No se habla de otra cosa en Pontevedra. Desde que se ha conocido la existencia de un pasadizo subterráneo secreto bajo la calle Andrés Muruais, la ciudad se ha revolucionado. Y esta expectación ha cogido por sorpresa a los familiares de Celestino Poza Cobas, el médico y político pontevedrés que ordenó su construcción en su día para unir el sanatorio que dirigía a principios del siglo XX con su vivienda particular.
"Toda la familia sabíamos de la existencia de ese pasadizo. Y los vecinos también". Son palabras de Isidro Caballería Palau, el marido de una nieta de Celestino Poza Cobas, que poco después de desvelarse la existencia de este túnel quiso contar a PontevedraViva la historia que se esconde detrás de dicha construcción. Eso sí, deja claro desde el principio que "allí no había nada escondido, nada raro ni ningún tesoro".
Él mismo vivió en el edificio en el que estaba situado el pasadizo. "Yo nunca entré en él, aunque muchas veces tuve la curiosidad de verlo con mis propios ojos", explica. Pero en esa época ya estaba inutilizado. Y nadie volvió a usarlo tras la muerte de la persona que ordenó habilitarlo con el único objetivo de conectar el sanatorio con su casa por comodidad "y no andar de noche por las calles".
Lo hizo después de que, a pesar de haber sido concejal del ayuntamiento, se le denegara la licencia para construir un paso elevado "como en la calle del Arco". Así que "evidentemente sin permiso", Celestino Poza ordenó construir el pasadizo subterráneo, una obra que él mismo supervisó en todo momento.
Se hizo con tanto sigilo que pocos se enteraron de su secreto. Y los que lo sabían, por respeto, cariño o agradecimiento a él, también callaron. "Era muy querido, ayudó a mucha gente", señala su nieto político. Aunque también ayudó, sin duda, a que en aquella época "no había mucho control ni estaba el urbanismo tan regulado como ahora".
Se hizo con tanto sigilo que pocos se enteraron de su secreto. Y los que lo sabían, por respeto, cariño o agradecimiento a él, también callaron
El túnel contaba con dos entradas. Una en el cuarto de la caldera del sanatorio y otra en el garaje de la vivienda familiar. Solo él lo usaba. Tenía un tamaño considerable, de unos dos metros de ancho y otros dos metros de alto, y contaba con una cuidada decoración, ya que sus paredes estaban azulejadas.
"Él era muy manitas y le gustaba mucho la carpintería. Seguro que él mismo ayudó a hacerlo", relata Isidro Caballería, quien comprende que el descubrimiento de este pasadizo haya llamado la atención porque "no es habitual que haya esto en el subsuelo de una ciudad".
A pesar de ello, no entiende cómo desde el Concello aseguran desconocer su existencia. "Cuando reformaron la calle en los años 80, el ingeniero municipal en aquella época, Enrique García Quintela, se dirigió a nosotros y nos habló de que habían encontrado el túnel", asegura este familiar de Celestino Poza. Ambas entradas ya estaban tapiadas entonces -se calcula que fue a principios de los 70- y sospechan que con estas obras el pasadizo fue rellenado para evitar posibles hundimientos de la calle.
REFUGIO DURANTE LA GUERRA CIVIL
Celestino Poza Cobas fue además uno de los grandes referentes del republicanismo en Pontevedra. Y eso le pasó factura tras la Guerra Civil. "Se lo confiscaron todo, incluido el dinero que tenía en el Banco de España", recuerda Isidro. Un saqueo que, tal y como recuerdan otros miembros de su familia, se cebó especialmente con el sanatorio. Todo el material médico quirúrgico fue repartido en hospitales privados de Pontevedra y Vigo.
"Tenía una bomba de cobalto para radioterapia que era la primera que había en Galicia. La desmontaron y dejaron que se oxidara en el cuartel de San Fernando, probablemente porque no tenían ni idea de cómo usarla", explica el nieto político de este médico, que tras el levantamiento fascista fue torturado y encarcelado junto a dos de sus hijos, uno de los cuales -Luis- fue fusilado en A Caeira en noviembre de 1936.
Antes de eso "ayudó a escapar a muchas personas hasta Portugal" y así lo confirman cartas manuscritas que todavía conserva la familia. Y el pasadizo que hizo construir sirvió como refugio y lugar de escondite para muchos otros republicanos perseguidos por el ejército de Franco. No fue hasta años después, allá por 1943, cuando lo poco que le había quedado tras el expolio sufrido regresó a sus manos.
Una historia que ha renacido al desvelarse la existencia de un túnel del que muy pocas personas sabían. Una historia que ha vuelto a señalar a Celestino Poza Cobas como un hombre respetado y querido en la ciudad. Una historia que quedará ya en el imaginario colectivo de la ciudad de Pontevedra. Una historia de la que, seguramente, seguiremos conociendo más detalles en los próximos días.