27 Días: Domingo, atardece para mí...

26 de julio 2026

Jeannette Ramos Vega invita a la introspección mediante la valoración de los pequeños rituales cotidianos como pilar para construir una existencia plena y consciente

Con el paso del tiempo comencé a hacerme preguntas importantes. Pero, curiosamente, también empecé a preguntarme por las cosas más sencillas: mis gustos, mis preferencias, aquello que realmente me hace bien. Conversar con mi versión más íntima me ha permitido conocerme mejor y descubrir qué elijo cuando nadie más decide por mí.

Una de esas preguntas, aunque pueda parecer extraña o hasta un poco tonta, fue: ¿cuál es mi día favorito de la semana y por qué?

La respuesta llegó sin hacer ruido. Descubrí que amo los domingos, especialmente después de las cinco de la tarde. Hay algo distinto en ese atardecer. La luz parece hablar otro idioma y el tiempo se mueve con más calma. Es el momento en que siento que me reconstruyo, que rebobino la semana, que me restauro por dentro.

Por eso, cuando llega esa hora, procuro regalarme ese espacio. Escucho la música que mi alma escoge, no la que dicta el momento. Me permito detenerme, centrarme y reflexionar. Es un pequeño ritual que libera el estrés y me devuelve a mí misma. Después de esos minutos, siento que comienzo de nuevo.

En otras ocasiones he escrito sobre la importancia de romantizar nuestra vida. De enamorarnos de ella. De dedicarnos tiempo y comprender que, solas o acompañadas, seguimos siendo seres hechos para amar y ser amados.

Para mí, ese instante de cada domingo es una invitación a sentirlo todo. A respirar profundamente, cerrar los ojos y recordar que la paz no es un lugar al que se llega; es un hogar que llevamos dentro.

Es posible que nunca te hayas detenido a pensar en esto o que no acostumbres cuestionarte esas cosas simples que parecen pasar desapercibidas en el día a día. Sin embargo, me gustaría invitarte a hacerlo.

La vida no se construye únicamente con grandes acontecimientos; se edifica a partir de pequeños instantes que, al final, eliges tú. Por eso, nada es demasiado simple cuando se trata de crear esos espacios de felicidad que alimentan el alma, te ayudan a conocerte mejor y te permiten caminar con mayor claridad y paz.

¿Alguna vez te has preguntado qué cosas de tu vida cotidiana eliges con verdadera intención? ¿O simplemente dejas que los días pasen en piloto automático?

Tal vez nunca te lo habías planteado. Hoy quiero invitarte a hacerlo. Pregúntate qué pequeños momentos quieres hacer tuyos, cuáles deseas convertir en rituales, cuáles te devuelven la calma o te recuerdan quién eres.

Porque, al final, una vida plena no se construye únicamente con grandes acontecimientos. Se construye con esas pequeñas decisiones que repetimos con amor y conciencia, hasta convertirlas en pedazos de felicidad.

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