El sueño y la respiración, pendientes de una máquina: "A mí me salvó la vida"

Pontevedra
02 de febrero 2026
Actualizada: 10:27

Milagros Lafuente duerme con una mascarilla conectada a un ventilador Bipap. Es uno de los equipos que la Unidad del Sueño y Ventilación del Hospital Montecelo ceda a pacientes a domicilio

Milagros Lafuente, con el ventilador BIPAP que usa para dormir

La vida de Milagros Lafuente no ha sido sencilla. Empezó a torcerse a los 7 años, cuando le diagnosticaron escoliosis grave; a los 18 le reconocieron una incapacidad y se convirtió en pensionista; y ahora, a los 42, vive pegada a una máquina, un ventilador Bipap, para poder dormir. 

Durante el día, respira sin dificultad, pero, cuando se tumba, no lo consigue por sí misma y precisa este ventilador. "La máquina me da aire y respira ella por mi", explica gráficamente. Es, en realidad, un tipo de soporte respiratorio no invasivo que le abre las vías respiratorias para facilitarle la respiración. 

No es vital, podría vivir sin ella, pero sí es crucial para que descanse y tenga una vida plena. "A mí me salvó la vida", asegura en conversación con PontevedraViva en su casa de Moraña, porque "podría vivir sin ella", pero respiraría mal, no dormiría bien y, además, acabaría acumulando infecciones respiratorias que complicarían el funcionamiento de un pulmón ya de por sí débil.

Milagros es paciente de la Unidad del Sueño y Ventilación del Hospital Montecelo del CHUP de Pontevedra, dirigida por el doctor Adolfo Baloira, jefe de Neumología, y especializada en el tratamiento de la apnea del sueño y trastornos respiratorios. 

Esta unidad, tal y como explica el doctor Baloira, tiene una vertiente de atención ambulatoria y otra hospitalaria, en las que trabajan, además de él, tres enfermeras, una fisioterapeuta y cuatro personas de la empresa Esteve Teijin, responsable del aparataje. Atienden a pacientes que, como Milagros, tiene la máquina en su casa para no tener que dormir en el hospital. 

Ventilador BIPAP de Milagros LafuenteCristina Saiz

El ventilador se lo facilita esta unidad y ellos les hacen los seguimientos presenciales y la monitorización a distancia. En el día a día, se maneja sola y una pequeña maleta de apenas un par de kilos le acompaña allá donde duerma. 

En épocas como la actual, en la que se ha mudado para cuidar a su abuela, se la lleva consigo. Si va a dormir en el hospital, también, pues está ya adaptada a sus necesidades, con los parámetros personalizados, y si necesita ingresar por cualquier otra patología, se la lleva. 

Su uso es sencillo. La enchufa, la enciende, se pone la mascarilla, se tumba y a dormir. Conoce a pacientes que no se han adaptado, algunos por el ruido de la máquina, otros por el sistema en sí, pero, en los más de 15 años que lleva con ella, nunca le ha supuesto un problema. 

El actual es el tercer modelo que utiliza y el más cómodo, pero también los anteriores le resultaron sencillos. La primera máquina "era de las más arcaica, te tenías que adaptar tú a la máquina, no la máquina a ti" y tenía la complicación de que tenía unas horas máximas de uso y, al acabarse, tocaba cambiarla. La segunda "era ya más moderna, se adaptaba ella a ti, a tu respiración". La tercera, la actual, es, para ella, la mejor, "casi como un ordenador". 

En su vida está muy acostumbrada a la salud débil. Cuando le diagnosticaron escoliosis, la tenía de 90 grados, una deformidad muy grave que provoca una alteración severa del tronco, dolor intenso, limitaciones funcionales y potenciales riesgos respiratorios o cardíacos. Y se le complicó. "Se me clavó en un pulmón y me tuvieron que operar en Santiago", recuerda. Y lograron reducir la curvatura a 55 grados. 

Milagros Lafuente lleva el ventilador BIPAP allá donde va a dormirCristina Saiz

En su día a día, esa escoliosis se manifiesta en que "el tórax es más estrecho de un lado, tengo las costillas hundidas hacia el otro y, en ese otro lado, el pulmón no puede expandirse". Por eso, cuando duerme, no es capaz de respirar por sí misma.

Tras el diagnóstico inicial, a los 7 años, vivió ocho con un corsé y a los 15 estaba "casi perfecta". Confiada, fue a la excursión de octavo de EGB y resultó demoledor. "Cuando volví, ya estaba como cuando tenía 7, deshice en una semana lo que hice en ocho años", lamenta. Y ya no era reversible. Llegó la primera operación. 

Dos operaciones y una recuperación muy compleja con peso en la cabeza y los pies después logró estabilizarse y no le ha dado más problemas, pero sí altera su día a día y, además, vive con la presión constante de saber que acabará necesitando una nueva intervención y que puede fallar también su corazón, que ya presenta taquicardias. De momento, aguanta pegada a su máquina

Y confiando en que no se interrumpa el suministro eléctrico. "Como marche la luz, te quedas sin luz y sin máquina y no duermes" y guarda muy mal recuerdo del apagón general del 28 de abril de 2025. Por fortuna, en Moraña, regresó justo antes de que se metiese en la cama, pero ya pensaba que esa noche le tocaría dormir sentada. 

"Tuve suerte", agradece, pues no la necesita para vivir, pero no sabe vivir sin ella. "Al final, despierto ahogada. Antes no me pasaba tanto, pero desde que me adapté a la máquina, ahora no sé vivir sin ella. Es lo que digo siempre: ahora no me la quitéis, que no sé vivir sin ella", explica. 

Milagros Lafuente portando su ventilador BIPAPCristina Saiz

El suyo es solo uno de los servicios que presta la unidad del doctor Baloira, que tiene en Montecelo siete habitaciones para ventilación no invasiva aguda, una UCRI (Unidad de Cuidados Respiratorios Intermedios) en planta y una habitación de sueño para realizar polisomnografías, para las que los pacientes ingresan a las 22.00 horas y se van a las 8.30, por la mañana. 

Hacen estudios en el hospital de lunes a viernes y también estudios domiciliarios a diario, en los que cada paciente llevan el aparato a casa, duermen con él y luego lo llevan para analizar los registros. En general, su responsable valora que de maquinaria están "bien dotados" y cuentan con ventiladores para todos los pacientes que los precisan. "No voy a decir ilimitados, pero los que necesitamos", asegura, al tiempo que destaca la ayuda que les presta un algoritmo de inteligencia artificial. 

Milagros Lafuente, con el ventilador BIPAP que usa para dormirCristina Saiz