La céntrica cafetería Castelao (Rúa Castelao, 5), uno de los locales más conocidos de Pontevedra, podría cerrar sus puertas tras finalizar el verano, si no aparece un nuevo gestor que asuma su traspaso.
Así lo confirma Tito Cabral, su actual propietario, quien cumplirá 65 años en septiembre, mes en el que tiene previsto jubilarse y finalizar una vida laboral en hostelería de más de cuatro décadas.
En conversación con PontevedraViva, el hostelero aclara que está a la venta la empresa SL a través de la que opera la cafetería, junto con todo el mobiliario y maquinaria del local.
"La persona que coja el traspaso va a tener un negocio en pleno funcionamiento, con clientela asegurada, de la que el 70% son las personas que van a consultas o visitas al Hospital Domínguez, que está enfrente", añade Cabral.
El local es alquilado y aún le quedan dos años de contrato en vigor. Si alguna persona asume el traspaso, "agotaría esos dos años de alquiler y después ya la persona que se quede negociaría con el propietario". De lo contrario, en septiembre finalizarían tres décadas de historia de Cafetería Castelao.

Tito Cabral, natural de Baiona y criado de los 9 a los 16 años en Ginebra (Suiza), a donde emigraron sus padres, empezó en la hostelería trabajando los veranos en discotecas y pubs hasta convertirlo en su modo de ganarse la vida.
Cuando se casa, traslada su residencia de Vigo a Pontevedra, donde su mujer es funcionaria, y decide que el trabajo de noche no es compatible con formar una familia.
"Arranqué en junio de 1995 con Cafetería Castelao con ayuda de mi padre, porque los créditos eran inasumibles, buscando un local céntrico y sin competencia en esta zona", apunta el hostelero.
La calle se había abierto apenas cinco años antes y prometía ser la nueva "milla de oro", de ahí que tuviese que hacer un fuerte desembolso para asumir al alquiler.
A pesar de los recelos iniciales del vecindario, que no veía con buenos ojos un establecimiento abierto, en sus primeros tiempos, hasta las dos de la madrugada, la cafetería pronto se asentó como un lugar en el que convivían armónicamente los trabajadores del café de primera mañana con los que buscaban un descanso después de una intensa jornada.
A lo largo de estos años, la cafetería ha sido testigo de muchas historias. "Aquí he visto crecer a muchas familias, desde los padres que empezaron siendo novios hasta que han traído a sus hijos y nietos", comenta con nostalgia.

El local, conocido por sus famosos churros, ha evolucionado con las modas y las épocas, además de sortear todas las crisis del sector.
Tito, quien también fue aficionado al fútbol y pionero en televisar partidos del Real Madrid, recuerda con humor cómo la llegada del fútbol por televisión revolucionó su negocio: "Era un espectáculo ver a toda la gente de la calle pegada a la televisión, por eso acabamos instalando dos, que no era algo común entonces en una cafetería".
Afirma que cuando llegó a Pontevedra empezó a visitar diferentes locales para sondear a la competencia antes de abrir su negocio. Lo que más le sorprendió fue el sabor demasiado fuerte del café.
"Descubrí que las cafeterías hacían el café 60/40, es decir, un 60% natural y un 40% torrefacto". Así que decidió que iba a servir un 80% natural, y solo el 20% torrefacto, logrando una amplia aceptación por parte de la clientela. "En menos de un año, ya me pasé al 100% natural", no tanto por la mejora del sabor, que era sutil, sino por ofrecer la mayor calidad de producto.

Tres décadas después, el café natural se sirve en la casi totalidad de las cafeterías de la ciudad, pero entonces era una gran apuesta. ¿Recuerdas cuánto costaba el primer café que serviste y el último?, preguntamos con curiosidad. "Pues no sé si fue justo el primero, pero si mal no recuerdo, servíamos el café a 80 pesetas (al cambio actual: 0,48 euros), y hoy lo servimos a 1,60 euros".
Las tertulias de diferentes colores e ideas eran otra marca de la casa de Cafetería Castelao. "Me gusta mucho la charla, estar con los clientes. Eso no tiene precio", explica. Sin embargo, reconoce que el sector ha cambiado y que la dificultad para encontrar personal le ha llevado a tomar la decisión de finalizar su vida laboral.
La continua subida de los precios, especialmente desde la pandemia de la Covid, es otro de los argumentos para que Tino se fuese desencantando del negocio: "Yo hago churros aquí, que no son congelados, y por ejemplo, antes de pandemia, el saco de harina costaba 12 euros, y ahora me cuesta 30".
Tras más de cuatro décadas, Tito siente que su etapa en la hostelería llega a su fin. "Me da pena, pero llega un momento que necesitas descansar y dedicarte a otras cosas", afirma.
Nunca ha podido disfrutar de, al menos, quince días seguidos de vacaciones, por lo que dedicar sus días a viajar en su autocaravana a un destino cercano, sin horarios, está en sus planes.