¿Por qué pensamos que todas las relaciones de pareja deben estar gobernadas por el amor?
¿Te has detenido a pensar que muchas personas eligen construir relaciones más objetivas, basadas en acuerdos que les brindan estabilidad, comodidad física y mental, y seguridad emocional? No todas las historias de amor responden al mismo lenguaje, ni todas las personas buscan exactamente lo mismo.
No es que el amor sea malo. Al contrario. Soy una mujer profundamente romántica y entregada a la idea de que el amor puede salvar el mundo. Pero también he aprendido que existen amores que nos hacen florecer y otros que, aunque sean intensos, nos resultan incómodos. No todo lo que sentimos con fuerza necesariamente nos hace bien.
Quiero encontrar la forma de explicarte esto sin traicionar mis propias creencias, porque es un tema sobre el que he reflexionado mucho.
Empecemos por reconocer que muchas de las inseguridades dentro de una relación nacen del miedo a perder a la persona que amamos. A veces, incluso, nuestras exigencias no provienen del amor, sino del apego. Confundimos el deseo de compartir con la necesidad de retener.
¿Y si una relación también pudiera sostenerse desde una decisión consciente, además del sentimiento? ¿Y si dos personas eligieron permanecer juntas no solo porque se aman, sino porque cada día deciden hacerlo desde la claridad, el respeto y los acuerdos?
Tal vez, si entendiéramos que amar también es una elección, confiaremos más. Tendríamos menos miedo al abandono, menos ansiedad por el futuro y sufriremos menos ante la posibilidad del desamor. Porque el amor seguiría existiendo, pero dejaría de ser el único pilar sobre el que descansa toda la relación.
Tal vez también sea posible elegir a una persona que nos complemente, que nos atraiga físicamente y que comprenda los límites que para nosotros son importantes. Y quizá sería aún más ideal si esa persona también tuviera claro que lo que nos une no tiene por qué ser un amor irresistible, intenso o supuestamente inmortal.
Tal vez lo que realmente nos sostenga sea la certeza de que ambos queremos construir algo sano. Una relación basada en la elección consciente, en el respeto mutuo, en la paz y en la inteligencia emocional. Un vínculo donde el compromiso nazca de la voluntad y no del miedo a perderse.
Porque, al final, quizá el amor no sea la única forma de permanecer. Quizá también exista una manera de elegirse cada día desde la admiración, la compatibilidad y el deseo genuino de compartir la vida, sin la necesidad de vivir atrapados en la intensidad para sentir que lo que tenemos es real.
Ahí les dejo una reflexión que he abrazado muchas veces. Porque, además de escribir y hacer arte, también me gusta detenerme a pensar en esas cosas que nos hacen profundamente humanos; en aquello que nos impulsa a crecer o, a veces, nos mantiene estancados en el intento de convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos.
Y, sin duda, el amor siempre ha sido —y probablemente siempre será— uno de mis temas favoritos para pensar, escribir, fotografiar y sentir. Porque, al final, no importa cuántas respuestas encontremos: el amor siempre nos regalará una nueva pregunta.