En las calles de Pontevedra hay estos días un total de 16 perros guía de la ONCE acompañando a personas ciegas .
Son animales que no solo les ofrecen compañía, también autonomía, seguridad y libertad de movimiento.
Con motivo del Día Internacional del Perro Guía, que se celebra el 29 de abril, estos usuarios reivindican el respeto a su derecho de acceso a todo tipo de establecimientos, especialmente los de alimentación.
Bajo el lema “Perros guía, sí”, recuerdan que entrar en una frutería, una carnicería o un supermercado debería ser tan sencillo para ellos como para cualquier otra persona.
Las leyes autonómicas y la vigente legislación de bienestar animal amparan el acceso de los perros guía a espacios públicos o de uso público, incluidos comercios minoristas y locales donde se venden alimentos. Sin embargo, el desconocimiento sigue provocando situaciones incómodas o incluso discriminatorias, tanto para las personas ciegas como para quienes las acompañan.
Desde la ONCE y la Fundación ONCE del Perro Guía insisten en que este derecho no puede implicar costes adicionales ni restricciones por la presencia de otros animales.
También hacen un llamamiento a la ciudadanía para que contribuya a difundir esta realidad y normalizar la presencia de estos perros en la vida cotidiana.
El acceso, además, no se limita a tiendas ya que restaurantes, medios de transporte, centros educativos, sanitarios o espacios culturales forman parte de los lugares donde estos animales deben poder entrar sin trabas.
Las únicas excepciones son espacios muy concretos, como zonas de manipulación de alimentos, quirófanos, ciertas atracciones o el interior de piscinas.
Para dar visibilidad a esta jornada, la ONCE llevará el mensaje a cinco millones de cupones, ilustrados con la escena cotidiana de una persona ciega comprando en una frutería junto a su perro guía.
Detrás de cada uno de estos perros hay un largo proceso de formación y cuidados. Desde su nacimiento, su bienestar es prioritario. Durante su primer año conviven con familias educadoras que los socializan y los preparan para su futura labor. Ya en su etapa profesional, destacan por su carácter equilibrado, su capacidad de concentración y su disposición para el trabajo, sin renunciar a momentos de juego y descanso.
Más allá de su adiestramiento técnico para evitar obstáculos, señalar escalones o encontrar rutas seguras, estos perros poseen el llamado “desacato inteligente”. Son capaces de ignorar una orden si detectan un peligro, como un vehículo que se aproxima en silencio.
En definitiva, no son solo animales de asistencia. Son una extensión de la persona a la que guían, sus ojos en un entorno que, poco a poco, aspira a ser más accesible y comprensivo.