Una hostelera pontevedresa, tras la muerte de su padre por COVID-19, pide a la ministra de Trabajo ayuda para sus empleados

Pontevedra
16 de abril 2020

"Este domingo el COVID-19 ya se llevó a Fernando, mi padre. No permita que se lleve, también, mi futuro y el de las familias de mis empleados". Así finaliza Marta García Justo la carta desesperada que acaba de enviarle a la ministra Yolanda Díaz

Marta García Justo, propietaria de Meigas Fóra
Marta García Justo, propietaria de Meigas Fóra / Mónica Patxot

"Este domingo el COVID-19 ya se llevó a Fernando, mi padre. No permita que se lleve, también, mi futuro y el de las familias de mis empleados". Así finaliza Marta García Justo la carta desesperada que acaba de enviarle a la ministra de Trabajo, la gallega Yolanda Díaz.

En la misiva, y con la emoción de la reciente pérdida, hace un relato sereno de su trayectoria profesional, marcada por la crisis. La misma que le obligó a reinventarse en 2009, tras veinte años trabajando en un estudio de arquitectura como delineante. Su tesón y la necesidad le llevaron a montar un restaurante, el Meigas Fóra, en el que "a día de hoy he conseguido formar un equipo de trabajo, en el que confío plenamente, formado por un cocinero y tres camareros. Todos ellos con contrato de trabajo indefinido a jornada completa, acorde al Convenio de Hostelería".

"Y en esto llegó el COVID-19", continúa la carta, "en el peor momento del ciclo de trabajo, finalizando el invierno, y a la espera de la ansiada Semana Santa que nos permitiría encauzar la curva, maldita palabra hoy, ascendente de la facturación".

La hostelera pontevedresa solo le pide a la ministra de trabajo que el dinero destinado a compensar la reducción de ingresos en las empresas por las medidas impuestas por el estado de alarma llegue pronto a su destino. Tanto a ella, como propietaria, que ha solicitado la prestación extraordinaria de Cese de Actividad de los Trabajadores Autónomos por COVID-19, como a sus trabajadores, para los que "exhausta de liquidez y con el mayor de los temores no queda otro remedio que acudir al ERTE".

Marta García Justo escribe esta carta porque ya ha agotado todos los recursos administrativos posibles "gracias a una labor ingente de la asesoría que nos atiende, en medio del marasmo regulatorio". La esperanza está ahora en que su historia pueda llegar a la ministra Díaz y conseguir salvar su negocio y los puestos de trabajo, "esos puestos que tienen las vidas de las familias detrás".