Tres semanas después de comenzar con los trabajos de rehabilitación, el Pazo de Quintáns ya tiene su estructura asegurada. En esa tarea se ha centrado hasta ahora la empresa adjudicataria de esta actuación, que pretende corregir el actual estado de deterioro.
En estos primeros días, además, se hizo una profunda limpieza, se desmontó el tejado y los suelos hundidos y se ha recogido el escombro acumulado por los derrumbes y el abandono.
Los operarios ya han retirado la galería, los restos de tejado y se han asegurado y limpiado las paredes que forman la estructura exterior del pazo. En el interior, se están apuntalando y asegurando también las divisiones de las instalaciones.
Todo esto se está haciendo con el máximo cuidado y con la vigilancia de expertos en patrimonio para el cuidado de las piezas de gran valor que tiene el edificio.
El pazo, que cuenta con una finca de 9.000 metros cuadrados en los que hay también varias construcciones auxiliares, unos jardines y muros perimetrales, albergará el patrimonio arqueológico y arquitectónico del municipio cuando esté rehabilitado.
Después de la rehabilitación, la planta baja del pazo albergará una tienda, oficinas y el recibidor principal del museo.
En la planta superior se acondicionarán cinco salas. Una será un mirador galería, habrá otras dos salas de exposiciones permanentes y una de exposiciones temporales y, por último, una sala de proyecciones.
Otras construcciones de la finca, como un edificio auxiliar, acogerán una cafetería restaurante y también se habilitarán salas de educación ambiental en el gran hórreo.
La filosofía principal del proyecto de rehabilitación, que ha sido redactado por Mario Crecente y Asociados Consultores, es mantener las estructuras originales del pazo, sin derrumbar fachadas ni cubiertas, evitando modificaciones en la estructura original del edificio.