Los comerciantes de la calle Peregrina se han cansado de las molestias que causan a diario un grupo de personas sin hogar que han establecido en esta céntrica vía su zona de estancia habitual. Gritan, molestan a los peatones, consumen alcohol y fuman y perjudican la actividad económica de los comercios de una de las calles más transitadas por peregrinos, turistas y ciudadanos.
"A súa presenza impide que a clientela acceda tranquila ao interior do local sen verse intimidada e isto resulta incómodo e está a restar clientela", recoge el escrito firmado por todos los comerciantes de la calle que presentaron en el Concello con una petición de reunión con los responsables de la concellería de Seguridade Cidadá para tratar de encontrar una solución a este problema.
La petición fue registrada en el mes de diciembre y desde entonces no han recibido respuesta por parte del gobierno local.
Y la situación, lejos de resolverse, empeora. Durante la Semana Santa fueron numerosos los casos en los que estas personas sin hogar increpaban o molestaban a los turistas. Este mismo jueves, uno de los indigentes que se establece en esta calle de forma recurrente, pasó buena parte de la mañana sentado delante de un portal fumando y consumiendo cerveza, practicando baloncesto de forma imaginaria, hablando a gritos y dificultando la entrada y salida de los residentes del edificio.
"Levamos así desde a pandemia. É bastante molesto. Xa non chamamos á Policía porque nos din que están na vía pública e non poden facer nada. Aínda así a presenza policial é moi pouca, hoxe en toda a mañá so pasou un coche", explican las dependientas de Pedemeia, uno de los establecimientos que más sufren su presencia.
"Deixan todo cheo de lixo, o noso local cheira a fume e temos que cerrar a porta. Se lle chamamos a atención, provócannos máis. Insúltannos, ameazan, baixan os pantalóns...", relatan con hartazgo las empleadas, que denuncian además que se ponen a trapichear en plena calle.
"Dan mala imaxe, non son agresivos, pero se impoñen. Entran a pedir nas tendas e cando se xuntan moitos póñense a berrar uns cos outros", añaden desde Juncal Golosinas.
De hecho, algunos de los empresarios que tienen comercios en esta calle han instalado elementos en sus escaparates para impedir que la gente se pueda sentar en ellos. En este sentido, muchos escaparates lucen carteles en los que piden a los peatones que no se sienten en los bordillos e incluso hay mensajes en un inmueble que recuerdan que se trata de una propiedades privada a la cual no está autorizada su acceso.
Por todos estos trastornos, los comerciantes confían en ser recibidos cuanto antes por el gobierno local para que tomen cartas en el asunto e incrementen la presencia policial. Tampoco quieren que los echen de esa calle para que se vayan a otra a molestar a otros comerciantes, sino que busquen una solución satisfactoria para todo el comercio local, la ciudadanía y el turismo.