Seres indóMITOs: Carlos Rivas

Pontevedra
05 de julio 2026

Mito Meijón entrevista a Carlos Rivas, abogado pontevedrés, con una trayectoria marcada por el equilibrio entre el rigor jurídico y la calidez humana, priorizando siempre la honestidad

Carlos Rivas

Hay personas que entienden su profesión no solo como un oficio, sino como una forma de estar al lado de los demás cuando las cosas se complican. Carlos Rivas pertenece a esa clase de profesionales que saben que detrás de cada expediente, de cada juicio y de cada problema jurídico hay siempre una persona que necesita algo más que una respuesta técnica: necesita confianza, claridad y acompañamiento.

Abogado de larga trayectoria, pontevedrés convencido y trabajador incansable, Carlos transmite esa mezcla de rigor, prudencia y sentido común que solo dan los años de oficio bien ejercido. Habla del Derecho con seriedad, pero también con humanidad; de Pontevedra con orgullo; y de la vida con la mirada de quien ha aprendido que la palabra, la lealtad y el compromiso siguen siendo valores fundamentales.

- Dime una pregunta que no te guste que te hagan.

Más que una pregunta concreta, me incomoda cuando se habla de abogados que “se venden”. Después de más de 30 años de profesión, nunca he visto ni sospechado algo así. No lo digo por corporativismo, sino por experiencia.

- ¿Cómo es tu relación con Pontevedra?

Íntima. Para mí es la mejor ciudad del mundo. Aquí nací, aquí vive buena parte de mi familia y de mis amigos, y aquí está el centro de mi vida personal y profesional, aunque hoy trabaje también en otros lugares de España y fuera de ella.

- ¿Cómo te definirías?

Como una persona honesta. Soy un profesional normal, autónomo, que pasa más tiempo en el despacho que en casa y que muchas veces necesitaría que el día tuviese bastantes más horas.

- ¿Con qué generación te identificas más: baby boom, X o millennial?

Con la generación X. Soy de los que crecieron con televisión en blanco y negro, dos cadenas, teléfono fijo y amigos en la calle, no en grupos de WhatsApp. También vivimos de niños el cambio político y, ya de adultos, la llegada de la informática al trabajo.

- ¿Qué características tiene tu generación?

Creo que fuimos una generación educada, correcta en el trato y bastante exigida en lo académico. Además, nos tocó adaptarnos a cambios tecnológicos enormes sin haber nacido con ellos.

- La abogacía tiene fama de ser una profesión muy técnica, pero también muy humana. ¿Qué has aprendido tú sobre las personas a través del ejercicio del Derecho?

Que el cliente necesita sentirse defendido, pero también acompañado. Quien acude a un abogado suele hacerlo porque tiene un problema importante, familiar, penal o económico, y necesita rigor profesional, pero también apoyo durante un proceso que casi siempre se hace largo.

- Muchas veces solo pensamos en los abogados cuando el problema ya ha estallado. ¿Crees que nos falta más cultura jurídica para prevenir conflictos antes de llegar al juzgado?

Sin duda. En Derecho pasa mucho que la gente consulta cuando ya ha firmado o cuando el problema ya está encima. Sería mucho mejor consultar antes, igual que en otros ámbitos se entiende la importancia de prevenir.

- Has trabajado en asuntos complejos y delicados. ¿Cómo se aprende a defender con firmeza sin perder la cabeza fría ni la perspectiva?

Estudiando mucho el asunto y aplicando Derecho y sentido común. No hay atajos: para defender bien a alguien hay que dedicarle todas las horas necesarias al problema que plantea.

- En una profesión tan exigente como la tuya, ¿qué diferencia a un abogado correcto de uno realmente bueno?

El compromiso profundo con el cliente y con el asunto. Un buen abogado estudia, prepara, está al día y sabe detectar los matices importantes. La diferencia está muchas veces en los detalles.

- ¿Qué es la amistad?

La seguridad de que alguien estará ahí cuando lo necesites, aunque no lo veas todos los días o aunque la vida os lleve por caminos distintos.

- Si pudieses viajar en el tiempo, ¿irías al pasado o al futuro?

Al futuro. Aunque si pudiese cambiar alguna cosa del pasado, entonces volvería atrás sin dudarlo.

- Dime una canción que te emocione.

Cualquiera de Sabina de los años 90. Más que emocionarme, me lleva directamente a la época universitaria, esa que los mayores siempre decían que era irrepetible.

- ¿Frío o calor?

Me gustan los dos si puedo disfrutarlos: la nieve en invierno y Baleares en verano.

- ¿Una receta con la que te guste sorprender a tus invitados/as?

La cocina no es mi fuerte (risas).

- ¿Qué hay después de la vida?

Una vida mejor. Lo creo por mis convicciones religiosas y también porque pensar lo contrario haría todavía más dolorosa la pérdida de las personas queridas.

- Y por último, ¿qué vas a hacer en cuanto acabe la entrevista?

Seguir preparando un juicio que tengo mañana temprano.

- ¿A quién te gustaría ver en esta sección?

Al doctor Luis Regueiro Corbillón, buen amigo, gran profesional y pontevedrés de cuna.

Para Carlos, Pontevedra sabe a sobremesa tranquila, huele a piedra mojada después de la lluvia, es de color granito claro y suena a conversaciones en la calle. Definitivamente, Carlos Rivas siente Pontevedra.

EL CUESTIONARIO

- Nunca salgo de casa sin… mi teléfono móvil.

- En mi nevera siempre hay… un tupper con huevos cocidos para mis desayunos de la semana.

- En mi armario destaca… la mezcla entre trajes y raquetas de tenis.

- La edad es… un hecho objetivo cuyo avance debemos intentar ralentizar.

- Creo en… la palabra de mis amigos.

- El año que marcó mi vida fue… quizás 1991, cuando decidí qué hacer con mi vida tras estudiar.

- El mejor regalo que me pueden hacer es… un buen viaje a cualquier lugar.

- Mi lugar en el mundo es… Ponte Arnelas.

- Si no pudiese vivir en Pontevedra viviría en… Madrid.

- Mi momento favorito del día es… el final de la tarde, cuando toca hacer deporte.

- Pontevedra tiene alma de… buena anfitriona, de boa vila que da de beber a quien pasa.