En un contexto en el que el sector de la hostelería ha visto cómo muchos no volvían a levantar la persiana y se quedaban por el camino de los cierres y restricciones, hay quien ha logrado resurgir incluso reforzado. Es el caso del 'Club del café' de la calle Riestra, que ha fortalecido su negocio a base de especialización y diversificación.
El negocio dirigido por Fini Acuña y Gonzalo Rodríguez, madre e hijo, sufrió, como todo el sector, un duro batacazo en marzo de 2020 cuando el estado de alarma les cerró las puertas. Para intentar resistir, fue habitual que los negocios se centrasen en el 'delivery' para llevar a la casa del cliente el servicio que antes de la crisis sanitaria consumían en su local. También Gonzalo y Fini lo hicieron y empezaron a servir 'café para llevar', pero ellos, además, hicieron de la pandemia oportunidad, y aprovecharon la cuarentena para impulsar una línea de negocio que en la época pre covid-19 era incipiente.
"La pandemia quizás nos hizo ver nuestro cliente potencial, por qué la gente acudía al Club del Café, y sin duda nos dimos cuenta de que venían a por el café que nosotros tostábamos, a por el paquete también de venta para casa y las infusiones, que son nuestro segundo producto principal", explica Gonzalo Rodríguez.
La respuesta a cómo resistir a la crisis actual la tenía en su propio bar y tenía dos caminos. Por un lado, decidieron centrarse en el café y las infusiones, dejando a un lado la venta de otro tipo de productos como cerveza u otros bebidas alcohólicas, para centrarse en "el cliente especial, el que valora nuestros productos". No querían que en un momento de aforos reducidos ese cliente fiel que acude desde cualquier parte de Pontevedra para tomar su café se quedase sin mesa porque la ocupase alguien que estaba consumiendo un producto que se podría encontrar en otro local.
El segundo camino que tomaron fue el de una tostadora industrial. Hace ya muchos años que en el 'Club del café' tuestan su propio café, lo traen verde de origen, de Brasil, Colombia, Etiopía, México, Kenia o Costa Rica, y lo tuestan ellos mismos, pero hasta ahora lo hacían con una tostadora de pequeño tamaño que tenían en su local situado frente a las Ruinas de San Domingos. Desde hace unas semanas, han comprado una de grandes dimensiones que les ha permitido diversificar su línea de neogocio.
Según explica Gonzalo, la tostadora del local es de kilo y medio de capacidad, y se les quedó pequeña "por la demanda, por el boca a boca y porque otras empresas quisieron comercializar nuestro café", de ahí que optasen por profesionalizar todavía más esa vía.
Para ello, alquilaron un nuevo local en Salcedo con registro sanitario propio y empezaron a vender al por mayor. "Hemos dado el salto aprovechando la pandemia", indica, y la respuesta inicial no pudo haber sido mejor. Además, el negocio les permite todavía seguir creciendo, pues la tostadora aún trabaja al 20% de su producción. En todo caso, escapan de ese crecimiento rápido, "queremos crecer con la calidad", aseguran. "No vamos a vender volumen, por eso no nos corre prisa, sino que preferimos coger clientes que realmente valoren mi producto y más que clientes van a ser compañeros, es decir, trabajando un poquito de la mano y que unos se nutran de los otros".
Desde su local de Riestra hace años que venden el café tostado por ellos a particulares, pero esta nueva tostadora les ha permitido llegar también a tiendas gourmet, otras cafeterías e incluso restaurantes con Estrella Michelín. El chef Pepe Vieira ha confiado en ellos y en su local ya sirve su café de Costa Rica que les venden, "muy seleccionado de una finca muy concreta", que es el que mejor marida con el menú que ofrecen.
"Es uno de los clientes que hemos tenido hace poco nuevo y que estamos encantados de trabajar con él", explica Gonzalo, que ve una gran oportunidad en este tipo de restaurantes, pues "se preocupan mucho por el producto, por lo que puedan ofrecer y por el sabor". Incluso desde el Club del Café se han involucrado en probar el menú y encontrar el café que mejor combinase con él.
Ahora, 14 meses después del estado de alarma, ya pueden decir que han resistido. "Llevamos un golpe económico muy gordo, pero resistimos. Fue duro, no vamos a engañar a nadie", reconoce, pero, salvo debacle, el 'Club del Café' seguirá en pie. Lleva 11 años siendo un lugar imprescindible para amantes del buen café -aunque desde dos locales diferentes- y se muestran muy agradecidos de contar con una clientela habitual que "valora un producto que consumimos a diario, pero que hasta ahora no se le ha dado la importancia que tiene".
Ellos responden a la "exigencia que busca el cliente habitual" con esta diversificación y especialización, pero sin olvidar su esencia. La explica Gonzalo: "Nuestro concepto principal es que compramos el café en verde a los diferentes países productores, siempre seleccionamos café de alta calidad que a la vez va ligado con el cultivo sostenible. Invertimos en materia prima de café en verde, pero para que también los caficultores pueden invertir en su propia finca y que todo sea una cadena igualitaria, que sea sostenible. Luego lo tostamos por separado, lo hacemos un cocinado diferente a cada café y a parte lo cocinamos por segunda vez en la cafetería".
En la actualidad, sus clientes pueden escoger entre diez variedades de café origen en grano y también entre la propuesta "de la casa", que es la combinación de dos cafés de Brasil y Colombia; y otro especial para máquinas espresso, un concentrado en el que mezclan dos tipos de Etiopía. Tampoco faltan los clientes especiales que piden mezclas concretas. Todo al gusto del cliente y todo servido por Gonzalo, que, aunque ahora diversifique con la tostadora, nunca piensa dejar la atención al público, pues "lo que me gusta es hacer el café, ver al cliente disfrutarlo y no perder el contacto. Realmente cuando más disfruto de mi trabajo es estando aquí día a día en contacto con el cliente".