Sin duda uno de los mayores alicientes del ciclo taurino de la Peregrina de este año lo constituía la presencia de la ganadería de don Santiago Domecq en el cartel que cerraba feria. Un cartel redondo, cuajado en sus matadores, que necesitaba que los toros estuviesen a la altura para dar el espectáculo que se esperaba. Y no fallaron.
Los Domecq fueron unos toros serios, encastados, bien armados, con unos pitones imponentes, de los que advierten peligro y aseguran que cualquier cosa que haga el diestro tiene mucho mérito y merece el mayor de los respetos, por el valor que hay que echarle para acercarse a un morlaco que impone con su presencia.
Astifinos, complicados, fieros, con calidad y largueza en la embestida. Acudiendo al cite con prontitud. ÿnicamente el que abrió plaza bajó ligeramente el nivel del encierro, pero no por falta de fiereza o de fuerzas, sino por lo complicado que se lo puso al matador al no fijar en la franela, impidiendo una faena ligada. Todos los demás fueron merecidamente aplaudidos en el arrastre, dejando en la afición la sensación de haber visto una corrida de toros diferente, de las de verdad, con emoción y riesgo, y eso en los tiempos que corren es mucho decir.
Justo era abrir la crónica de lo ocurrido con el merecido elogio a la ganadería, cuando tan difícil es ver actualmente un encierro de calidad. Y por eso, siguiendo con lo poco habitual, de justicia es también resaltar la labor, impecable, perfecta, de los protagonistas más denostados en casi todos los ruedos: los picadores. Habitualmente silbados, a veces incluso antes de que el toro llegue al caballo y reciba el correspondiente puyazo. En esta tarde los subalternos de las tres cuadrillas realizaron una labor excepcional, recibiendo el merecido reconocimiento y ovación del tendido al retirarse al patio de cuadrillas.
Pero como no todo iba a ser bueno, lo negativo de la tarde lo puso la lluvia, que dejó la arena del coso de San Roque convertida en bastantes sitios, especialmente en terreno de los medios, en un peligroso y resbaladizo barrizal que añadió un peligro evidente a los matadores, restando vistosidad a sus faenas y obligándoles a ser más conservadores en sus acciones, especialmente en los tercios de banderillas, donde cualquier resbalón podría provocar un grave riesgo de cogida.
De ese escenario, y a pesar de todo, surgieron las figuras inmensas de Miguel Abellán y David Fandila 'El Fandi'. Con tres orejas cada uno fueron capaces de abrir con todo merecimiento la puerta grande. Cerca se quedó de conseguirlo su compañero de terna, Juan José Padilla, pero el jerezano se topó con peor toro del encierro y debió conformarse con un sólo apéndice de su segundo enemigo.
Eso sí, los tres dieron todo un curso en una sola tarde de manejo del acero y acierto en la suerte suprema. Ni una sola vez hubo que utilizar el verduguillo para el descabello y los seis toros cayeron de forma rápida a manos de los diestros, con estocadas sensacionalmente ejecutadas y de gran efectividad.
Padilla lo intentó con el primero de la tarde, al que lanceó bien con la capa, poniendo tres excelente pares de banderillas, especialmente el tercero, al violín, a un toro que le apretó mucho en cada acción. Precisamente en ese último par ya debió ver el diestro que su enemigo no iba a permitirle el lucimiento, lo que hizo que volcase toda su rabia al colocar los rehiletes. Con la franela no consiguió sacar partido. Incapaz de fijar al toro, que salía suelto casi a cada pase, optó por una rápida faena de aliño, despachando a su enemigo y pidiendo perdón al público, citándose para su siguiente rival.
Era el turno de Miguel Abellán, que desde el comienzo hizo declaración de intenciones, recibiendo a su enemigo con dos "largas cambiadas", para lucirse por chicuelinas y rematar la seria con la capa con otra "larga" en los medios. Para evitar resbalones, ya que la arena comenzaba a ponerse difícil, optó por realizar su faena descalzo, cosa que también haría luego 'El Juli'. Estuvo bien, especialmente con la derecha, sacando el brazo, con mucho mérito ante un toro difícil, áspero y con evidente peligro. Valiente en las acciones finales, cruzándose en la cara del morlaco y exponiendo, remató con una estocada que le valió la primera oreja de la tarde.
Lo de 'El Fandi' en Pontevedra es un idilio que dura ya muchos años. Y el matador no decepciona nunca. lo da todo. Ofrece espectáculo y entrega y recibe el clamor popular de una afición que lo adora. Salió espoleado más aún por la actuación de Abellán y se echó a por su enemigo al que recibió también con dos "largas" apuradas en tablas, frente a un enemigo fiero, bravo, que le desarmó haciendo jirones su capote. Lejos de arrugarse se entregó en su especialidad, las banderillas, con tres soberbios pares, con "moviola" y "violín" incluidos, hasta terminar parando al toro y provocar que los tendidos coreasen su nombre por primera vez.
Con la muleta empezó de rodillas junto a las tablas. Luego lo intentó de todas las formas posibles, si bien el menor recorrido de su enemigo le impidió ligar series largas, ante lo que optó por tirar de repertorio de adornos, cuajando una faena trabajada y de mucho mérito. Como además mató de forma soberbia y fulminante, como suele hacerlo, obtuvo una oreja, con fuerte petición de la segunda, que la presidencia no concedió, mientras desde el tendido sonaban de nuevo los gritos coreando el nombre del matador.
La lluvia caída deja en mal estado la arena haciendo más peligrosa la lidia
Cuando saltó al ruedo el cuarto de la tarde la arena de San Roque ya no estaba para muchas fiestas y menos alegrías. Padilla lo vio y ya no quiso arriesgar poniendo banderillas, limitándose a lancear con la capa, tras una "larga" de salida y esperar su oportunidad con la muleta. Y no lo hizo mal. Comenzó toreando lento, con temple y clase, ante un toro con evidente peligro por su pitón derecho. Lo intentó al natural, pero las series se quedaron un tanto cortas y deslucidas por un par de resbalones de toro y torero.
Mejoró cuando decidió meterse en el terreno del toro, y su serie final de tres manoletinas con el adorno de remate, junto a una certera estocada, no le dieron para abrir la puerta grande, pero al menos le permitieron tocar pelo y despedirse del tendido con una oreja y expresivos gestos de agradecimiento hacia la afición pontevedresa.
Volvió a la carga Abellán en el quinto de la tarde. Decidido a triunfar a lo grande, el diestro madrileño dejó un ajustado quite por chicuelinas, con mucho mérito, brindando la muerte del toro a sus compañeros de terna. Luego estuvo torero desde el comienzo, con una serie por alto de enorme calidad y otra excelente con la mano derecha, cerrando con unos desplantes llenos de valor y un artístico abaniqueo que consiguió encender los ánimos del tendido. Su faena y la perfecta estocada con que la culminó le valieron dos merecidas orejas y ganarse el derecho a salir por la puerta grande.
Para entonces la afición estaba tan satisfecha que por primera y única vez en toda la feria el tendido hizo la "ola", como colofón a la vuelta triunfal del matador.
Abellán y 'El Fandi' consiguen tres orejas cada uno y salen a hombros. Padilla corta un apéndice
Faltaba el remate perfecto de una gran tarde de toros. Y lo puso David Fandila 'El Fandi'. El granadino se lució con la capa, puso en suerte a su enemigo por chicuelinas de una forma tan torera como vistosa y a pesar de las dificultades del ruedo no se arrugó, regalando tres grandes pares de banderillas, aunque eso sí, de frente, controlando los riesgos.
Empezó citando de rodillas desde los medios, dejando luego una muy buena serie al natural, en una faena seria, sentida, realizada fundamentalmente con la mano izquierda. La estocada con que la culminó fue de manual, metiendo el acero hasta la bola, en el sitio justo, haciendo rodar al toro de forma instantánea y sin necesidad de puntilla. Dos orejas, salida a hombros y despedida por tercera vez con gritos de "Fandi, Fandi" desde un tendido entregado al diestro granadino.
FICHA DE LA CORRIDA:
JUAN JOSÿ PADILLA: Media estocada bien colocada y efectiva (palmas). Estocada certera y rápida (una oreja).
MIGUEL ABELLÁN: Estocada ligeramente tendida (una oreja). Estocada sensacional (dos orejas). Sale a hombros por la puerta grande.
DAVID FANDILA 'EL FANDI': Estocada soberbia y fulminante (una oreja, con fuerte petición de la segunda). Estocada hasta la bola que hace rodar al toro sin necesidad de puntilla (dos orejas). Sale a hombros por la puerta grande.
De nuevo tres cuartos de entrada en los tendidos
Incidencias: Cuarta y última corrida del ciclo taurino de la Peregrina. Toros de don Santiago Domecq, bravos, encastados, serios, excelentes de presentación y juego con la excepción del primero, que fue el único que presentó problemas al matador. Cerca de tres cuartas partes del aforo cubierto.