El pasado 16 de septiembre asistí en la Sala Ernest Lluc del Congreso al acto organizado por la Fundación Pablo Iglesias de presentación del libro ‘Manuel Cordero y el voto femenino. El socialista que apostó por las mujeres en 1931’, de Ana Martínez Rus y Francisco Sánchez Pérez.
Un diputado socialista que fue decisivo en la aprobación del voto femenino y que es el gran olvidado de la historia. He conocido su historia y he hecho una pequeña referencia a su intervención en un artículo publicado en 2021 con motivo del 90 aniversario de la aprobación del voto femenino y en homenaje a Clara Campoamor, que titulé "90 aniversario de la aprobación del Voto Femenino y nuestra deuda con Clara Campoamor". En el mismo hacía constar el coste político y personal que le supuso a Clara Campoamor su defensa y apoyo al voto de la mujer, tal como lo relata en su libro "El voto femenino y yo. Mi pecado mortal". Ella se describía como "ciudadana antes que mujer, mujer antes que republicana". Curiosamente las mujeres podían ser electas pero no electoras.
El 1 de octubre de 1931 se aprobó el art. 36 de la Constitución de la República Española, que recogía el derecho de las mujeres a ser electoras, es decir, la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. El texto literal de dicho artículo rezaba: "Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes". Se ganó la votación, y el 52% de los votos favorables fueron del PSOE, tal como señala Clara Campoamor en su citado libro: "Defendí esos derechos contra la oposición de los partidos republicanos más numerosos del Parlamento, contra mis afines. Triunfó la concesión del voto femenino por los votos del partido socialista, de pequeños núcleos republicanos: catalanes, progresistas, galleguistas y al servicio de la República, en la primera de las que recayeron por las derechas. Y en la segunda y definitiva, por la retirada de las derechas sin sus votos". Y relata también: "Con un fervor de cruzado por la buena causa vimos lanzarse a los pasillos al diputado socialista Sr. Cordero, para increpar y acarrear al hemiciclo a no pocos de sus correligionarios abandonistas, a los que recordaba sus deberes y disciplina, logrando hacer votar a muchos. A su actitud se debieron no pocos votos, y a su repetición el día 1 la indiscutible aportación de aquellos cuatro votos de mayoría que salvaron el sufragio femenino en la Constitución".
Cuando se ganó la votación el 1 de octubre de 1931, desde el grupo parlamentario del PSOE exclamaron: "Viva la República de las mujeres".
El 1 de diciembre de 1931 se realizó la votación definitiva a la enmienda presentada por Victoria Kent, del Partido Republicano Radical Socialista (y después de Izquierda Republicana), y Matías Peñalba, de Acción Republicana (el partido de Azaña), para retrasar el voto de la mujer hasta después de celebradas las elecciones municipales. Dicha enmienda fue desestimada gracias al 56,5% de votos del PSOE.
En el Diario de Sesiones de las Cortes Constituyentes se recoge una intervención del diputado Gil Robles (líder de la derecha católica española) que reza así: "Y la Cámara, después de una enérgica intervención de la Srta. Campoamor, resolvió de una manera clara y terminante que el voto femenino no habría de sufrir ningún aplazamiento, escalonamiento…, sino que desde el primer momento habría de aplicarse; y yo recuerdo, señores, como todos lo recordaréis, que la minoría socialista, por boca del Sr. Cordero, reafirmó este criterio, y con sus votos triunfó el sufragio femenino".
Cuando se refieren a minoría socialista hay que aclarar que era la más nutrida de las Cortes Constituyentes, el partido con mayor número de diputados, más de un centenar, pero minoría frente a los partidos republicanos de izquierdas y derechas.
Entre los grandes defensores del voto de la mujer hubo varios socialistas muy relevantes, como Jiménez de Asúa, humanista, gran abogado penalista, que fue presidente de la República en el exilio hasta 1971, y el diputado socialista lucense Manuel Cordero, que fue llamando uno a uno a los diputados para que entrasen al Salón de Plenos a votar y garantizar la victoria en la votación.
Los socialistas, todo a lo largo de la historia siempre hemos estado impulsando y apoyando las políticas progresistas y los avances sociales. Y el derecho del voto a la mujer en la República se le debe a Clara Campoamor, al PSOE, que mayoritariamente votó a su favor, y a Manuel Cordero, el gran olvidado. Y como este 1 de octubre se celebraron los 94 años de aprobación del voto de la mujer, vaya mi homenaje, además de a Clara Campoamor, a la que ya le dediqué un artículo, al gran olvidado Manuel Cordero, socialista, feminista convencido y comprometido.
Manuel Cordero Pérez nació el 19 de agosto de 1885 en San Pedro de Riomol (Castroverde, Lugo) y falleció el 25 de abril de 1941 en Argentina. Como dicen los autores del citado libro, trasterrado y totalmente olvidado. A los 17 años se trasladó a Madrid en busca de trabajo. Fue panadero, sindicalista de UGT y socialista, concejal del Ayuntamiento de Madrid en las elecciones de 1920, teniente alcalde y, posteriormente, diputado por Madrid en 1931. Escribía artículos en El Socialista, siendo redactor de la vida municipal en el mismo.
Manuel Cordero era un feminista convencido y luchaba por la igualdad de las mujeres en el Congreso. En Comisión de Justicia defendió, en la tramitación de la Ley del divorcio, la discriminación positiva de la mujer, que se recogía en la redacción original del artículo 41 de la Constitución, pues él proponía que podía producirse la ruptura matrimonial con plena libertad sin alegar causa justa a iniciativa de la mujer pero no del hombre, al que se le restringía más ese derecho. Algo que no fue apoyado por el resto de la Cámara y tampoco apoyaban Clara Campoamor ni Victoria Kent.
Quiero dejar bien claro que, a través de la historia y de los bulos intencionados de la derecha, se creó una historia totalmente errónea de que los socialistas votaron en contra del voto de la mujer, cuando no fue así. Matizo que, por razones de oportunidad, algunos socialistas creían que era mejor escalonar el voto de la mujer en las primeras elecciones municipales. Eran partidarios del aplazamiento, y así abandonaron unos cuantos el hemiciclo para no votar, entre ellos Indalecio Prieto, pero fueron mayoría los que votaron a favor. Margarita Nelken aún no era diputada cuando se votó… Otro bulo que se cuenta.
Los bulos no son de ahora, vienen de lejos. Malas prácticas, debidas a la carencia de argumentos, proyectos o programas, y como todo vale, buscan desprestigiar al adversario, al que convierten en enemigo. Y de esos bulos muchos parlamentarios y parlamentarias, sin leer e ir a las fuentes para enterarse de la realidad, se hacen eco, los repiten como mantras, algunos por ignorancia y otros por mala fe. Errores que fueron magnificados y coreados por determinada prensa. Ruiz Gallardón, Cuca Gamarra, Pablo Casado, Edurne Uriarte y Albert Rivera son algunos de los que lo mencionaron en sus intervenciones en el Congreso: el bulo de que el PSOE votó en contra del voto de la mujer. Algunos, desconociendo la historia, confundían al Partido Radical Socialista (republicano), al que pertenecía Victoria Kent, con el Partido Socialista, y por eso decían que Victoria Kent, a la que le tengo el máximo respeto y admiración, era del Partido Socialista.
Por eso, hoy más que nunca, hay que ensañar la historia con rigurosidad. La memoria es democracia. Y como mujer, le doy las gracias a Manuel Cordero, gran parlamentario, socialista y feminista.
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