Estos días en Lugo estamos viviendo un nuevo episodio de transfuguismo, como tantos otros llevados a cabo por el PP a lo largo de su historia política, ganando con tránsfugas lo que no ganan en las urnas y en contra de la voluntad de los votantes (véase el Tamayazo, incumpliendo además el Pacto Antitransfuguismo). Lo que en épocas decimonónicas conllevaría a ser retados en duelo, pues faltan al honor y a la palabra dada, en este caso firmada.
La falta de ética y malas prácticas de la Sra. Candia, del PP, no sorprende, pues ya lo demostró con los anónimos que llevaron a imputar falsamente a un adversario político, José Ramón Gómez Besteiro, para hacerse el PP con el poder, apartándolo de la política durante 12 largos años, para resultar la causa archivada y sin delito. Pero la infamia de la señora Reigosa no tiene nombre, pues no solo comete una deslealtad con los votantes del Partido Socialista, en cuya lista iba de número 11, y con el Partido, sino que no respeta la memoria de sus tres compañeros fallecidos (respeto sagrado en nuestra cultura); y ahí es donde se produce la infamia.
Infamia, según la RAE, es “descrédito, deshonra, maldad o vileza en cualquier línea”; también “pérdida de honor o fama”. En el Derecho Romano, base del nuestro, las consecuencias jurídicas de la infamia eran graves: pérdida de derechos políticos y capacidad para ejercer cargos públicos; impedía representar a otros en juicio o actuar como mandatario, o ejercer la acción popular y actuar como testigo. Estas restricciones buscaban preservar el status de dignidad intachable que se esperaba de los ciudadanos romanos, protegiendo así las instituciones públicas. Y la infamia Facti se basaba en la percepción social y la opinión pública a quienes realizaban actos inmorales, indecentes o contrarios a las buenas costumbres, produciéndose el aislamiento del individuo en la sociedad.
Señora Reigosa, no sé qué intereses ocultos o qué dádivas recibirá, ¿pero le compensa pasar a la historia como una infame, que vecinos y amigos le den la espalda (pues ha demostrado que no se puede confiar en usted)? Recuerde la frase ‘Roma no paga a traidores’. Quizás hoy, como la necesitan, la sigan utilizando, pero con el tiempo la relegarán. No hay victoria en la infamia, solo una derrota disfrazada.
Su infamia no la merecen Paula Alvarellos, Pablo Permuy y Olga López Racamonde… Siempre en nuestra memoria. Y recuerde, quien actúa con infamia pierde algo que nunca podrá recuperar: el respeto.
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