En el plazo de un año, el edificio número 3 de la calle Gutiérrez Mellado será historia. Y con él, una parte de las emblemáticas galerías Oliva. La fuga de comercios de la parte afectada comenzó tan pronto como salió a la luz la intención de los propietarios de derribar este edificio y el contiguo del número 11 de la calle Michelena, paralizado momentáneamente por Patrimonio de la Xunta.
En el limbo se encuentran los comerciantes de los bajos que no están directamente afectados por la demolición. Podrán mantener su actividad, pero el flujo de clientes se verá drásticamente reducido al cerrarse el acceso a las galerías por la calle Gutiérrez Mellado.
"Por aquí pasa muchísima gente y más en estos dias de lluvia. Pero si cierran uno de los accesos, la gente no va a entrar para salir otra vez a la misma calle", ilustra con preocupación el propietario de la zapatillería Mora el sentir general de las galerías.
Muchos se debaten todavía entre permanecer e intentar resistir o trasladarse a un lugar más amable. "Hace dos meses nos buscamos otro local fuera, en la calle Gutiérrez Mellado. Surgió la oportunidad y como no sabemos como va a quedar esto, decidimos salir a la calle", explican en la tienda de deportes Dequip, que ya ha inaugurado su segundo establecimiento. No obstante, el original de las galerías de la Oliva seguirá abierto, aseguran.
No ha ocurrido así con la agencia de viajes que se encontraba en frente. "Hace unas semanas se trasladó a la calle de la Oliva", explica la trabajadora de esta tienda.
La caída del flujo de peatones la dan por hecha y, aunque muchas de estas tiendas tienen una larga trayectoria y una clientela fiel, el temor a perder compradores es más que evidente. "Llevamos aquí 54 años y sería una pena tener que cerrar o tener que trasladarnos", se plantean con tristeza en la zapatillería Mora.
Más optimista es la peluquera de origen luso que abrió hace unas semanas su propia peluquería en estas galerías y a la que la noticia del derribo la cogió por sorpresa. "Estiven preocupada, pero falei coa xente e me dixeron que nesta parte non nos vai afectar e estou máis tranquila", señala con alivio.
De hecho, en los establecimientos de las zonas exteriores y cercanas a la calle de la Oliva el optimismo es mayor. El tránsito de gente por esta céntrica calle es constante y desde ella, son visibles los escaparates de numerosas tiendas que se encuentran en el interior de las galerías y que podrían servir de gancho para mantener con vida un histórico centro comercial al que los pontevedreses recurrían para hacer sus compras y resguardarse del frío y de la lluvia.