27 Días: El amor de mi vida

22 de febrero 2026

Pienso que todas las personas deberían tener la oportunidad de experimentar un amor así. Pero ese tipo de amor no viene en paquetes, no llega en temporadas. Lo sientes una vez, lo reconoces

Hace muchísimos años, tal vez más de una década yo tuve un amor tan intenso, tan fuerte, tan realque dolía. Dolía incluso en los momentos más felices. Siempre dolía. No por lo malo, sino por lo intenso, por lo verdadero, por el miedo constante a perderlo.

Era tan real que una parte de mí dejó de ser solo mía. Y conscientemente, sin ataduras, libremente, elegí entregarme. Elegí ser tan de esa persona que podría haber vivido mil vidas a su lado… y luego mil más, sin aburrirme jamás, siendo plenamente leal y suya.

Nunca fue fácil, porque los amores de esa magnitud no lo son. Vienen cargados de emociones, de necesidades, de intención. A veces nos equivocamos. Lloramos, reímos, dudamos, nos preguntamos por qué… o para qué. Era de esos amores que no cansan. Que no conocen el egoísmo ni las carencias vacías. Que no se sostienen desde la necesidad, sino desde la elección. Un amor con vida propia. Cuerpo y alma entregados sin arrepentimiento.

Pienso que todas las personas deberían tener la oportunidad de experimentar un amor así. Pero ese tipo de amor no viene en paquetes, no llega en temporadas. Lo sientes una vez, lo reconoces. Puede durar para siempre o puede no hacerlo, pero lo hermoso no es si duró o no. Lo hermoso es haberlo sentido. La manera de amar es distinta. La forma de mirar a esa persona también. Hay admiración, pero no fanatismo. Hay complicidad, entrega, pasión…todo.

No te conviertes en esclava de nadie, porque sigues siendo tú, en control, consciente, presente. Es un amor tan lleno de raíz, de esencia, de vida, que no hay forma de negarlo. Y si alguna vez sentiste un amor así, se queda contigo para toda la vida. Sigan juntos o no, permanece. Sí, podrás enamorarte otra vez. Claro que sí. Pero nunca volverás a amar de la misma manera. Y durante mucho tiempo me pregunté por qué… Hasta que dejé de hacerlo. Dejé de cuestionar y simplemente agradecí haber podido sentir algo así por otro ser humano.

Un ser humano que no era mi familia, que no llevaba mi sangre, que no estaba obligado a amarme… y aun así lo hizo. Si además tienes la suerte de que ese amor haya sido recíproco, con la misma intensidad y verdad, me atrevo a decir que encontraste a tu alma gemela. En mi caso, así fue. Nos conocimos, nos amamos, nos completamos. Tuvo un principio y tuvo un final… y eso está bien. Porque amar es una cosa, y vivir el día a día, enfrentar la vida fuera de esa relación, es otra muy distinta. Por supuesto que duele y dolerá siempre, pero hasta el dolor es distinto, evoluciona y crece contigo. 

Si amaste y fuiste amada de esa manera, fuiste bendecida. Viviste una vida llena de magia y emociones que jamás olvidarás. El reto está en no permitirte la comparación. Porque si esa relación terminó y rehaces tu vida, comparar será inevitable… pero injusto. Y si comparas, nunca serás plenamente feliz. Nadie va a superar al gran amor de tu vida. Y está bien aceptarlo.

En lo personal, guardo ese amor conmigo para siempre. Vivo, pero dormido.  Está en un lugar seguro de mi corazón, donde lo comprendo, lo acepto y lo honro. Fue. Y ya no será. Y desde ahí, puedo continuar mi vida sin la herida del abandono, sin rencor, sin culpas. Siempre seremos aquellos que se amaron hasta los huesos. 

Hay finales sin culpas, no fue culpa de nadie. Así es la vida. Las cosas lindas se guardan. Se protegen. Y con el tiempo, aprendemos a mirarlas sin dolor…solo con gratitud.

(Gracias B. Siempre…)