Desde que protagonizó La maternal, Carla Quílez (Barcelona, 2008) no ha parado de trabajar. Tenía entonces 13 años. Ganar la Concha de Plata a mejor actriz en el Festival de San Sebastián catapultó una carrera que, hasta entonces, no se había planteado.
Con esa película, reconoce en esta entrevista con PontevedraViva, "descubrí un mundo en el que nunca me hubiese planteado estar y que me ha traído cosas preciosas". Entre otras, las dos series que ha protagonizado este año, Pubertat y Yakarta.
Por su trabajo en esta última, nominada a los Premios Feroz como mejor actriz de reparto, ha estado en Pontevedra, en donde acompañada de uno de los creadores de la serie, Fernando Delgado-Hierro, ha participado en un coloquio con el público.
¿Habías estado alguna vez en Pontevedra? ¿Has tenido tiempo de visitarla?
La verdad es que no. Nunca había estado por aquí. He podido visitarla un poco y ha sido bastante bonito. Está todo muy decorado de navidad. Me encanta. Pero sí, es la primera vez que piso Pontevedra y espero que no sea la última.
Apenas 17 años y, tras debutar con La maternal, ahora protagonizas dos de las series del momento, Pubertat y Yakarta. ¿Cómo afrontas todo esto?
Pues con muchísima ilusión. Cuando debuté con La maternal descubrí un mundo en el que nunca me hubiese planteado estar y que me ha traído cosas preciosas. Este ha sido un año bastante duro porque no he parado de trabajar, pero lo he disfrutado mucho.
Estoy súper contenta y súper orgullosa de Pubertat y Yakarta y, sobre todo, porque he estado muy bien rodeada. Me han acompañado mucho. No solo mi familia y mis amigos. En los dos proyectos he estado apoyada por gente realmente maravillosa.
¿Te ha cuidado mucho el equipo de Yakarta?
Muchísimo. Éramos realmente una familia. Nos lo hemos pasado muy bien. Y eso que es una serie bastante dura. A los personajes no les han querido mucho en la vida. Teníamos que ponerle un poco de luz a toda esa oscuridad y creo que lo hemos conseguido.

¿Ha cambiado mucho tu vida en estos tres últimos años?
Hombre, bastante. Antes, mi rutina normal era levantarme e ir al colegio y, después, a baile. Todo eso se rompió. He estado trimestres en los que no he podido ir a clase, aunque obviamente seguía estudiando. He tenido que esforzarme mucho.
A veces tienes que anular planes con familia o amigos porque te surgen entrevistas o proyectos. Pero me compensa. He viajado mucho estos tres años y esta profesión me está dando cosas muy bonitas. Estoy muy contenta.
Comenzaste en la danza, ¿en qué momento te entró el gusanillo de ser actriz?
Entró solo. A mí me encontraron para La maternal por un reel en Instagram. Subía videos de baile, que era lo que más me gustaba hacer. El casting era cerca de mi casa y fui a probar. Yo tenía 13 años. Llegué a pensar, dónde me estoy metiendo. Pero mucha gente me apoyó y me acabaron dando el papel.
¿Y cómo llega a ti Mar, tu personaje en Yakarta?
Tiene una historia bastante larga. Empezó siendo un casting muy abierto. No buscaban ningún perfil concreto. Lo hice y como no recibí nada, pensé que me habrían rechazado. Me enteré que no en pleno Festival de Málaga.
Me citaron ya presencialmente con Javier Cámara y con la directora de casting y fuimos a la última prueba. Éramos tres chicas. Hicimos la prueba física del bádminton a ver a quién se le daba mejor. Y bueno, me eligieron a mí. Así fue todo el proceso.
Creo que aprendiste a jugar al bádminton para este papel. ¿Fue complicado?
Es un deporte que no había hecho nunca. Lo típico en educación física que te dan la raqueta y el volante y te dicen, a ver cuántas veces le das. Fueron tres meses en Barcelona practicando con un entrenador. Tres días a la semana.
Fue bastante intenso. Había veces que llegaba a casa con las piernas temblando, no podía subir ni las escaleras. Fue bastante duro pero sí que es verdad que me gustó mucho aprender este deporte y que me lo pasé bastante bien.

Mar es una joven que está perdida en la vida. Como muchos adolescentes, ¿no?
Es una chica que no está cómoda con la situación que tiene en casa. Y encuentra en el bádminton algo que le sirve como su válvula de escape. Lo que la hace diferente es que no tiene miedo. No tiene nada más que perder en su vida.
Es una persona bastante reservada y que no acostumbra a confiar en los adultos. Pero con Joserra (Javier Cámara) pasa algo diferente. Son dos personajes bastante raros. No cuadran para nada. Pero acaban teniendo una relación muy bonita.
¿Qué hay de Carla en Mar o viceversa? ¿En qué os parecéis?
Más que del personaje, de la historia. Estamos hablando de dos perdedores que saben que por mucho que hagan, nunca van a llegar a nada en la vida. Y creo que eso es algo muy bonito. A veces ponerse en el papel del perdedor es algo que a la gente le cuesta.
Pero claro que hay cosas que se te quedan dentro. Por ejemplo, nunca digas que no a algo que, a lo mejor, luego acaba siendo muy bonito. A veces hay que confiar. Insistir en lo que te gusta. El único límite que nos podemos poner somos nosotros mismos.
¿Cómo ha sido para ti trabajar con Javier Cámara?
Ha sido un aprendizaje increíble, desde el primer momento que estuve con él. Estaba entregadísimo a conocerme y ayudarme a saber cómo iban a ser nuestros personajes. Siempre me inculcó que estábamos en un lugar seguro. Fue precioso.
Estoy muy orgullosa de haber podido estar con él en este proyecto. Lo admiro como actor y también como persona. Por mucho que haya tenido el peor día de su vida, entra a rodaje y lo único que desprende es luz. Creo que eso muy poca gente lo consigue.
Tus personajes, hasta ahora, han tenido una gran carga dramática. ¿Te gustaría cambiar de registro? Una comedia, tal vez…
No me cierro puertas porque, igual que he aprendido desde la nada, también puedo explorar cosas nuevas que me pueden llevar a tener otras experiencias. Si se me da mal, pues ya está, no pasa nada. Cada uno tiene sus puntos fuertes y sus puntos débiles.
Pero sí es verdad que en el drama me siento muy cómoda. Me gusta mucho. No solo hay que interpretar un papel y sacar adelante un proyecto, sino que también hablar y visibilizar temas sociales de los que hoy en día no se habla tanto.

¿Crees que a los adolescentes les faltan referentes o hay temas de los que los adultos no hablan con ellos?
Mira, cuando hice La maternal fue un boom. Había chicas que habían sido madres adolescentes y me daban las gracias. Con Pubertat también me llegaron comentarios preciosos. Creo que esos personajes llegan a la gente.
Estoy muy orgullosa de ser la cara visible de esos problemas y ayudar a que se visibilicen. Eso te da ganas de seguir explicando diferentes historias y se seguir poniéndote en el papel de mucha gente. Que se sientan representados.
A mí cada proyecto que hago también me va enseñando e inculcando cosas que me ayudan a pensar o saber cómo enfocar mi vida. Ponerte en el papel de todas estas vivencias creo que te hace madurar muchísimo como persona.
Cumples 18 años en febrero… ¿un Premio Feroz sería un buen regalo?
Siempre es un regalo increíble que alguien reconozca tu trabajo, que lo apoye. Eso para el actor es súper satisfactorio. Aunque sea una alegría instantánea y luego tengas que seguir con tu rutina. Pero es verdad que sería un sueño.
Ya el hecho de estar nominada para mí es un regalo. Esa noche en la mesa de Yakarta no sé si tendremos la suerte de llevarnos algún premio, pero sí que estoy segura de que nos lo pasaremos increíble y será una noche que vamos a disfrutar muchísimo.
¿Qué le pides al futuro?
Es que he tenido mucha suerte. No me puedo quejar de nada. No sé qué más puede pedir una niña de 17 años que está empezando en este mundo. He descubierto mi vocación y espero que lo siga siendo muchos años más.