar que el agua chorrease directamente sobre las paredes.
De todas formas, la principal vía de entrada de humedad al interior de los muros es a través de la cimentación y vuelve a derivarse del tipo de piedra utilizada, de gran belleza, pero también con ese problema de la capilaridad. Esto queda constatado por el hecho de que las humedades más intensas están en zonas bajas del edificio y en las fachadas más frías, que dan hacia el Norte.